Bien dice el dicho: dime de qué presumes y te diré de qué careces. Viene a cuento con el segundo informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, cuyo discurso estuvo recorrido por tres ejes: honestidad, seguridad y unidad. La honestidad —aderezada de austeridad, sencillez y humildad— fue presentada como fundamento de la conducta ética de los integrantes de la 4T. En seguridad, la presidenta ofreció cifras sobre la reducción de la violencia y destacó a los responsables de la estrategia mencionándolos expresamente, y cerró con un mensaje político inequívoco: “Aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. Más allá de la retórica y de los mensajes dirigidos a sus propios correligionarios, estos tres ejes parecen revelar las tres principales preocupaciones de la presidenta, quien mantiene una buena calificación general, pero la percepción ciudadana es reprobatoria cuando se revisan problemas específicos, particularmente corrupción y seguridad. Vayamos por partes: el informe puede leerse como un llamado a una unidad que no existe o que está en compleja reconstrucción, en virtud del cuestionamiento de la probidad y lealtad de importantes miembros del “movimiento” y las tensiones que ha generado la toma de decisiones sobre quiénes encabezarán los relevos en las elecciones del próximo año. Morena no ha podido concluir el proceso para definir quiénes serán sus candidatos a las gubernaturas que estarán en disputa, sólo ha cerrado 5 de 17 y ha tenido que mover en varias ocasiones el calendario que hizo público para estos efectos. Sinaloa es el ejemplo más evidente de esa tensión. La decisión sobre la candidata para esa entidad tuvo que adelantarse antes de que la “indisciplina” de Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza cundiera o los costos de un acuerdo crecieran. Las otras candidaturas siguen sujetas a negociación, incluida la relación con sus aliados. En San Luis Potosí, el PVEM impulsa a la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo, lo que incluso ha provocado advertencias de Morena sobre la posibilidad de no ir en alianza en esa entidad. Y si de unidad se trata, habrá que observar también Quintana Roo y Baja California. En el primer caso han surgido cuestionamientos sobre viajes de la gobernadora Mara Lezama; en el segundo, la gobernadora de Baja California enfrenta desde 2025 la revocación de su visa estadounidense y ha reconocido gestiones para recuperarla; para no hablar del caso de Sonora, en donde el gobernador Durazo tuvo que salir rápidamente a deslindarse de Luis Donaldo Colosio antes de que creciera el rumor de que él pudiera estar detrás de esa candidatura. Por eso, el insistente llamado presidencial a la unidad parece tener un destinatario muy concreto: las propias filas de Morena, aunque se disfrace de defensa de la soberanía. No es solamente un mensaje de cohesión ideológica, es un llamado a la disciplina cuando comienza la disputa por candidaturas que definirán buena parte del mapa político hacia el 2030. El segundo eje, la honestidad, tampoco aparece en el vacío. Sheinbaum hizo de la austeridad una bandera central de su informe, precisamente cuando se acrecientan las polémicas por el estilo de vida de muy relevantes integrantes de la 4T. Ahí aparece el episodio de los hermanos Andrés y Gonzalo López Beltrán con encumbrados empresarios con los que tienen negocios. El contraste entre el discurso de austeridad y las imágenes o informaciones sobre viajes, restaurantes, ropa, joyas y relojes de lujo resulta políticamente incómodo para un movimiento que ha hecho de la austeridad una de sus principales banderas. La lectura es inevitable; la presidenta utiliza su posición para tratar de marcar límites y, al mismo tiempo, intenta contener los excesos de quienes forman parte de su movimiento y cuyo costo puede reflejarse en las urnas. El tercer eje es la seguridad, quizá el más delicado. La presidenta colocó a Omar García Harfuch en el centro de su balance, en un momento en que la seguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones de los mexicanos. A ello se suma el llamado huachicol fiscal y las investigaciones sobre redes de corrupción y presunta participación de funcionarios y actores del crimen organizado.
El problema ya no puede reducirse solamente a la violencia en las calles. Cuando el crimen organizado encuentra espacios de penetración en estructuras públicas, aduanas, gobiernos locales o procesos electorales, lo que está en juego es la propia capacidad del Estado. Y ahí aparece también la presión de Estados Unidos. Para Washington, el problema mexicano dejó de ser exclusivamente de salud pública por el tráfico de fentanilo y otras drogas, es un asunto de seguridad nacional. La relación entre ambos países estará cada vez más condicionada por la seguridad, el crimen organizado y la capacidad del gobierno mexicano para impedir que esas redes penetren en las instituciones. En suma, los tres ejes del segundo informe, honestidad, seguridad y unidad, pueden leerse también como el espejo de las tres principales vulnerabilidades de la administración: los excesos de algunos integrantes de la 4T, las tensiones internas por las candidaturas y una crisis de seguridad que además complica la relación con Washington. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Tanto insiste la presidenta en honestidad, seguridad y unidad que, paradójicamente, ahí mismo están sus principales debilidades. El momento no podría ser más delicado a nueve meses de la elección de 2027, cuando estará en juego no solamente quién gobierne 17 estados, sino la conducción política del país y el liderazgo de la 4T.
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