El Centro Histórico de Chihuahua capital, es uno de los sitios preferidos por los turistas locales, nacionales y extranjeros. En él se acumulan la experiencia de generaciones, mediante los vestigios de una Catedral que tardó más de 100 años en su edificación, el paso de los Apaches, la colonización y ha visto como se ha transformado un río en el corazón o joya de la Entidad, gracias a su mezcla heterogénea e incomparable, que nutre su identidad
La Catedral es Refinada, equilibrada y armónica, la Catedral de Chihuahua es considerada por muchos como la obra barroca más hermosa al norte del Trópico de Cáncer. Empezó a edificarse en 1725, pero los trabajos se prolongaron a lo largo del siglo XVIII. El proyecto se debe al alarife José de la Cruz, quien también dirigió la obra hasta su muerte en 1734. Otros personajes se harían cargo de la construcción en las siguientes décadas, pero llama la atención que aunque fueron muchos quienes intervinieron en ella, supieron infundirle una notable unidad arquitectónica. Su grandiosa portada principal es un ejemplo clásico de barroco rico. En el primer cuerpo, tres columnas y dos nichos decorados por finos relieves acompañan de cada lado al arco de medio punto de la puerta. Los relieves se vuelven aun más exuberantes en el segundo cuerpo, donde el juego de columnas, esta vez salomónicas, y nichos se repite, pero a los lados de la exquisita ventana octagonal del coro. En el tercer cuerpo, ya sólo una columna de fuste helicoidal flanquea a cada lado el relieve central donde se encuentra San Francisco de Asís, patrono original de Chihuahua. Sobre él está el agregado de un reloj y una balaustrada curva que remata con la escultura de un ángel. A los lados de la portada se yerguen las dos robustas torres de tres cuerpos para darle un aire simétrico y de gran elegancia. Las portadas laterales, ornamentadas con múltiples figuras labradas en cantera también son dignas de verse. En el interior subsiste, a la izquierda del acceso principal, el retablo de la capilla del Cristo de Mapimí, con valiosos lienzos del pintor José de Páez. En el área de la Catedral no hay que perderse el Museo de Arte Sacro, un excelente espacio cuyo acervo incluye lienzos notables de autores virreinales de gran fama como Miguel Cabrera, José de Alcíbar y Antonio de Torres. También muestra objetos decorativos de lo que fue la iglesia jesuita de Loreto, obras de arte del Santuario de Guadalupe, féretros de obispos y la silla fabricada por un artesano local para la visita del Papa Juan Pablo II. Este recinto ocupa un sótano atrás y a la izquierda de la Catedral, viéndola de frente.
Tres cuadras al noreste de la Plaza de Armas se el Palacio de Gobierno y Casa Chihuahua, emblemáticos edificios del centro cívico de la ciudad. En la manzana ubicada entre Libertad, Guerrero, Aldama y Carranza está el Palacio de Gobierno, cuya primera piedra fue colocada en 1878 por el gobernador don Luis Terrazas, para ser inaugurado en 1892. Testigo de múltiples acontecimientos políticos, en 1941 sufrió un grave incendio que acabó con los archivos históricos del estado. En su reconstrucción se modificaron varios de sus recintos y se le agregó un piso más, siempre respetando sus líneas neoclásicas de aires europeos. Dentro del Palacio se pueden ver los murales de Aarón Piña Mora sobre la historia de Chihuahua, desde el viaje de Álvar Núñez Cabeza de Vaca en 1530 hasta la Revolución Mexicana. Ahí hay también dos museos pequeños; uno dedicado a Miguel Hidalgo y Costilla, quien fue fusilado justamente donde ahora está el palacio el 30 de julio de 1811. El otro es una galería de armas antiguas.
Del otro lado del Palacio de Gobierno, en la manzana situada entre Libertad, Guerrero, Juárez y Carranza, está el Centro de Patrimonio Cultural Casa Chihuahua. Fue construido a principios del siglo XX e inaugurado como Palacio Federal con motivo de las fiestas del centenario de la Independencia de México, el 16 de septiembre de 1910. En tiempos virreinales fue ocupado por otros edificios de gobierno. De hecho aquí estuvieron prisioneros por más de tres meses el cura Miguel Hidalgo e Ignacio Allende antes de ser fusilados. Al construir el Palacio Federal se tuvo el cuidado de conservar intacto el calabozo de Hidalgo, que hasta el día de hoy se puede visitar. Casa Chihuahua funciona ahora como centro cultural y de exposiciones artísticas temporales.
A 100 metros está la Iglesia de San Francisco, edificada entre 1721 y 1741. Este sencillo templo, el más antiguo de la ciudad, cuenta con hermosos retablos. Aquí estuvo sepultado el cuerpo sin cabeza del Cura Hidalgo desde su fusilamiento en 1811 hasta 1823, cuando sus restos fueron reunidos (la cabeza había estado expuesta en la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato) y trasladados a la capital del país recién independizado.
A unas cuantas cuadras de la Plaza de Armas se encuentra una de las mansiones porfirianas más bellas del país: la Quinta Gameros. La mandó construir el minero Manuel Gameros al arquitecto y cónsul de Colombia en México, Julio Corredor Latorre en 1907. Corredor Latorre, quien había estudiado en Europa, volcó lo mejor del espíritu de La Belle Époque en esta mansión de muros de cantera, mansardas y elementos ornamentales eclécticos. La construcción culminó en 1910, pero la familia Gameros nunca pudo ocupar la casa debido al estallido de la Revolución Mexicana. Fueron más bien los jefes revolucionarios Francisco Villa y Venustiano Carranza quienes la usaron varias veces como residencia y despacho.
Desde 1958 es museo y ahora es utilizada como Centro Cultural Universitario. Su mobiliario y el decorado interior constituyen la mejor colección de Art Nouveau que pueda verse en México. Además de los muebles, llaman la atención vitrales, cariátides, tragaluces, molduras de madera y hasta delicados murales con la temática de los cuentos de Perrault en la habitación de los niños.











