Villa de Álvarez, antigua San Francisco de Almoloyan, se presenta con sus bellas casas de sólidos muros de adobe, tejas rojas y ventanas con trabajo de herrería, cuyos patios exhalan un entrañable perfume de árboles frutales.
Sus calles conducen a antiguos edificios, museos llenos de historia, parques, mientras se eleva y contagia el espíritu con su ambiente alegre. Con su amplia gastronomía de enchiladas, sopitos, tamales, atoles y tubas, los visitantes se preparan para iniciar los festejos, como las fiestas charro-taurinas, que tienen lugar en la singular plaza de toros La Petatera. Para poner broche final a un día soleado, nada mejor que disfrutar de las célebres cenadurías de la ciudad.
Lo que hoy conocemos como el municipio de Villa de Álvarez, en el año de 1556, se llamaba San Francisco de Almoloyán. En 1836, el distrito de Colima se dividió, para su administración, en dos partidos, uno de los cuales fue el de Almoloyán, que se convirtió en la cabecera municipal. Por decreto, el 15 de septiembre de 1860, se cambió el nombre original por el de Villa de Álvarez, en honor al primer gobernador del Estado, que era originario de ese lugar.
Por sus condiciones naturales, Villa de Álvarez es un municipio muy pintoresco y con grandes atractivos; algunos de ellos se pueden potenciar y desarrollar turísticamente, como son la laguna de Pastores, zonas arqueológicas y áreas de monumentos y plazas. Es importante mencionar la fama que goza la ciudad de Villa de Álvarez, gracias a sus antojitos regionales, especialmente los famosos sopitos de la Villa, que se cocinan en tradicionales cenadurías que se encuentran por todos los rincones de la cabecera municipal, especialmente en la zona Centro
El Agua Fría: Manantial de agua transparente a temperatura ambiente. Forma una fosa rodeada de abundante vegetación. Ideal para nadar y cuenta con comedores para esparcimiento sano y familiar. Se encuentra a 17 km. de la ciudad de Villa de Álvarez.
La Piedra de Juluapan: Localizada a 5 km. de la ciudad de Villa de Álvarez. Esta piedra encierra varias leyendas: una de ellas dice que detrás de ella el Rey de Colimán escondió sus tesoros y que él fue enterrado ahí; otra menciona también que ahí está escondido el tesoro del "Indio Alonso", famoso bandolero-chamán (del que se cuentan infinidad de historias, mitos y leyendas), puesto que esa zona fue su guarida durante muchos años, ya que se decía que ahí escondía celosamente los botines de sus múltiples saqueos y robos, perpetrados en toda la región. Este lugar es ideal para ir de excursión ecoturística y cultural; es decir, propia del turismo alternativo.
Picachos: La comunidad de Picachos se localiza en el km. 12 de la carretera Villa de Álvarez -Minatitlán, cuenta con un hermoso paisaje conformado por un río y abundante vegetación. Este lugar es perfecto para actividades acuáticas, caminatas, campismo, así como disfrutar de un momento agradable bajo una de las ramadas instaladas en temporadas vacacionales.
El Jardín: El jardín principal es muy tradicional porque aún conserva su aire provinciano, a pesar del crecimiento poblacional desmesurado de este municipio. En este jardín es clásico ir a comprar y disfrutar tranquilamente de las famosas Paletas de la Villa, deliciosamente elaboradas con leche o con agua en una gran variedad de sabores, cuya receta ha perdurado inalterable a través de varias décadas; los jóvenes las disfrutan para apagar la sed, mientras descansan y platican con pareja o amigos. También este espacio es el que alberga la añeja costumbre de vender las empanadas (de leche y otros sabores) el día 4 de octubre de cada año, en honor de San Francisco.
La Campana: Zona Arqueológica La Campana, que fue reconstruido hace algunos años bajo la coordinación del INAH y que hoy es visitado por grupos de turistas nacionales y extranjeros, y en donde, además, se llevan a cabo ceremonias en los equinocios y solsticios de cada año; se localiza por la avenida Tecnológico de Colima.
Fiestas Charro-Taurinas: Las festividades tradicionales dentro de la cabecera municipal resultan un verdadero atractivo para los jóvenes no solamente del municipio, sino de otros lugares, pues las Fiestas Charro-taurinas, que desde hace más de trescientos años se vienen realizando todos los años durante el mes de febrero, en honor a San Felipe de Jesús (santo patrono de la ciudad de Colima también), son las de más arraigada costumbre y mejor organizadas en todo el Estado. Tienen características y actividades que las hacen únicas, como la plaza de toros conocida como La Petatera, que es construida exclusivamente con petates y que se monta y desmonta anualmente, convirtiéndose en un atractivo más para los propios y extraños y que, de acuerdo a la tradición, es así elaborada y reelaborada cíclicamente como una "manda" de los feligreses dedicada a este santo, con la intención de pedir de sus favores, para evitar que se repitan terremotos en el Estado (dado que Colima es una zona altamente sísmica).











