Alrededor de mil 500 exposiciones e innumerables obras de arte, catálogos, libros y documentos con el detalle de compras, ventas y muestras, soportan la historia de la Galería de Arte Mexicano, fundada hace 80 años.
En estas ocho décadas nunca se equivocaron y vendieron una obra falsa, tampoco cerraron sus puertas ni en medio de la II Guerra Mundial ni como consecuencia de las crisis económicas en los años 80 y 90.
El rigor, la honestidad y el respeto por artistas y coleccionistas son las cualidades que Mariana Pérez Amor y Alejandra de Yturbe, directoras del espacio, atribuyen a Inés Amor (madre de Mariana) quien entre 1935 y 1976 impulsó la que por mucho tiempo fue la más importante galería de arte mexicano, tanto aquí como en el exterior.
En sus muros, primero en un garaje en la calle Abraham González y posteriormente en la calle de Milán, se "colgaron" las obras en caballete de artistas como José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Dr. Atl, Raúl Anguiano, Miguel Covarrubias y Roberto Montenegro, a las que se sumaron las de generaciones más jóvenes: Carlos Mérida, Wolfgang Paalen, Juan Soriano, Remedios Varo, Francisco Toledo, Helen Escobedo y un amplio número de creadores nacidos en México o extranjeros residentes aquí.
En su sede actual, en San Miguel Chapultepec, se pueden ver obras de algunos de aquellos artistas junto a piezas conceptuales y contemporáneos, como Stefan Brügemman, Álvaro Castillo, Jan Hendrix, Eugenia Martínez.
La diversa lista expresa el cambio en la más antigua de las galerías que existen en México. Ha sido protagonista y testigo de diferentes movimientos. Fue en la GAM donde, en 1940, entre las obras de la famosa exposición internacional del surrealismo, Frida Kahlo expuso sus pinturas La mesa herida (hoy desaparecida) y Las dos Fridas, que aquella vez se quedó sin comprador, que años más tarde la adquirió Carlos Chávez por 4 mil pesos y que pasó a formar parte del acervo del INBA.
Entre catálogos y obras de arte, las galeristas conversan del pasado y presente de la GAM; las acompaña Rafael Yturbe, quien en los últimos años trabaja con ellas, y en quien cifran, en buena medida, el futuro de la GAM.
Inés Amor dio lugar a los quienes eran conocidos sobre todo por sus murales, pero que no tenían cómo comercializar su obra aquí. "El momento fue único -relata Alejandra-, Inés empezó a tener éxito. Era visionaria, inteligente, hablaba inglés. Se dio cuenta de que el arte mexicano podía exportarse. Lo que hizo fue creer en estos artistas y promoverlos.
En esa época la plusvalía del arte no era lo que es hoy; lo hizo porque desde sus entrañas nacía ese interés".
Por la galería pasaron nuevas generaciones, pero la transición no siempre fue sencilla. Alejandra cuenta que Inés Amor alguna vez le dijo a Carlos Mérida: "Creo en ti. La gente se va a tardar en entender tu obra. Yo tengo los ojos para ver que eres un gran artista". Mérida, creador "geométrico", surgía en una época en que estaban los muralistas "a todo lo que daba". Igual, con Gunther Gerszo, que era abstracto: "Le decía: Es usted un gran artista'. Mire señora mía, nadie entiende lo que hago'. E Inés le respondía: Pinte para mí'". Tampoco la tuvo fácil el movimiento de la Ruptura: "Los muralistas pelearon porque no pasaran".
"Siempre pensamos que una galería se debe adaptar al tiempo en que vivimos -dice Mariana-. No te puedes quedar en el pasado, pero una galería no se puede deshacer de su pasado".
Alejandra comenzó a trabajar en la galería en 1967; Mariana, que siempre creció en la galería de su madre, cercana a artistas como Chucho Reyes, comenzó a trabajar en 1975. No pensaban que fueran a quedarse al frente de la GAM, sin embargo, desde entonces las dos llevan las riendas. La disciplina extrema sale a relucir como la condición para conformar el proyecto.
"Aprendí de Inés -dice Alejandra- ese respaldo que dio siempre a sus artistas; se sentían en manos de una verdadera promotora de arte, que es la labor que tiene que hace una galería; es casi mandatorial. Ella los protegía", Mariana cuenta: "Era muy organizada con todo lo que pasaba por sus manos; todo lo conservó en su archivo. Era muy difícil vender, la sociedad estaba más acostumbrada a comprar paisajes; la galería empezó a crear mercado para México y para el coleccionismo de fuera. Pero era muy precario".
Recuerda que para su madre, todo el que entrara a la galería debía ser tratado con respeto: "Decía que tu responsabilidad era abrirle un horizonte que a lo mejor no sabía que existía y convencerlo de que era maravilloso; que se le respetaba, comprara o no".
La galería no sólo expone a los muralistas, abstractos, arte de la Ruptura, sino arte conceptual y en unos casos, propuestas muy atrevidas como la que llevaron a su stand en Zona Maco, una intervención de Stefan Brügemman.
Rafael Yturbe reconoce el gran esfuerzo de Alejandra (quien es su mamá) y Mariana por entender y atender las nuevas manifestaciones del arte.
Mariana lo ve así: "Tienes que estar abierto siempre al futuro porque una galería también depende del futuro del artista joven. Cuando un artista logra un nivel y una calidad no te va a necesitar tanto, pero siempre va a haber un joven que va a necesitar una galería, tienes que estar abierta, intuitiva a saber qué está pasado, cuáles son las inquietudes de los artistas. Ser receptiva y entender, porque las respuestas de un joven son diferentes y son válidas".
Hay un contraste grande entre 1935 y el momento actual; la GAM era casi única en la ciudad, fue la única sobreviviente de aquellos años; hoy hay alrededor de 50 galerías de reconocida trayectoria sólo en el DF y museos con un ciclo de exposiciones internacionales en muchos casos.
Ha crecido el coleccionismo en México en una doble vía: por una parte están los coleccionistas que se informan, investigan y cuidan su acervo y, por otra los que llegan con la típica frase: "Me dijeron que hay un artista al que hay que comprar".
Para Rafael, "el arte se ha vuelto una industria; por eso es que los precios de las obras hoy llegan a los cientos de millones de dólares, lo que era inconcebible antes. La gente le pone el mismo cuidado a comprar una pieza de 300 millones de dólares a comprar una empresa de 300 millones de dólares. Lo que se ha perdido es el sentido humano de la parte orgánica de la pieza, de comprarla porque me gustó y no por presumir que la tengo en casa".
Se ha perdido el romanticismo, dice Alejandra de Yturbe, pero se ha ganado mucho con la tecnología, con la información, con la rapidez.
El artista se ha profesionalizado, pero otros ven en el arte un medio para salir en las revistas de sociales. La respuesta final, coinciden Alejandra y Mariana, invariablemente la da el tiempo que se encarga de decantar:
"El tiempo es una coladera irrefutable, perfecta -opina Mariana-; lo que no se sostiene el tiempo lo irá quitando; se va a quedar poquísimo. La coladera es durísima. El juez más severo que existe para el arte es el tiempo. El futuro sólo se consigue con mucho trabajo, con mucha pasión y con muchos ánimos. No creo que haya otro secreto. Nunca hay que pensar negativo, hay que tener un horizonte abierto: siempre va a venir un artista con una propuesta... que te va a sorprender".
"Una respuesta inesperada", apunta Alejandra.
"Fantástica", cierra Mariana.












