Miércoles 04 de Febrero, 2026 - México / España
Un vínculo entre México y el Mundo
Facebook Twitter Whatsapp

Mérida, la Ciudad Blanca



Mérida se caracteriza por su arquitectura colonial, de estilo sobrio, donde existen construcciones de techos altos y grandes ventanas (predominantemente en el actual Centro Histórico); pero sobre todo es reconocida por el color de la cantera, material propio de la región con el que fueron levantados muchos de sus edificios, que hace resaltar aún más la iluminación del sol, aspecto que le ha valido en nuestros días el sobrenombre de Ciudad Blanca, hecho apoyado también en la tradición de sus habitantes, mantenida por muchos años, de utilizar colores vivos para pintar sus predios.

Durante la Colonia, su desarrollo urbano fue concéntrico y de acuerdo a los cánones de la época: siguió un esquema cuadrangular con calles trazadas a manera de un tablero de ajedrez, cuya estructura original perdura
hasta nuestros días. Hacia los cuatro puntos cardinales de su Plaza Mayor, la población quedaría dividida finalmente en cuatro secciones con sus barrios, mismos que además adoptaron los nombres de sus santos patronos, de tal forma que al sur quedó San Sebastián, al poniente Santiago y Santa Catarina (hoy parque Centenario), al oriente San Cristóbal, y al norte Santa Lucía y Santa Ana. Prácticamente esta disposición determinaba de manera clara los barrios considerados de “extramuros”, para los habitantes indígenas, mientras que el centro de la ciudad se reservaba para los colonos españoles.

La ciudad marcó sus límites por medio de siete arcos, sin embargo, el desbordamiento urbano los envolvió y ahora solamente permanecen tres estructuras (San Juan, Dragones y el del Puente) como testigos de lo que fue la traza urbana en la época colonial.

A finales del siglo XIX, el creciente desarrollo económico y el auge henequenero provocaron la construcción de imponentes haciendas y hermosas casonas que le dieron otra apariencia a la ciudad, que aún puede apreciarse en el tradicional Paseo de Montejo, uno de los atractivos de la zona.

Así se fue construyendo la ciudad, y hoy sus trazos coloniales y monumentos conviven con los edificios neoclásicos y la infraestructura contemporánea. En Mérida se une lo antiguo y lo nuevo, el respeto a las costumbres y la apertura a la modernidad.

Su historia está plasmada en piedra y se descubre en cada uno de sus monumentos, así como en la auténtica tradición cultural de su entorno. Visitarla es llenarse de arte belleza, que sólo se vive en un destino como Mérida, la de Yucatán

Palacio de Gobierno
El Palacio, de estilo ecléctico clasicista, tiene dos niveles y cubre una superficie cuadrangular de 42 metros de frente y fondo. En su interior destaca un patio central de grandes dimensiones. Cuenta en su decoración con 27 murales realizados entre 1971 y 1978 por el reconocido pintor yucateco Fernando Castro Pacheco, los cuales están distribuidos en las dos plantas del inmueble: en las galerías, en el Salón de la Historia y en el cubo de la escalera. Por su contenido y maestría, representan la obra pictórica mural más interesante del estado. El Palacio de Gobierno constituye un verdadero museo y resume en sí la vida política del estado.

Museo MACAY
Durante un tiempo fue el Palacio Episcopal, pero luego de ser incautado en 1915 por el Gral. Salvador Alvarado, dicho personaje comenzó a reformar su fachada y el interior junto con la demolición de las dos capillas que unían a este edificio con la catedral. El inmueble toma entonces su nombre de la Sociedad Literaria “Ateneo Peninsular”, de la cual fue sede durante varios años. Y en 1994 se instaló el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, más conocido como MACAY.
Ahora es uno de los principales promotores para el desarrollo y difusión del arte contemporáneo en el sureste mexicano. Su calidad y prestigio lo colocan como un espacio de obligada referencia para los artistas que desean dar a conocer sus propuestas en el sur del país.

Palacio Municipal
A lo largo de la historia ha sufrido varias modificaciones en su fachada. Aquí se decidió la Independencia de Yucatán respecto a España.
En 1871 se colocó el primer reloj de la ciudad de Mérida. Asimismo, se celebraron las festividades nacionales del 16 de septiembre y del 5 de mayo, hasta 1892, cuando se inauguró el actual Palacio de Gobierno.
En la pared del descanso de la escalinata está empotrado el más antiguo escudo de Mérida, que alguna vez estuvo en la muralla oriental de la desaparecida Ciudadela de San Benito. Su elevado patio trasero es vestigio de la pirámide maya de Baklum-Chaam, que estaba en dicho lugar. En el Salón de los Cabildos se puede admirar una pintura al fresco que representa una alegoría del mestizaje.

Catedral
Fue construida 19 años después de la fundación de Mérida, en 1561. Por petición del rey Felipe II, en la catedral se erigió la iglesia de la capital yucateca y se le dio por titular a San Ildefonso, arzobispo de Toledo. Se convirtió en la primera catedral en erigirse sobre tierra firme en el continente americano.
Su estilo arquitectónico es morisco en las torres, y en el interior y la fachada es renacentista. Tiene retablos de estilo barroco en algunos de sus muros. Su sobria fachada cuenta con un arco de medio punto, dentro del cual se inscribe la puerta principal conocida como La Puerta del Perdón, flanqueada por las esculturas de San Pedro y San Pablo. La maquinaria del enorme reloj que ostenta fue fabricada en Londres (1731) y estuvo en servicio hasta 1871.
En el interior se descubre un gran espacio de tres naves con bóvedas casetonadas y de lacerías góticas; la Capilla del Cristo de las Ampollas (1656), el bautisterio y Capilla del Sagrario (1904), la sacristía y Capilla de San José (1610), así como la Capilla del Rosario (1610). En el altar mayor destaca la imagen del llamado Cristo de la Unidad, obra del escultor madrileño Ramón Lapayese del Río, la cual mide 7.65 metros de altura y está elaborada en madera de abedul.

Casa de Montejo
Fue construida entre los años 1543 y 1549 por Francisco de Montejo y León El Mozo por órdenes de su padre, con la finalidad de ser la morada de los conquistadores.
Su fachada principal, la única que no ha sufrido alteraciones, es considerada la joya de arte plateresco más valiosa de la arquitectura civil de la nación. Labrada en piedra, en ella se distinguen originales figuras de personajes y seres mitológicos. Arriba del balcón central destaca el imponente escudo heráldico familiar del Conquistador. El estudio técnico del pórtico delata que la parte baja es obra de mano europea, y la alta, de más reciente ejecución indígena.
Desde hace varios años este recinto es propiedad de una conocida Institución Bancaria que ha invertido en su mantenimiento.

Teatro José Peón Contreras
Debe su nombre al poeta, novelista, dramaturgo, ensayista, médico y político yucateco José Peón Contreras (1843-1907).
Su construcción inicia en 1902 con la dirección del italiano Enrico Desertti y fue inaugurado en 1908. Consta de un amplio salón vestibular donde hay una escalera monumental de mármol de Carrara, la cual conduce a una sala de espectáculos y al vestíbulo superior. Su cúpula central contiene un magnífico fresco llamado La alegoría de las artes y de las ciencias, del italiano Nicolás Alegreti. Tiene capacidad para 737 personas.
A partir de 1912 fue utilizado como cine en temporadas de poca actividad teatral. En 1940 cambió su nombre al de Cinema Peón Contreras, y así funcionó por más de 30 años, hasta que fue clausurado por deterioro; se reinauguró en 1981 como teatro perteneciente al Gobierno del Estado.
En la actualidad es sede de la Orquesta Sinfónica de Yucatán y es el recinto cultural más importante del estado. Cuenta con tres salas de exposiciones temporales, restaurante, librería y un módulo de información turística.

Palacio Cantón
Se erigió durante los años de 1904 a 1911. Fue fruto del apogeo que durante el periodo del Porfiriato alcanzó el cultivo del henequén en el estado. La mansión debe su nombre a su propietario original, el general Francisco Cantón, y la construcción es representante de la tendencia arquitectónica Manierista-Barroquizante; es tal vez el edificio con mayor jerarquía en el Paseo de Montejo, no sólo por sus detalles estructurales sino por el uso que desde 1966 tiene en el fomento y la divulgación del conocimiento arqueológico cultural de las generaciones de ayer, hoy y mañana.
Los interiores son de mármol de tonos diversos, con recuadros y adornos de yeso finamente logrados sobre muros y techos. Resalta majestuosa una gran escalera de mármol blanco que sube en escuadra junto a las altas paredes, para conducir, entre pesados barandales, al segundo piso. Posee un amplio balcón a modo de terraza, basado en parte de las habitaciones de la planta baja, desde donde la vista tanto del palacio como del Paseo de Montejo es admirable.

Quinta Montes Molina
La historia de esta mansión se remonta a la época del Porfiriato (1876 - 1911), cuando el cubano don Aurelio Portuondo y Barceló conoció la ciudad de Mérida a finales del siglo XIX y se enamoró de doña Josefa Regil Cazares, a quien después de su boda le construyó esta casa. Al ser socio de la empresa que impulsó la construcción del Teatro Peón Contreras, don Aurelio contrató a los mismos arquitectos y artesanos para levantar dicho inmueble.
Alrededor de 1915, la situación política del país, en plena Revolución, obligó a don Aurelio a vender su casa. Buscó una familia que supiera apreciarla en toda su belleza y estimarla en su valor afectivo, y la encontró en don Avelino Montes Linaje, prominente hombre de negocios de origen español quien respetó siempre la construcción original de la casona, enriqueciéndola con la ampliación de las terrazas y alcobas.
A la muerte de don Avelino, doña Josefina Montes Molina, su hija, heredó la residencia y la conservó a través de los años, en recuerdo a sus padres, exactamente igual en cada uno de sus detalles. Hoy en día lámparas, espejos, cuadros, pinturas, esculturas, alfombras, muebles, vajillas de Limoge y cuchillería de Christofle se mantienen en óptimas condiciones, como si don Avelino estuviese a punto de llegar a comer.
La Quinta Montes Molina, antiguamente conocida como Villa Beatriz, conserva sus puertas abiertas para compartir este legado con los meridanos y el público en general.