Los municipios que circundan el Lago de Chapala tienen un singular atractivo y bellezas escénicas incomparables; pareciera que el lago los nutre, no sólo con el líquido vital, sino con los valores históricos de antaño, que se diseminan a través de cada población ribereña dándole un toque especial de historia, que es descubierto por cada visitante que, de malecón en malecón, se sorprende gustoso de sus atractivos.
Atotonilco el Alto fue conquistado por Nuño Beltrán de Guzmán hacia 1530, imponiéndole el nombre de San Miguel de Atotonilco.
Aquí comienza la zona tequilera de Los Altos que se ha desarrollado principalmente a partir de Arandas desde los inicios de este siglo.
En Atotonilco se pueden disfrutar un gran número de huertas frutales por las que corren manantiales y presas donde se practican deportes acuáticos, lo que le ha valido ser llamado "El Jardín de Jalisco". Un ejemplo es el sitio "Las Sabinas", donde crecen laureles de la India, sabinos y pináceas a la orilla de un apacible arroyo que además del paisaje tiene estupendas instalaciones con juegos infantiles, canchas deportivas y comedores al aire libre.
Otro lugar para pasarla bien es el balneario "Los Charritos" que consta de cuatro albercas y un chapoteadero con agua templada de manantial; una amplia área verde pletórica de árboles frutales y mesas, bancos y asadores para comer bajo la sombra.
Por otro lado, en la población cabe señalar la llamada Casona de los Velázquez, construida en el siglo XVIII; del mismo siglo la Parroquia de San Miguel y de la centuria siguiente, el Santuario de la Purísima.
En Atotonilco hay seis hoteles de categoría media económica y el paseo se complementa con la adquisición de artículos de piel, textiles y quizá algún mueble de madera de los que allí se fabrican. Más adelante, sobre la misma carretera 90 se encuentra Degollado, poblado rodeado de espectaculares paisajes, donde podrá hacer una parada. O si prefiere admirar una gran cantidad de monumentos como el templo de San Miguel Arcángel de estilo barroco, el templo de Nuestra Señora de San Juan con fachada renacentista, que data del siglo XVII y la hacienda de Huaxcato.
Con dirección sur, desde Atotonilco el Alto, está un ramal de la carretera que cruza la región y lleva a La Barca.
Su antecedente prehispánico es un asentamiento que se llamó Chienahuatenco. En la cercana población de Portezuelo, hay vestigios de aquella época consistentes en construcciones de piedra sin ningún revestimiento, cuya antigüedad calculan algunos entre 2,000 y 2,500 años.
De los tiempos coloniales, está la parroquia de Santa Mónica y del siglo XIX, el Santuario de Guadalupe con portada barroca ornada con columnas jónicas y corintias.
Pero sin duda, el centro de atención de propios y extraños es el centro cultural "La Moreña", establecido en lo que fuera una de las fincas de José Francisco Velarde, un potentado que contaba con extensas haciendas y propiedades en Jalisco y Michoacán y cuya fortuna y hechos lo han convertido en un personaje de leyenda. Conocido también como "el burro de oro", ha sido objeto de investigaciones históricas y recopilaciones de tradiciones orales, cuyos resultados han producido al menos un libro que circuló en forma limitada.
La finca de "La Moreña" es una casona del siglo XIX, de mucho sabor, con portal de arcos de medio punto en cantera morada y rosa y sus muros interiores están decorados con pinturas costumbristas salidas del pincel de Gerardo Suárez.
Una vez que se visita la ciudad, que ofrece hospedaje y sabrosa comida de la región, se puede completar la estancia en La Barca pasando un grato día en el balneario "Rincón Chiquito" que cuenta con alberca, chapoteadero y ajuar para comer al aire libre a la sombra de los tabachines que crecen allí.
Para cerrar con broche de oro el recorrido por las principales localidades de esta región, no debe dejar de visitarse Ocotlán, que se encuentra a 40 km., de La Barca por la carretera que, cerca del borde del lago de Chapala, entronca con la supercarretera Tlaquepaque-Chapala a la altura de Santa Rosa.
Al ir de La Barca a Ocotlán se pasa por Jarnay, pintoresca población ribereña que además de la parroquia de estilo gótico erigida en 1766, tiene un curioso reloj de sol labrado en piedra donado por los frailes agustinos en 1766, que se halla ubicado en la parte oriente de la plaza principal y al centro de ella, una monumental escultura de 35m elaborada por José María Zarate en memoria del Papa Pío IX en 1874.
Esta zona estuvo habitada primero por nahuatlacas y más tarde por tecuexes que conformaron un cacicazgo dependiente del gran señorío de Coinan.
En 1529 el cacicazgo fue sometido por Nuño Beltrán de Guzmán y ocho años después los frailes franciscanos comenzaron la evangelización, que fue continuada por los agustinos, quienes fundaron en la cabecera un convento y dieron a la población el nombre de Santiago de Ocotlán que hasta 1963 adquirió el rango de ciudad.
Es muy venerada allí una imagen del Señor de la Misericordia, escultura ubicada en el templo parroquial cuya construcción comenzó en 1850.
Asimismo, están la iglesia y convento de la Purísima Concepción y en el aspecto cultural, un museo local que expone piezas arqueológicas de la región y de otros estados como Colima, Nayarit y Michoacán.
Un regalo a la vista es el paisaje que ofrenda el lago y nada despreciable son la Presa La Huaracha, el estero Zuchitlán y los espacios arbolados que hay por todas partes. Además, un agradable sitio es el balneario "Serrano" de agua templada y completas instalaciones.
En Ocotlán, ciudad a la que se accede también por vía fluvial a través del lago, el viajero encuentra servicios turísticos muy aceptables.
Desde Ocotlán puede visitar Poncitlán, poblado agrícola que se localiza en la margen izquierda del río Santiago.
De Poncitlán regresamos al entronque con la carretera federal y 32 km. aproximadamente al occidente está la autopista Núm. 15, donde es recomendable dirigirse hacia el sur para visitar Chapala.
La ribera del lago de Chapala, el más grande de México, es un espacio que anima a recorrerla sobre todo en la porción comprendida entre la cidad de Chapala y Jocotepec. Su clima, paisaje y generosa vegetación propician el descanso y dan el marco ideal para realizar actividades como la natación, la navegación en veleros o en lancha, paseos a caballo, tenis y golf.
Chapala, a 48 km. de Guadalajara, fue poblado por tecuexes poco antes de que pasaran por allí los españoles. Nuño Beltrán de Guzmán la conquistó e impuso el nombre de San Martín de Chapalac; en 1837 se le concede el rango de Villa y en 1970 el de ciudad.
Desde el porfiriato hasta la fecha ha sido un sitio preferido para situar casas de vacaciones, algunas muy considerables.
Uno de los paseos más interesantes es ir por lancha a las islas de Los Alacranes y a la de Mezcala, llamada también del Presidio por el fuerte que defendieron heroicamente los insurgentes en la etapa final de la guerra de Independencia, cuyas ruinas se pueden contemplar.
En Chapala hay también un club de yates y otro de golf y plaza de toros.
En los restaurantes ubicados a la orilla del lago se sirven las especialidades del lugar como el caviar y la birria de carpa, el caldo michi, los charales y el ponche típico de la zona.
Ajijic, a 8 km. al poniente de Chapala, se ha convertido en centro de actividades de la colonia extranjera avecinada en esta región. Es una pintoresca población que en tiempos remotos perteneció a Chapala.
Se caracteriza por sus calles empedradas donde se localizan numerosas tiendas de artesanías, producidas por el municipio en especial, deshilados, bordados y alfarería.
La colonia dejó huella en la iglesia de San Andrés Apóstol que vale la pena visitar.
Continuando al occidente, después de 18 km. está el municipio de Jocotapec conocida por sus sarapes y objetos de madera tallada.
Además de los atractivos del lago, Jocotepec, cabecera del municipio de su nombre, cuenta con un monumento muy antiguo, de 1529, que es la parroquia del Señor del Monte. En Zapotitlán de Hidalgo, está el templo parroquial que data del siglo XVIII y en Huejotitlán, una hacienda muy bien conservada.
El municipio de Jocotepec cuenta también con dos balnearios de aguas termales con aplicaciones curativas. Mientras su gastronomía es similar a las de otras poblaciones ribereñas, exquisita y enriquecida con nieves de garrafa que de verdad se antoja.











