Acolman es uno de esos rincones salpicados de tradición, historia y leyenda. Su encanto se manifiesta en su misterioso legado virreinal y en su viva tradición bañada de colores. Basta con adentrarse en este lejano poblado para conocer bellezas insospechadas en inmensos y solitarios llanos.
En la época prehispánica formó parte del Acolhuacan, que tenía como capital Texcoco, a la llegada de los españoles adquirió gran importancia, porque en su territorio se estableció la tercera orden mendicante que llegó a la Nueva España, los agustinos, en el año de 1533.
Acolman, significa donde nació el primer acolhua, precisamente cuenta la leyenda recopilada en las fuentes documentales texcocanas que la primera pareja de los acolhuas surgió de este lugar y se llamaron Tzontecomatl yTzompachtli. Ambos sólo tenían cabeza, cuello y hombros. Para poder reproducirse el hombre introducía su lengua en la boca de la mujer. Tuvieron seis niños y una niña quienes se fueron a vivir a Texcoco.
En la época colonial los agustinos realizaron la evangelización del lugar para lo cual, construyeron una hermoso convento.
Ex Convento de San Agustín Acolman
Es una de las joyas más notables del siglo XVI, por la singularidad y el laborioso trabajo de sus detalles y construcción. Fue edificado por los frailes agustinos entre 1539 y 1560 siguiendo el prototipo de fortaleza característico del siglo XVI. La fachada principal es una de las muestras más representativas del arte plateresco de la época, por la belleza de sus columnas y de los detalles decorativos en el friso y el arco de la puerta. En el interior de este recinto te sorprenderá la altura de sus muros; la nave conserva vestigios de algunos retablos barrocos de los siglos XVII y XVIII, tallados en madera y estofados en hoja de oro. Éstos tienen una exuberante decoración vegetal, figuras de personajes celestiales y esculturas de angelitos. En el presbiterio advertirás interesantes muestras de pinturas murales con imágenes de santos, sacerdotes y papas agustinos.
En el lado izquierdo se encuentra la Capilla Abierta de pequeñas dimensiones, construida en lo alto del muro, entre el templo y el portal del convento. De este sitio destaca la pintura al fresco de Santa Catarina.
El convento anexo cuenta con dos claustros: el Claustro Chico, de arquitectura sencilla, construido en piedra con una cruz al centro y el anagrama de Jesús labrado en piedra. El Claustro Grande exhibe una maravillosa arquitectura del mismo estilo plateresco, con columnas de tipo isabelino. En la parte superior luce medallones que representan escudos agustinos, el símbolo de la muerte y el símbolo de la unión de dos mundos.
Museo Colonial de Acolman.
Se encuentra en el Ex Convento de San Agustín, en lo que fuera la portería, la cocina, el refectorio y el anterefectorio. Está dividido en tres salas que dan una explicación detallada de la construcción de esta obra arquitectónica, de la vida de los monjes en el convento y del acervo de pinturas y objetos religiosos. Sin duda la tercera sala es la más impactante debido a la riqueza artística que ahí puedes ver: objetos y muebles de uso religioso de distintos siglos; mantos, ajuares y vestimentas de uso eclesiástico; algunos bordados con hilos de oro y plata bajo la técnica del brocado en seda; hermosas esculturas de los siglos XVI al XIX, una de ellas hecha en pasta de caña y otras más talladas en madera estofada y policromada. Y por si esto fuera poco, hay pinturas al óleo sobre tela que representan las escenas del Paraíso y de la Pasión, y otras pinturas al óleo pero sobre lámina de cobre y lámina de cartón.
Aquí también se encuentra la Cruz Atrial, considerada como una de las mejores realizaciones lapidarias del siglo XVI. Está ubicada afuera del convento con sus brazos extendidos labrados con plantas y flores rematados por flamas de piedra, presentando los atributos de la Pasión, con la cara de un Cristo. Al pie de la peana está una virgen de manufactura menos fina hecha por los indígenas.
Museo de Tepexpan
Ubicado en el poblado del mismo nombre, este afamado museo sobre la prehistoria se construyó en el sitio donde el doctor Helmut de Terra y el ingeniero Alberto R. Arellano, encontraron, en 1945, los restos fósiles del llamado “Hombre de Tepexpan”, con unos 13 mil años de antigüedad, aproximadamente. Sus restos se localizaron precisamente en este municipio. Aunque las investigaciones recientes realizados por los antropólogos físicos han mostrado que se trata más bien de los restos de una mujer.
Existe el pequeño museo prehistórico de Tepexpan, que conserva réplicas de éste y de un mamut; además de objetos de piedra.











