Sabores que enriquecen un viaje por Costa Rica
Descubrir un país a través de su cocina es una decisión francamente deliciosa. Costa Rica tiene mucho que poner sobre esa mesa, tanto si preparas tu viaje como si piensas en tu cliente. Empecemos por el desayuno, cuando el aroma del café invita a sentarse y todavía queda todo el día por delante. Es un buen momento para probar algo del lugar y dejar que el apetito vaya sugiriendo por dónde seguir.
Lee nuestra InfografíaYo pediría gallo pinto, esa mezcla de arroz y frijoles que encuentra en el culantro una parte de su aroma. Con huevos al lado y una taza de café caliente, ya tienes una primera conversación con la cocina costarricense.
Tómate tiempo para disfrutarla. A veces basta un desayuno para que aparezcan las ganas de saber qué se come al mediodía y quién prepara eso que todavía no has probado.
En San José, esa curiosidad tiene una parada natural en el Mercado Central. Puedes recorrerlo mirando qué sirven, preguntar por la preparación del día y dejarte tentar por algo que desconocías. Vale la pena llegar con apetito. Conversar con quien cocina ayuda a elegir y le pone una voz a cada descubrimiento; después, cuando recuerdes el plato, quizá recuerdes también quién te animó a pedirlo.
Con ese ánimo, entra en una soda, como se conoce a los pequeños restaurantes de comida casera. El casado suele reunir arroz y frijoles con una proteína y acompañamientos. Pregunta qué lleva el de la casa. Hay un gusto especial en sentarse a probar la comida de todos los días y descubrir que también allí puede estar uno de los mejores recuerdos de las vacaciones.
La conversación puede continuar esa noche en una casa de 1895, en Barrio Amón. Allí, en Silvestre, los ingredientes costarricenses encuentran una interpretación contemporánea, con cocina a la leña y una carta que cambia con la temporada. El menú de degustación permite dejar que el cocinero conduzca la experiencia. La visita al mercado y la comida casera habrán despertado preguntas que ahora dan otra riqueza a la mesa.
Para disfrutar esa jornada, dale a San José tiempo dentro del viaje. Reserva la cena y deja margen para recorrer el mercado sin tener que comer mirando la hora.
Si a la mañana siguiente vuelves a pedir café y preguntas de dónde viene, tendrás una buena razón para continuar la conversación fuera de la ciudad.
En Hacienda Doka, en Alajuela, puedes seguir esa taza hasta su origen. El recorrido comienza con el semillero y los cafetales, y explica lo que ocurre después de recoger el fruto, desde el despulpado y la fermentación hasta el tueste. Al llegar a la degustación, compara los tuestes y pregunta qué aporta cada uno al café. Para presenciar la recolección, confirma la temporada con la finca: conocer el proceso no implica que la cosecha esté en marcha.
Después de probar, llegará el gusto de elegir un café para llevar a casa. Pregunta qué molienda necesita tu cafetera. Así, una mañana cualquiera, podrás volver a servir un poco de aquel viaje. El desayuno que abrió la conversación tendrá ahora el recuerdo de una finca y de las personas que te enseñaron a disfrutarlo.
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