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Santa María del Río, cuna del rebozo


Santa María del Río, en San Luis Potosí, es cuna de una de las prendas más emblemáticas de la mujer mexicana, el rebozo, pero cual es la historia de la artesanía más representativa del estado, elegante prenda que forma parte de muchos de los trajes típicos de México.

En 1572, en su obra historia de las indias, el fraile dominico Diego Durán ya hace mención del rebozo, prenda mestiza por excelencia, que nació de la necesidad que tenían las mujeres mestizas de cubrirse para entrar a los templos. Inspirándose en las tocas que los frailes impusieron a las mujeres indígenas con tal motivo, así como en los mantos que las españolas, los tejedores aprovecharon el telar prehispánico para tejer rebozos de algodón y más tarde de seda y de lana.

Las indígenas acostumbraban a hilar con uso o malacate las fibras que empleaban para tejer. Del mismo modo, trabajaban la seda y la lana sin abandonar el ixtle ni el algodón blanco ni el de color coyuebe, de origen prehispánico.

El uso del rebozo se hizo pronto muy popular. Lo hicieron suyo primero mestizas y, poco antes de terminar el siglo XVI, negras, mulatas e indígenas.

En castellano el nombre del rebozo parece sugerir el acto de cubrirse, de arrebujarse o envolverse con alguna ropa, de embozarse, lo que literalmente quiere decir “cubrirse el rostro por la parte inferior, hasta la nariz o los ojos, con la capa u otra prenda de vestir”

Al fundarse Santa María del Río llegaron frailes Franciscanos, quienes, además de instruir a los indios en la religión, favorecieron las artesanías, entre ellas las del rebozo. Fue hasta 1824 que se sembraron las primeras plantaciones de moreras en San Luis Potosí; se cultivaron cantidades modestas de seda en valle de San Francisco.

La elaboración de los rebozos de seda en Santa María del Río es una actividad familiar a la que solían dedicarse las mujeres. Los lienzos pueden ser de tres medidas, normal de 3.60 m., mediano de 2.80 m y chico de 2.20 m.

Los rebozos de Santa María del Río se realizan en talleres familiares con el procedimiento de antaño. La variedad y riqueza de sus diseños dan origen a piezas únicas, muy apreciadas como distintivo de la indumentaria de la mujer mexicana. Un secreto para descubrir si el rebozo está hecho de seda natural y no de fibras sintéticas es hacer pasar el rebozo por un anillo. Sólo los de seda natural podrán superar la prueba.

Un rebozo de seda no tendrá mejor complemento que una hermosa caja de madera taraceada como estuche. Estas primorosas cajitas son también fabricadas en Santa María del Río, que con estas dos artesanías gana un destacado lugar entre los pueblos artesanos de México