En México, los conquistadores encontraron una producción de cerámica con varios siglos de desarrollo y excelente calidad que además de los utensilios de uso doméstico tenía un importante papel en ceremonias religiosas, ritos funerarios y también extraordinarias esculturas.
En la colonia, se inició la llegada de cerámica importada y el establecimiento de talleres de alfareros españoles. Puebla fue el principal centro productor de cerámica no sólo de la Nueva España sino del Nuevo Mundo. En 1550, a 20 años de la fundación de la ciudad, ésta ya contaba con talleres de loza vidriada y azulejos de la que se conocería como Talavera Poblana y que, a partir de la colonia es la cerámica de mayor antigüedad y la más difundida.
Su nombre proviene del origen de los primeros artesanos y por ser copia de la producida en Talavera de la Reina, España.
Su elaboración conserva su carácter primitivo pero su decoración se ha modificado recibiendo influencias como la morisca, la china y las europeas que mezcladas con elementos locales le imprimen características únicas e inconfundibles.
En los mismos talleres se producían azulejos, recubrimiento que enriqueció a la arquitectura virreinal convirtiéndose en elemento de identidad de la imagen urbana que se conserva hasta la fecha.
Su uso se inició en la arquitectura religiosa y más tarde en la civil, se aplicaron con fines utilitarios y en detalles decorativos. Con el tiempo, se fueron utilizando en superficies de mayor tamaño hasta llegar al máximo en el siglo XVIII cuando su empleo se generalizó y combinando azulejos con ladrillos llegaron a cubrir fachadas completas. Jugando con diferentes medidas y formas geométricas, se crearon diseños de gran originalidad.
Adornaron pisos, patios, escaleras, fuentes, marcos de puertas y ventanas, etc. En las iglesias recubrían altares, torres, cúpulas y portadas hasta hacer de puebla la ciudad donde la talavera nos sale al encuentro por todas partes.
El proceso de elaboración de la Talavera es casi el mismo desde la época colonial. Los barros empleados son de dos tipos: uno negro y otro blanco, que se combinan en partes iguales.
Su preparación consiste en limpiarlo, haciéndolo pasar por un tamiz, mezclarlo y depositarlo en tinas de sedimentación hasta eliminar el agua. Este proceso de “maduración” mejora la calidad y plasticidad del barro.
A continuación, el barro “se pisa”, es decir, se amasa caminando sobre el para obtener una consistencia y humedad uniformes. Después, se forman bloques y de esta forma, es almacenado.
La producción puede ser de dos maneras: en el torno, o utilizando moldes sobre los que se colocan placas de barro. Una vez realizadas las piezas, éstas se guardan en espacios sin ventilación por largo tiempo, para conseguir un secado lento.
A continuación, se realiza la primera horneada que dura aproximadamente 10 horas.
Posteriormente, se aplica por inmersión un esmalte hecho de estaño y plomo, que será la base para la decoración.
Luego, se seleccionan los diseños y los colores. Éstos se preparan con pigmentos minerales y respetando los colores característicos de la talavera poblana.
Finalmente se realiza una segunda horneada en la que los colores adquieren su brillo y relieve característicos.
En 1999 se reconoció la cerámica de la Talavera como denominación de origen mexicano, está registrada en el Instituto de Derechos de Autor, con la siguiente definición:
Talavera: cerámica propia de la zona de Puebla, elaborada con barro y conformada por un cuerpo cerámico recubierto con vidriado estannífero, decorado con colores metálicos y trabajado manualmente en sitio.
Existen 13 talleres con denominación de origen que fabrican la Talavera asentados en los 30 municipios del valle de Puebla: Puebla de los Ángeles, Cholula, Tecali y Atlixco, algunas de las características son que las piezas se hacen con amasado de barro blanco(se extrae de la región sur oriental del valle) y negro (se encuentra en los 4 distritos), se pintan con colores minerales producidos por ellos mismos y su elaboración es 100% artesanal .La producción de la Talavera contempla 6 procesos distintos de meticulosa aplicación técnica que duran aproximadamente 6 meses.
1. Preparar la mezcla de los barros.
2. Deshidratación y amasado.
3. Moldeo de pieza a mano, en tornos de patada y moldes.
4. Jahuete o primera horneada.
5. Decoración, diseño y pintura (todo a mano con pinceles de pelo y plumas)
6. Segunda horneada a mil 50° C.











