Anahí siempre está contra reloj. Desafiando a los minutos aun cuando sabe que es momento de dormir. No le importa desvelarse y preferir estar al pendiente de los hornos y las licuadoras. Sabe que ese esfuerzo representa el sustento económico de cada semana.
Anahí Castellanos es chef pastelera y aunque no tiene un negocio físico donde exhibir sus delicias, esta tapatía adoptada —originaria de Torreón— goza de un prestigio entre los amantes del sabor dulce y esponjoso en la ciudad.
Desde pequeña se enamoró de los postres a razón de un libro que era de su mamá, en el que cautivada por las fotografías ahí presumidas se prometió a que algún día lograría hacer esas coloridas gelatinas y despampanantes pasteles que sus ojos veían y le transmitían un aroma más que exquisito.
Su destreza manipulando los ingredientes se manifestó teniendo escasos 10 años de edad, Anahí se convirtió en la cocinera oficial de la familia. Los brownies de chocolate fueron el primer acierto para convencer a paladares propios y ajenos.
Ahora no sólo realiza brownies que endulzan hasta el comensal más salado, sino que transforma sueños y aficiones en peculiares diseños que más que parecer pasteles lucen como verdaderas esculturas, con una simetría y color perfectos.
Decidida a que la pastelería sería algo más que un gusto, Anahí emprendió un proyecto de vida: “Caramelle Postres”, marca con la que en cuestión de meses se instaló sigilosamente hasta la mesa de los hogares más distantes de la metrópoli tapatía.
Anahí empezó a ganar popularidad entre familiares y conocidos que no dudaban en recomendar sus creaciones de rebanada en rebanada. La joven repostera apostó por la excelencia no sólo en el sabor, también dejó que su creatividad y su pulso de cirujano dieran nacimiento a peticiones personalizadas que se hornean entre la realidad y la fantasía.
“Lo mejor que puedes recibir es la satisfacción de ver que al cliente le gustó tu producto, que está contento y me hace sentir muy bien. Cuando el cliente regresa eso te dice que le gusta lo que haces”.
Instantes precisos
Se podría pensar que el trabajo de Anahí es una actividad relajante que remonta a la infancia cuando se anhela a jugar a la cocinita, ayudando a mamá en los deberes de adulto. Pero para Anahí esta dinámica diaria no es un juego, pues cuando los moldes se llenan y los hornos se encienden no hay oportunidad para errores ni descuidos.
Anahí se enfrenta al tiempo, a una agenda de trabajo que le implica entregar en tiempo y forma los pasteles, pays, gelatinas, brownies, muffins y cualquier otro postre que le hayan solicitado con anticipación.
“Los retos que enfrentamos es la organización y logística. En la pastelería todo es muy preciso, si cometes un error tienes que comenzar de cero porque a veces es difícil arreglarlo”, comenta Anahí al detallar que el traslado de los productos es otro punto importante a tomar en cuenta desde el momento en el que el cliente realiza el pedido.
Por ejemplo, ahí se tiene que pensar si los ingredientes del postre soportarán las inclemencias del clima, en especial, cuando el calor amenaza con derretir el decorado de chocolate que horas antes quedó perfecto, o si el pastel es de múltiples pisos puede ser trasladado ya armado o tiene que ser por piezas.
Al cliente lo que pida
Como Anahí, docenas de reposteros promueven sus productos a través de las redes sociales, especialmente en Facebook, plataforma en la que esta profesional encontró un nicho de mercado que le permite compartir fotos de sus creaciones y conocer de primera mano la satisfacción de sus clientes.
Aunque la competencia en la pastelería y repostería ha aumentado considerablemente en la ciudad, Anahí no tambalea ante la diversidad de ofertas, pues sabe que “Caramelle Postres” cuenta con un séquito de seguidores que la llaman cuando hay una fecha especial que celebrar con una dulce rebanada.
“Sí, se hizo un boom y tendencia en la pastelería de fondant, pero pienso que tú eres tu propia competencia. Si mejoras seguirás teniendo clientes y para todos hay un mercado. Qué bueno que hay otros negocios porque te ayudan a mejorar”.
Para retribuir la fidelidad de sus clientes, Anahí y su esposo decidieron emprender rifas periódicas para regalar postres a los comensales que presumen gustosos de la delicia y profesionalismo de “Caramelle Postres”, y que han respetado el precio, que desde 350 hasta los ocho mil pesos, puede alcanzar este trabajo comestible.
“Los clientes que hemos ganado saben lo que implica este trabajo, la calidad del producto. Yo no puedo regalar mi trabajo. Cuando entregamos el pastel que ellos pidieron, están satisfechos con la presentación y el sabor; lo valoran y regresan”.
Compartir conocimiento
Entre las expectativas de Anahí se visualizan varios retos. Uno de ellos es el ampliar su espacio de trabajo, que desde sus inicios se adaptó a su casa haciendo de su pequeña cocina la fábrica perfecta para producir a la semana más de ocho pasteles y postres personalizados.
Otra meta es comenzar con la oferta de cursos a personas que desean introducirse al mundo de la pastelería, e incrementar la variedad de productos bajo una línea saludable para aquellos comensales que son intolerantes a la lactosa, que no pueden ingerir azúcar o que son veganos, por ejemplo, pero sin perder esa dulzura que los caracteriza.
Instinto artístico
Apoyada por su esposo, Carlos Hernández, Anahí aceptó los retos de los que ahora son sus fieles clientes que le solicitan diseños y sabores impregnados en la delicadeza de la crema pastelera y el fondant, elementos de la repostería que esta joven adoptó como acuarelas para crear lo que parece imposible.
Anahí ha hecho de todo: desde escorpiones, cámaras fotografías y tarros de cerveza en tamaño real. También se distingue por lograr un parecido casi idéntico cuando el diseño en crema le solicita algún personaje famoso de la televisión, cine y música. Incluso, es capaz de versionar el vestido de novia si es que se requiere.
Aunque Anahí nació con este don de digno de escultor, esta maga del azúcar y los muffins asegura que la preparación profesional y constante es algo que todo experto en la cocina debe de tener en su trayectoria.
Es por ello que sin pensarlo dos veces, la joven repostera hizo de Guadalajara su nuevo hogar al encontrar aquí escuelas e instituciones que le ayudarían a incrementar sus conocimientos, extender sus recetas, sumarse a las tendencias internacionales del sabor y perfeccionar su técnica.












