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El primer discurso de Navidad de Felipe VI


Felipe VI ha lanzado un mensaje contundente contra la corrupción en su primer discurso de Navidad como monarca. No ha habido referencias a la imputación de su hermana, la Infanta Cristina, pero sí ha dejado claro que "pocos temas como éste suscitan una opinión tan unánime. Debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción. La  honestidad de los servidores públicos es un pilar básico de nuestra convivencia en una España que todos queremos sana, limpia".

El Rey apareció sentado delante de una ventana, con fotos familiares a su derecha, una de ellas con la Reina Letizia y otra de los monarcas con sus dos hijas. Felipe iba vestido con un traje gris y una corbata azul y la corrupción ha sido el núcleo principal de su discurso navideño y ha recordado que "el pasado mes de octubre afirmé en Asturias que necesitábamos referencias morales a las que admirar, principios éticos que reconocer, valores cívicos que preservar. Decía, entonces, que necesitábamos un gran impulso moral colectivo. Y quiero añadir ahora que necesitamos una profunda regeneración de nuestra vida colectiva. Y en esa tarea, la lucha contra la corrupción es un objetivo irrenunciable".

Felipe VI inició su discurso refiriéndose a los difíciles momentos que pasan muchos españoles y criticando las conductas de los servidores públicos que caen en la corrupción: "Estamos viviendo tiempos complejos y difíciles para muchos ciudadanos y para España en general. La dureza y duración de la crisis económica produce en muchas familias incertidumbre por su futuro; la importancia de algunos de nuestros problemas políticos genera inquietud; y las conductas que se alejan del comportamiento que cabe esperar de un servidor público, provocan, con toda razón, indignación y desencanto".

Sin llegar a repetir la frase del último discurso de su padre el Rey Juan Carlos I, de la justicia debe ser igual para todos, el Rey confía en el buen funcionamiento de la justicia y en la gente honrada: "Es cierto que los responsables de esas conductas irregulares están respondiendo de ellas; eso es una prueba del funcionamiento de nuestro Estado de Derecho. Como es verdad también que la gran mayoría de los servidores públicos desempeñan sus tareas con honradez y voluntad de servir a los intereses generales", afirmó.  "Es necesario evitar que esas conductas echen raíces en nuestra sociedad y se puedan reproducir en el futuro. Los ciudadanos necesitan estar seguros de que el dinero público se administra para los fines legalmente previstos; que no existen tratos de favor por ocupar una responsabilidad pública; que desempeñar un cargo público no sea un medio para aprovecharse o enriquecerse; que no se empañe nuestro prestigio y buena imagen en el mundo" concluyó para cerrar el tema de la corrupción.

El desempleo y los pasos hacia la recuperación ha sido otro de los pilares del discurso navideño. El monarca considera que los índices de desempleo son "todavía inaceptables" y afectan sobre todo a los más jóvenes y que la situación ecónomica es una grave preocupación en el país. Recordó que pese a las buenas expectativas: "nuestra economía no ha sido capaz, todavía, de resolver de manera definitiva este desequilibrio fundamental".

Crear puestos de trabajo "de calidad" y "la lucha contra el paro" como principal prioridad fue otro de los mensajes del monarca que recordó que "el sacrificio y el esfuerzo de los ciudadanos durante toda la crisis económica exige que los agentes políticos, económicos y sociales trabajen unidos permanentemente en esta dirección, anteponiendo sólo el interés de la ciudadanía. Porque la economía debe estar siempre al servicio de las personas".

El tercer asunto que ha abordado Felipe VI en su discurso fue la situación que se vive en Cataluña. El Rey hizo una defensa a ultranza de la unidad y de la Constitución. "Cada Comunidad, cada pueblo y territorio de España, cada ciudadano, han aportado lo mejor de sí mismos en beneficio de todos. Y sin duda, desde Cataluña, se ha contribuido a la estabilidad política de toda España y a su progreso económico". Y apuntó que "es evidente que todos nos necesitamos. Formamos parte de un tronco común del que somos complementarios los unos de los otros".  También aludió a los sentimientos de muchos ciudadanos y pidió  que no se produzcan fracturas emocionales, entre familias, amigos y ciudadanos: "Millones de españoles llevan, llevamos, a Cataluña en el corazón. Como también para millones de catalanes los demás españoles forman parte de su propio ser. Por eso me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos. Nadie en la España de hoy es adversario de nadie".

En su llamamiento a la unidad Felipe VI aseguró que "lo que hace de España una nación con una fuerza única, es la suma de nuestras diferencias que debemos comprender y respetar y que siempre nos deben acercar y nunca distanciar. Porque todo lo que hemos alcanzado juntos nace de la fuerza de la unión" y pidió a todos los implicados que "hagamos todos un esfuerzo leal y sincero, y reencontrémonos en lo que nunca deberíamos perder: los afectos mutuos y los sentimientos que compartimos. Respetemos la Constitución que es la garantía de una convivencia democrática, ordenada, en paz y libertad. Y sigamos construyendo todos juntos un proyecto que respete nuestra pluralidad y genere ilusión y confianza en el futuro".

Agradecimiento e ilusión ante una nueva etapa en la historia

El Rey se refirió también a su llegada al trono y agredeció las muestras de cariña y la ejemplaridad y seriedad con la que se llevó a cabo el proceso de abdicación de Don Juan Carlos. "Me he sentido querido y apreciado y os lo agradezo de corazón", afirmó.

También quiso destacar en la parte final de su mensaje navideño que España ha demostrado que ha avanzado mucho generación tras generación y que pese a la dureza de los tiempos "son también tiempos que debemos afrontar con responsabilidad, con ilusión y espíritu renovador. Tiempos nuevos que se proyectan en todos los ámbitos de nuestra vida colectiva e  individual. Y ahora nos corresponde a los españoles de hoy continuar la tarea de labrar nuestro mejor futuro; que empieza ya, que ha empezado ya".

La posición y la valoración de España en el mundo es para Felipe VI uno de los pilares porque "somos una democracia consolidada. Somos, además, una nación respetada y apreciada en el mundo y con una profunda vocación universal, imprescindible para promover nuestra cultura y defender nuestros intereses en un mundo global. Hoy, más que nunca, somos parte fundamental de un proyecto europeo que nos hace más fuertes, más competitivos y más protagonistas de un futuro de integración".

Antes de finalizar su discurso volvió a referirse a que el objetivo de los políticos debe ser lograr que los ciudadanos vuelvan a confiar en las instituciones: "Regenerar nuestra vida política, recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, garantizar nuestro Estado del Bienestar y preservar nuestra unidad desde la pluralidad son nuestros grandes retos. No son tareas sencillas. No son retos fáciles. Pero los vamos a superar, sin duda; estoy convencido de ello. Tenemos capacidad y coraje de sobra. Tenemos también el deseo y la voluntad. Y hemos de sumar, además la confianza en nosotros mismos".