Dentro de la selva de Yucatán y resguardada por manglares se encuentra la zona arqueológica de Xcambó —el lugar del Lagarto celestial—–. Fue una importante ciudad-puerto de los mayas que tuvo su esplendor durante los periodos Clásico y Posclásico y era el sitio donde se producía y comerciaba sal, y ahora está lista para su apertura oficial al público, como uno de los proyectos prioritarios anunciados por el gobierno federal.
En sus casi 100 mil metros cuadrados de extensión, cuenta con una ciudadela cerrada, donde están los siete edificios principales: El Templo al Dios del Sol, el Templo de la Cruz, el Templo de los Sacrificios, el Edificio Principal —donde vivían los gobernantes—, y edificios llamados La Gran Plataforma, de Los Comerciantes y de Las Caritas, los cuales en sus paredes estaban adornados con estuco y en algunos había mascarones, de los cuales sólo quedan fragmentos de dos en el templo dedicado al dios del Sol. Además, se encontraron 600 entierros, una ofrenda, un sacbé de 80 metros de largo. En la zona habitacional, cada basamento tiene un depósito donde se guardaba la sal y morteros para producirla.
Xcambó se ubica a 69 kilómetros de Mérida, Yucatán, y a casi tres kilómetros de la costa. Se llega por carretera y ya cuenta con un estacionamiento y nueva caseta. Desde el 17 de enero se cobran 57 pesos por boleto para ingresar, porque hasta ese día llegó el boletaje del INAH, pero la entrada debió ser cobrada a principios de año.
HISTORIA. Antes de 1996, esta zona arqueológica sólo era una serie de montículos que ocultaban la ciudadela y la zona habitacional. En ese año, más de 150 especialistas del INAH, en cuatro temporadas, comenzaron su salvamento y en 200 fue terminado.
Al finalizar los trabajos de rescate, la zona arqueológica fue de libre acceso al público y además se permitió a los habitantes de poblaciones aledañas seguir celebrando su rito religioso emanado del sincretismo entre el catolicismo y la cultura prehispánica: la adoración a la Virgen de Xcambó, pero en realidad es la Virgen de la Asunción.
Así, cada tercer fin de semana de mayo, los mayas de Dzemul, Telchah y otras comunidades realizan su procesión. “Antes de que se hiciera el rescate de la zona, ellos decían: vamos a los montes”, cuenta el vigilante del sitio, Camilo Guillén.
Y antes de que se construyera la carretera, venían por la selva en procesión ese tercer sábado, pero ahora lo hacen en camiones. El primer día acampan y pernoctan. El domingo a mediodía viene un padre y realiza la misa en maya. Después hacen un recorrido con la virgen por toda la zona arqueológica. Su ritual, explica Camilo Guillén, tiene su origen en la creencia de que la virgen se apareció en este lugar. El sitio principal de esta ceremonia religiosa es una pequeña capilla que se encuentra en lo que es el túnel de la entrada principal a la ciudadela.
Xcambó es un sitio privilegiado. En sus alrededores aún se pueden ver los estragos que dejaron los huracanes Gilberto e Isidoro, que incluso destruyeron los humedales que protegían a la zona. “Estos que puedes ver hoy tienen 12 años, pero ya cubren al sitio”, agrega Camilo Guillén
El sitio data del periodo Clásico (1,300 dC) al Posclásico (1,300 dC) y fue una de las ciudades-puerto más importantes de los mayas. Sus edificios muestran el desarrollo de la arquitectura con el estilo Petén: plataformas que se van encimando hasta que adquieren la forma piramidal. A partir del periodo clásico se comienzan a construir los edificios de la ciudadela, especialmente los dedicados a sus dioses, y entonces también se convierte en un centro ceremonial y deja de ser una aldea.
Las paredes de sus edificios tenían ornamentos de estuco —una argamasa realizada con polvo de piedra y cal—, pero hoy sólo quedan dos fragmentos que son los mascarones en el Templo de del Dios del Sol. En este sitio, no hubo esculturas en piedra o grecas.
En cuanto a la ofrenda descubierta, se encuentra en el Templo de los Sacrificios, posiblemente en honor de un personaje de la elite. Lo interesante es que contenía cinabrio, un mineral de Oaxaca. Además, aún está casi completa la Piedra de los Sacrificios.
Para ingresar a la ciudadela, se debía pasar por un túnel con un arco. Hoy existe la capilla donde se venera a la Virgen de la Asunción y la cual no tiene más de un siglo de construida.
Xcabó también fue punto de reunión de diversos pueblos originarios. Por ejemplo, en arquitectura se puede observar la influencia teotihuacana: la construcción de edificios inclinados. Además, se encontraron piezas de la región de Mezcala, Guerrero, y en los más de 600 entierros, muchos de éstos no son de mayas, sino de gente de otros lados que se quedaron a vivir o estaban de tránsito.
Por ser un centro comercial y religioso, Xcambó necesitaba de agua dulce. Actualmente se puede escarbar y a sólo 20 centímetros de profundidad se encuentra el líquido, como lo muestra un pozo excavado en una parte de la explanada de la ciudadela. Esta riqueza hídrica permitió a sus pobladores desarrollar sin problemas sus actividades, como los eran el trueque de pedernal, obsidiana, basalto y granito.
Camilo Guillén explica que tras los trabajos de salvamento, sólo se quedó un montículo, el cual tiene un basamento en su interior, para que sea una evidencia de cómo estaba el sitio antes de 1996.












