Impulsar el consumo de conejo como parte del combate a la pobreza alimentaria es una buena opción, pues en comparación con otras carnes contiene más proteína, menos grasa, es baja en colesterol, rica en aminoácidos, vitaminas B3, B6 y B12, y en varios minerales como potasio, hierro, zinc y fósforo, es fácilmente digerible y económica de producir, señaló Gabriela González Mariscal.
La científica del Laboratorio de Biología de la Reproducción del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) de Tlaxcala precisó que esta carne también resulta excelente opción para quienes desean bajar de peso.
Además, dijo, estamos hablando de un animal eficiente, pues incluso suproducción puede realizarse por mujeres, niños, ancianos o personas con discapacidad, pues los conejos son fáciles de manipular y no son agresivos.
De hecho, iniciar una pequeña producción de conejos sólo requiere de unas cuantas hembras (alrededor de cuatro) y un solo macho. Éstos se adaptan fácilmente a diversas condiciones de explotación, desde pequeñas granjas de traspatio hasta naves muy industrializadas, dijo la experta en biología de la reproducción.
La duración del embarazo y la lactancia son cortos, de 30 días cada uno, en comparación a otros mamíferos. La conversión de alimento ingerido a masa corporal del animal es mucho más eficiente que en otros animales de granja, como los bovinos, que son los peores, comentó la científica.
Sin embargo, pese a todas sus virtudes alimenticias, de producción, y a su baja promoción, de acuerdo con cifras de autoridades agropecuarias la demanda potencial es de 14 mil toneladas por año, aunque sólo se producen 4 mil, y el consumo en México es de 160 gramos por habitante.
Por lo que para Gabriela González Mariscal, si se quiere fomentar la cunicultura como alternativa para la Cruzada Nacional contra el Hambre, es necesario, además de dar créditos para impulsar la actividad, apoyar la investigación científica para poder enriquecer y contribuir a optimizar las condiciones de producción en las granjas, señaló
De acuerdo con la investigadora, se requiere crear una vinculación real ciencia-cunicultura para experimentar más y realizar estudios locales, pues en la reproducción intervienen factores como la latitud, temperatura, cepas, clima, e incluso el tipo de especie; este conocimiento permitiría mejorar la productividad.
Por ejemplo, sabemos que 90% de los conejos de las granjas en el mundo se aparean bajo el método de la bioestimulación, es decir, cancelar un episodio de amamantamiento en la lactancia para restaurar su receptividad sexual, aparearla y 24 horas después permitir que siga lactando, porque maximiza la reproducción, pero en realidad nadie sabe por qué funciona.
Países como Francia, Italia y España, líderes en cunicultura, hablan de un éxito de 80 o 90% en su producción al utilizar este método; sin embargo, en México desconocemos el porcentaje de efectividad. Otro asunto que ignoramos es si hay variaciones en esta efectividad dependiendo de la hora del día en la cual se haga el apareamiento.
Por ejemplo, sabemos que genera a diferencia de otros mamíferos comestibles como los bovinos, más críos en menos tiempo, así que tan sólo incrementar su producción en un 0.1% sería benéfico para cualquier cunicultor.
González Mariscal explicó que el conejo también es un modelo excelente desde otros puntos de vista, como el de la cronobiología, ya que sirve para estudiar los complejos mecanismos cerebrales que regulan el por qué los animales tienen comportamiento periódicos.
En su caso, la coneja amamanta una vez al día de tres a cinco minutos, por 30 días, mientras que la mayoría de los mamíferos lo hacen varias veces al día durante toda la lactancia. Esta regulación cerebral de la periodicidad circadiana es la que permite aplicar la bioestimulación, así se tiene un animal gestante y lactante, con lo que se maximiza su reproducción, dijo la experta.
Otro aspecto en el que debemos ahondar, destacó González Mariscal, es el mecanismo que regula la ovulación refleja en la coneja, que sólo lo hace en respuesta a la cópula, a diferencia de la mujer, la rata, la vaca, la oveja, el ratón, o la perra, o la mayoría de los mamíferos más comunes, que ovulan de manera espontánea; en el caso de la coneja, no desperdicia recursos si no hay probabilidad de concepción.












