Fue el filósofo alemán Walter Benjamin quien nos hizo ver que los avances tecnológicos habilitaron al arte para llegar a espacios antes impensables. Por ejemplo: un reproductor de mp3 nos permite escuchar, mientras rodamos en una bicicleta, al centenar de músicos que son necesarios para ejecutar la Gran Misa en C menor de Mozart. Entre muchos otros factores, fue esa portabilidad la que permitió la masificación de la música, lo que se tradujo en el nacimiento de los rockstars cuyas composiciones influyen en millones de personas. Pero ¿por qué hay canciones y relatos que trascienden su época y otros que son olvidados? ¿de dónde nacen una canción, un cuento, una novela? ¿dónde radican los misterios de la creación artística? Idos de la mente, la increíble (y a veces triste) historia de Ramón y Cornelio, novela de Luis Humberto Crosthwaite, profundiza en estas y muchas otras preguntas en clave lúdica. Publicado en 2001 por Joaquín Mortiz, el libro ha circulado bajo distintos sellos. Hace años que habita en la colección Penguin Bolsillo pero este 2026, debido al 25 aniversario de su lanzamiento, la Universidad Autónoma de Nuevo León lanzó una edición especial con bonus tracks que es preciso comentar.
Para quienes aún no conocen la novela, conviene recordar su historia: Ramón y Cornelio, tijuanenses, son amigos desde niños. Pasan los días juntos escuchando música y resolviendo crucigramas. Una tarde deciden formar una banda de música norteña. Cornelio aprende a tocar el bajosexto; Ramón, el acordeón. Sus familiares les recomiendan dedicarse a otra cosa. Pero los muchachos porfían y pasan horas tocando en los antros de la Zona Roja. El sitio, plagado de borrachos y prostitutas, tiene el mismo efecto que los bares de Hamburgo tuvieron en Los Beatles: allí, Los relámpagos de agosto hallaron su sonido. Su estilo. De pronto, la fama y el aplauso les llegan sin buscarlos. Graban tres discos de estudio y uno más en vivo. Cuando están por acostumbrarse a vivir en la cima, sobrevienen las dificultades (y aquí me callo para evitar spoilers).
Este libro no es solo la biografía no autorizada de Cornelio y Ramón: es también la historia de quienes les rodean, empezando por el mismísimo Dios quien, cansado de crear, se enfoca en componer canciones que le dicta a Cornelio, el compositor del dueto. Un Dios imperfecto que tallerea sus creaciones y que comete errores, algunos de ellos tan afortunados que merecen celebrarse. Están también Jimmy Vaquera, productor de música norteña, José Alfredo, mítico cantautor vernáculo, Carmela Rafael, especialista en poesía japonesa, Yéssica Guadalupe, exreina de belleza sonorense, así como el señor Velasco, animador de televisión que se jacta de impulsar o destruir las carreras de músicos y cantantes.
Pero Idos de la mente no sólo es el qué, es sobre todo el cómo. La versatilidad de Crosthwaite se traduce en un mosaico de relatos breves y pequeñas postales. Así, la novela echa mano de distintos formatos para tejer un collage formado por cartas, citatorios judiciales, playlists e incluso boletines de compañías disqueras. Bajo la superficie se agazapa otro libro mitológico del que muchos hablan pero muy pocos han visto: la serie de conversaciones que el poeta Abigael Bojórquez sostuvo con Ramón y Cornelio, titulada Truenos y relámpagos.
Bajo el barniz sarcástico con que el autor construye las voces narrativas, existe una entrañable defensa de la vocación artística. Idos de la mente fusiona el universo de la música norteña con el de la literatura mexicana, es por ello que Los relámpagos suelen ejecutar en sus conciertos corridos y polkas como Los dos amigos, Flor de capomo, Piedra de Sol y Muerte sin fin. Bien avanzada la novela, los lectores nos enteramos de que Dios recuerda con añoranza “aquella época en que (los productores) no existían, cuando escribir una canción solo era escribir una canción, un placer, un deleite impostergable”. Cuando el Todopoderoso reflexiona “maldito Edison. Sabía que ese aparato no iba a servir para nada”, nos mete de lleno en aquello que Walter Benjamin aborda, pues nos recuerda que en las reproducciones artísticas la materialidad es importante, y que si bien se pierde el aura de la obra (es decir, su contexto), se gana alcance.
En el prólogo, el editor Andrés Ramírez cuenta cómo conoció a Crosthwaite y qué fue lo que le decidió a ofrecerle un contrato por tres libros. También hace énfasis en que las primeras publicaciones de Crosthwaite se publicaban “marginalmente, como todo lo que se publicaba lejos del centro. Este centro tan ignorante de sus márgenes, periferias, recovecos”. No es menor el asunto. Quizá aún más que sus primeros relatos, Idos de la mente fue, en 2001, una apuesta por lo marginal: no sólo porque tomaba como eje la música norteña (que en ese momento aún era vista con recelo por su carácter popular), también porque echaba mano de lenguajes y sensibilidades que resultaban muy distintas de lo que el canon literario proponía. No es casualidad que por aquellos años se publicaran otras novelas clave como Un asesino solitario de Élmer Mendoza (1999) y Transpeninsular de Federico Campbell (2000). Aunque no lo sabíamos, estaba a punto de abrirse una de las etapas más violentas en la historia de nuestro país, lo que pondría al norte en la mira del resto de México y el mundo.
Mención aparte merecen los otros bonus tracks incluidos en la edición especial de la UANL: al texto original de la novela le acompañan breves capítulos escritos por Ave Barrera, Martín Solares, Karla Rojas, Julián Herbert, Atenea Cruz, César Gándara y Magali Velasco, entre otros. También trabajos escritos por académicos tan prestigiosos como Brian Price, Mónica Torres Torija, Elena Ritondale y Tarik Torres Morija. La crónica en donde Santiago Vaquera-Vásquez narra el viaje por carretera de Tijuana a la Ciudad de México que hizo con Crosthwaite se lee con la avidez de un detrás-de-cámaras. “Esta edición no solo conmemora el azaroso viaje de Ramón y Cornelio, también celebra una voz y una literatura”, sostiene Antonio Ramos Revillas en la cuarta de forros. Imposible no estar de acuerdo.
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