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Parral, Chihuahua tradición y modernidad


La actual Ciudad de Parral, a 300 Km. al sur de la Ciudad de Chihuahua. Es sin duda la población con más personalidad y arraigo que tiene Chihuahua.

En el verano soleado de 1631, Juan Rangel de Biezma tomo una piedra negra, le paso la lengua y descubrió la plata: frente a el se alzaba una montaña cubierta de guijarros iguales. Juan Rangel había topado con “La Negrita” un cerro de plata que parió a un pueblo al que le puso: “Real de Minas de San José del Parral”. Todo ha pasado por Parral, Gobernadores, Ricos Mineros, Indios Bárbaros y en el siglo XIX los franceses en 1865 muriendo ahí Pedro Meoqui para marcar con su sangre el triunfo de la Republica. Después llego la Revolución y Parral quedo en el ojo del huracán teniendo como amante a Francisco Villa con todos los conflictos que esta pasión encerraba. Ahí fue asesinado el guerrillero en Julio de 1923. Visitar Parral es toparse con casas solariegas, templos coloniales, palacios y esculturas como “El Buscador de Ilusiones” de Ignacio Asúnsolo.

Museo de Pancho Villa
Este pequeño museo se encuentra en el sitio donde fue emboscado el General Villa, y es por eso que la temática de este museo gira en torno al asesinato de Francisco Villa y a la época de La Revolución. En el interior se exhiben distintos objetos alusivos al periodo revolucionario en el Estado.

Ex Teatro Hidalgo
Biblioteca de la Ciudad

Sus muros pertenecieron originalmente al convento de San Antonio, cabeza de la Custodia de Parral de la que dependían las misiones franciscanas de Chihuahua. Ya en 1632, antes de haber parroquia, los frailes franciscanos habían erigido una ermita para atender a los indios conchos que trabajaban las minas y las haciendas.

Solamente sus viejos muros fueron utilizados como base del Teatro Hidalgo, que fue inagurado en 1906 con la representación de la ópera II Trovatore de Guiseppe Verdi, montada por una compañía italiana. El 14 de Noviembre de 1928 se incendió y lo poco rescatable se acondicionó como logia masónica. Hoy, con su fachada restaurada, alberga la biblioteca pública de la ciudad.

Palacio Alvarado


Hay un palacio en Parral que no se hizo durante la colonia, sino en 1894, por Pedro Alvarado, dueño que fue de la generosa mina llamada “la Palmilla”. Este edificio construido de cantera por el francés Federico Amérigo Rouvier, refleja de manera evidente la corriente arquitectónica de moda en Europa: un eclecticismo peculiar en que encontramos elementos inspirados en distintos estilos de diferentes épocas. La presencia del arquitecto Amérigo Rouvier impuso un fuerte sello a la arquitectura decimonónica de Parral, pues también construyó la Casa Stalffort, el actual hotel Hidalgo y la casa de la familia Griensen.

Los Alvarado ocuparon su “palacio” en 1903 mientras el pintor italiano Antonio Decanini concluía la decoración de los muros del patio central. Los muebles traídos de Europa fueron tal lujosos como el lugar que le servía de marco. La opulencia de la mina dio para todo. Su fachada y ventanales evocan un gótico diluido enmarcado en el almohadillado de los muros, tan caro a los arquitectos del principio del siglo XX. También de la época serán los mosaicos que cubren los pisos y los hierros forjados de los balcones. La arcada de la planta superior se forma con arcos rebajados sobre columnas toscanas. En realidad el conjunto es muy variado.


Templo de la Virgen del Rayo

Un parentesco, fuera de contexto es lo que adorna la fachada de Nuestra señora del Rayo en Parral. El templo se levantó dedicado a la Virgen de la Candelaria, anexo al antiguo hospital de los naturales primero que se fundó en Parral.

Sacada en procesión la imagen de la Virgen de la Candelaria en julio de 1686 para implorar un agua que el cielo no mandaba, el milagro se hizo, las nubes se agolparon y la tempestad se desató cerca de San Diego de Minas Nuevas.

Un rayo fulminó la escena, los peregrinos fueron lanzados al vacío y la imagen recibió el destello dejándole marcado el rostro. No hubo muertos y la lluvia libró a Parral del hambre.

Agradecidos los mineros le mudaron el nombre por el de Nuestra Señora del Rayo, que por obligación siguió haciendo múltiples milagros, y el gobernador Alday, en gratitud de haberle ayudado a destruir a los tobosos que asolaban los caminos, la nombro Generalísima en 1723 y puso a sus platas la invencible espada del militar.

Fue cuando Villa tomó Parral a sangre y fuego en que se destruyó e incendió parte del templo, quedando entre los rescoldos la venerada imagen de los parralenses que después, rescatada y restaurada, se colocó en el altar.

Parroquia de San José

La portada es sencilla sólo en apariencia, pues se extiende a los lados, enmarcados en formas curvas, y se abre hacia arriba con los frontones rotos de los remates.

El diseño de la fachada lateral guarda mucha similitud con la frontal, salvo que en ésta el nicho lo ocupa una estatua de San José y en la lateral se dedica a la Concepción.

Su cúpula de media naranja sin tambor hace singular esta construcción de fines del siglo XVII, lo mismo que el juego de color en los rombos pintados con diferentes tonos, así como las medias esferas que rematan los contrafuertes.

La torre de dos cuerpos y nichos laterales de toque barroco, contrarresta la pesadez de la masa horizontal.

Sólo seis ventanas iluminan la penumbra interior: un espacio rectangular dividido en cinco tramos, evocador de iglesias conventuales del siglo XVI. Frente al ábside tiene una bóveda vaída y en la clave central del arco toral de presbiterio puede verse la fecha de la iniciación de la obra; debajo del coro, otra fecha registra la terminación del templo y el nombre del arquitecto constructor. Fue una parroquia rica en alhajas de plata, cuadros y esculturas, según revelan los inventarios.

Un incendio ocurrido el Día de Corpus de 1881 acabó con el altar mayor, que cubría completamente la pared posterior del ábside y fue considerado “el mejor retablo de la Nueva Vizcaya”. Aún conserva dos retablos laterales del siglo XVII: el altar del Perdón.

En el presbiterio está sepultado el fundador Juan Rangel de Biezma, gobernador del periodo colonial, y otros ciudadanos ilustres de Parral.

Templo de San Juan de Dios

Los (parados) o mulatos libres que habían formado la cofradía de la Limpia Concepción, solicitaron en 1680 permiso para fundar un hospital (de pobres y que han de curar todo género de ellos). Se puso la primera piedra en Febrero de 1682 y se terminó en 1687.

El inventario de ese año menciona que fue fabricado con adobe y lodo; menciona también los marcos de cantera en las puertas y sus techumbre de vigas labradas y ladrillos pintados, lo mismo que la torre adjunta, aún inconclusa.

Para fines del siglo XVIII ya se habían dorado los tres retablos de sus altares. A excepción del claustro, nada queda del hospital, que estuvo atendido por los hermanos de San Juan de Dios.

La iglesia solamente conserva sus retablos y pocos cuadros, pues parte de su acervo pictórico fue trasladado en el siglo pasado al templo de San Nicolás Tolentino, también en Parral.

Santa Bárbara


A 20 kilómetros de Parral por carretera, y a 10 desde San Francisco del Oro por una buena terracería, se encuentra Santa Bárbara. La creencia de que fue capital de la Nueva Vizcaya, muy generalizada en el sur del estado, es errónea, aunque durante largos años tuvo el rango de alcaldía mayor, hasta que se convirtió en cabecera municipal en 1820 y alcanzó el rango de ciudad en 1930.

Santa Bárbara está situada sobre los márgenes del río que lleva el mismo nombre y sigue principalmente dedicada a su actividad minera, con algunos yacimientos en explotación y dos platas metalúrgicas para el beneficio de metales. La agricultura –maíz, frijol, trigo y papa- y la ganadería se desarrollan principalmente en las riberas de los ricos Valle y Parral que cruzan el municipio.

Dada la fuerte actividad minera que se realiza en Santa Bárbara, a partir de 1995 abrió sus puertas el Museo El Minero. En sus salas se exhiben utensilios y artefactos de minería, documentos históricos que narran el desarrollo y crecimiento del pueblo, así como objetos antiguos que fueron donados al museo.

Digna de visitar es la Parroquia de Santa Bárbara. Construida por los franciscanos de 1571 a 1590. En ese año pasó a manos de los misioneros jesuitas, quienes le añadieron la torre del campanario.