Chihuahua, zona de barrancas
A su paso por Chihuahua, la Sierra Madre Occidental despliega toda su grandeza a través de altas montañas, extensas mesetas, increíbles formaciones rocosas, ríos, arroyos, pinares, cascadas, cuevas y, por supuesto, las Barrancas del Cobre, uno de los mayores y más impresionantes sistemas de cañones del mundo entero. La orografía alcanza aquí dimensiones fuera de lo común: muros verticales de roca de cientos de metros de altura, una cascada de medio kilómetro de caída, miradores en riscos que se levantan 1,500 metros sobre el fondo de las cañadas, cañones más amplios y profundos que el Gran Cañón del Colorado
Ciudad Guerrero
En la entrada de la región de las Barrancas del Cobre, y a la vez sobre el camino igualmente hacia Madera y la región noroeste del estado, se localiza este poblado cargado de historia y rincones llamativos. Fue fundado en 1676 a orillas del río papigochi como la Misión jesuita de Nuestra Señora de la Concepción de Papigochi, en ese entonces la comunidad era totalmente tarahumara, aunque con el tiempo se convirtió en un pueblo predominantemente criollo. El municipio lleva en su escudo el lema “cuna de la Revolución” porque aquí se levantó en armas en 1910 Pascual Orozco, quien el 21 de noviembre de ese año libró y ganó una de las primeras batallas de dicha revuelta armada. También aquí inició el cultivo comercial de la manzana en el estado de Chihuahua; hoy, este rumbo es la zona de producción de manzana más importante del país.
Basaseachi
La Cascada de Basaseachi da inicio a otro de los impresionantes cañones chihuahuenses, llamado Barranca de Candameña. Los ríos de esta barranca se alimentan del río Mayo, de modo que no están conectados al sistema de las Barrancas del Cobre, que pertenece a la cuenca del río Fuerte. Por siglos se pensó que Basaseachi era la caída de agua más alta del país, pero en 1995 se descubrió a sólo 8 km de ahí, sobre otro despeñadero de la barranca de Candameña, otra cascada de casi el doble de altura. Ésta, ubicada en el Cerro de la Corona, alcanza 453 metros de altura de modo que es la número once del mundo, pero sólo lleva agua en temporada de lluvias.
Creel
Por su ubicación al inicio de la zona de barrancas, por su gran cantidad de servicios (especialmente buenos hoteles), por la confluencia de varias carreteras serranas y por el paso del Chepe, este poblado es como la capital informal de la Sierra Tarahumara. Creel es un lindo sitio, con un simpático perfil pueblerino e impresionantes alrededores cercanos que vale mucho la pena visitar.
Llamado originalmente Rochivo, recibió su actual nombre en honor a Enrique C. Creel, gobernador de Chihuahua en 1907, cuando se inauguró aquí la estación del ferrocarril (en aquél entonces era la vía del ferrocarril Kansas City-México y Oriente). Por décadas dependió de los aserraderos; hoy el turismo y el comercio son sus actividades preponderantes. En 2007, recibió de la Secretaría de Turismo federal la designación de Pueblo Mágico.
Creel es un pueblo agradable, de construcciones bajas con techo de dos aguas. Su Plaza de Armas es una explanada arbolada con un lindo quiosco y un monumento a Enrique Creel. A su lado se encuentra la Iglesia de Cristo Rey y junto a ella el Templo de Nuestra Señora de Lourdes, en ambos casos se trata de sencillas construcciones del siglo XX. Al poniente de la plaza, junto a las vías del tren, se localiza el Museo Casa de las Artesanías del estado de Chihuahua, que ofrece una visión panorámica de la historia local y las costumbres de los tarahumaras, y cuenta con una amplia tienda de artesanías de la zona.
Divisadero y Parque de Aventura Barrancas del Cobre
Desde que se inauguró el Chepe en 1961, la estación Divisadero fue parada obligada en los viajes por la Sierra Tarahumara. Ahora lo es con mucha mayor razón gracias a la apertura, en septiembre de 2010, del nuevo parque de aventuras. La estación (a la que también se puede llegar en automóvil) se ubica a 2,400 metros sobre el nivel del mar, junto a la Barranca del Cobre, que aquí alcanza cerca de 1,500 metros de profundidad; abajo corre un río que algunos mapas llaman “San Ignacio” a tan sólo 900 metros sobre el nivel del mar. El Chepe normalmente hace una parada larga para que los viajeros tengan tiempo de bajar los escalones que los llevan al primer mirador, sobre el despeñadero, y disfrutar ahí de la espectacular vista. Sin embargo, los 20 minutos del receso no son suficientes para disfrutar todo lo que hay aquí. Hacia el sur de la estación, a lo largo de varios cientos de metros, continúan los miradores con panorámicas que quitan el aliento hasta llegar al más famoso: el Mirador de Piedra Volada, junto a una gran roca que, como lo indica su nombre, sobresale de lo alto del risco. Adyacente a este mirador está el Parque de Aventura Barrancas del Cobre, que ofrece media docena de opciones más para ver y gozar con la adrenalina a tope la belleza de las barrancas. El servicio más tranquilo es el del teleférico, para todo público. Con un cable de 3 km sin torres intermedias, es el tercero más largo del mundo.











