El fundador de este país, un nombre nacido en la Hacienda de Corralejo, al norte del municipio de Pénjamo en Guanajuato, fue un “criollo” novohispano, al que durante poco más de dos siglos miles de personas le han elaborado una biografía, así como una historiografía desde innumerables perspectivas y épocas, haciendo trascender su visión y proyección respecto de lo que debía ser la nación que hoy habitamos.
En tiempos en que el propio oficialismo se autoadscribe a una tradición histórica por motivo de una elección espuria y fraudulenta como lo fue la del 2024, la realidad es que la ensoñación del falso mesías tropical de ser perpetuado en la historia nacional se derrumba ante una narración como la que tiene la vida y campaña del clérigo ex comulgado, rector políglota y generalísimo Miguel Hidalgo y Costilla.
Mientras uno concibió desde el primer día la construcción de una nación con tres poderes e instituciones sólidas; el otro, el ausente, prefirió ir en dirección contraria y atentar contra las bases de la propia república. Mientras uno repartió tierras, abolió la esclavitud y verdaderamente defendió la idea de soberanía; el otro se adueñó de lo que encontró a su paso, esclavizó al electorado mexicano y tristemente defenestró el ideal de la soberanía. Resulta estéril y ociosa esta comparación entre seres tan opuestos pero uno de ellos fundó una nación y el otro aún intenta destruirla.
En este contexto es necesario evocar que fueron tres los pilares ideológicos que de acuerdo al ilustre doctor michoacano, José Herrera Peña, delinearon el proyecto de nación (mexicana) hidalguista los siguientes principios: 1) la autodeterminación de las naciones, 2) la soberanía que dimane del pueblo y 3) los derechos fundamentales. Desde su fundación como nación México no ha destruido sus basamentos, aún resistiendo tras ocho años los embates de la farsesca transformación.
Se viven sin duda los tiempos más oscuros para el país desde su fundación y en los albores de la efeméride más celebrada, la memoria del Zorro de San Nicolás ha de evocarse como arquetipo de inteligencia, como luminosidad y guía para un futuro próximo. El testimonio tangible de su ideario se puede encontrar en los 44 documentos signados durante su paso encabezando al ejército insurgente y también dejó una obra del nivel de su Disertación del Verdadero Método para estudiar Teología Escolástica. Miguel Hidalgo y Costilla se sacrificó y legó a la posteridad un proyecto cultural y un proyecto de nación, dos conceptos que fusionó en uno al conseguir la fundación el país en apenas seis meses de campaña.
Se viven tiempos en que el desprecio a la inteligencia humana se configura en todos los niveles de gobierno y círculos de poder, y al parecer, el más pillo, el más porro y el más truhán es el que está acreditado para “hacer” la política. Sí, ya “llegaron” ellos, y por qué no habrán de “perpetuarse” los que prefirieron destruir y zaherir y claudicaron en su esfuerzo por resolver hablando y razonando. Pero como quien escribe esta columna siempre ha sido un humilde optimista, para este autor el final sí es feliz: los porros no hacen historia. Y vaya que es una tremenda ironía que el país fundado por un rector sea gobernado por unos “porros”.
Finalmente para cerrar esta semana, vale la pena recordar el grito o llamado en el atrio de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, de acuerdo a la reconocida historiadora Patricia Galeana, basada en el testimonio del insurgente Pedro García, la “voz” bicentenaria se explica por sí misma:
“Compatriotas: no existen ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos llevado hace tres siglos como signo de la tiranía y de la servidumbre… ha sonado la hora de nuestra libertad… defenderla… de los tiranos…marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres… sin Patria ni libertad no podemos alcanzar la felicidad”.
Secretario de Cultura del CEN del PRI / Twitter: @CulturaCENPRI/@bismarck_ir / Facebook: Bismarck Izquierdo
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