ÚLTIMA HORA
Torre Eiffel cierra sus puertas por huelga nacional en Francia; museos de París también reportan afectaciones Magnicharters, de los cielos a la quiebra ¿Tu empresa te impone un banco para cobrar la quincena? Puedes llevarte tu sueldo a otro gratis y sin pedir permiso Milei dice en Madrid que socialismo y fascismo son lo mismo: ‘Ambos concentran el poder en una minoría’ ¿Necesitas regresar a Venezuela y tienes el pasaporte vencido? Así puedes pedir un salvoconducto Galilea Montijo habla de Inés Gómez Mont tras su detención en Miami; “Hay unos niños que yo adoro” Prometheus nunca llegó Invierno en Yukón Las 10 empresas de EU que encontraron en México un negocio de billonario, de Walmart a Costco y General Motors Tiroteo en las oficinas de Citigroup deja 2 muertos: Fallecen víctima y agresor en Floria, EU
4 min de lectura

Right now, we face the choice of whether to start an AI arms race…

Max Tegmark, *Life 3.0*, 2017, p. 63

En 2017 Max Tegmark abrió *Life 3.0* con una fábula. Un equipo secreto, los Omega, crea una inteligencia artificial y la bautiza Prometheus, como el titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres que él mismo había moldeado con barro. La máquina gana su primer dinero en un mercado de microtareas: "Su primer objetivo fue MTurk, el Mechanical Turk de Amazon" (p. 14). Después produce películas y series. "A los dos meses habían rebasado a Netflix" (p. 21). Nada de eso pasó. Ninguna máquina se volvió superinteligente ni tomó el poder. Lo que sí cambió fue el mapa: casi todos los lugares por donde pasa la fábula son noticia en 2026.

Amazon cerró Mechanical Turk el 30 de septiembre de 2026 (CNBC). El mercado donde personas hacían, por centavos, el trabajo que las máquinas todavía no podían hacer se apagó solo. No hizo falta una superinteligencia.

En octubre de 2025, Netflix anunció que iba con todo hacia la IA generativa (TechCrunch). En julio de 2026 informó a sus accionistas que cerca de 300 títulos usaron herramientas de este tipo, sobre todo en posproducción (Consequence). OpenAI descontinuó Sora: la app el 26 de abril y la API el 24 de septiembre de 2026 (OpenAI).

En el libro, Tegmark reproduce la carta abierta de 2015 que organizó su instituto y que presentaron Stuart Russell y Toby Walsh: las armas autónomas "serán los Kalashnikov del mañana" (p. 148). En septiembre de 2026, los 128 Estados parte de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales acordaron los elementos básicos para definirlas (Representación de Italia). Todavía no hay tratado. La conferencia de revisión será del 16 al 20 de noviembre, en Ginebra (ONU).

La carrera que temía ocurre entre empresas. Mrinank Sharma renunció a Anthropic en febrero advirtiendo que "el mundo está en peligro", y se fue a estudiar poesía y a dedicarse "a la práctica de hablar con valentía" (Forbes). Jacob Coxon renunció en septiembre: "Están corriendo directo hacia una superinteligencia que se mejora a sí misma, y apostando con nuestras vidas" (TIME). Alinear las metas de una máquina con las nuestras "es hoy un problema sin resolver", escribió Tegmark (p. 334). En septiembre de 2025, OpenAI y Apollo Research redujeron unas 30 veces la conducta engañosa de sus modelos (OpenAI). El laboratorio lleva nombre de dios: Apolo era la luz, el que mandaba la peste con sus flechas y el que la curaba. Esta vez la flecha curó a medias, porque quedaron fallas raras y serias.

También previó que la tecnología permitiría a "quienes son dueños de las máquinas quedarse con una tajada creciente del pastel" (p. 156). Anthropic y OpenAI suman 89 % de los ingresos de las 34 startups de IA más grandes que sigue The Information (Seoul Economic Daily). El FMI ya cuenta una corrección en el mercado de IA entre los riesgos de la economía mundial (World Economic Outlook Oct. 2026).

Al final, el libro da un consejo de carrera. Entre las "apuestas relativamente seguras" incluye la de programador (p. 158). Según el AI Index 2026 de Stanford, el número de desarrolladores de software de 22 a 25 años bajó entre 2021 y 2025, mientras la mayoría de los grupos de mayor edad crecía (Stanford Human-Centered AI).

Antes de la IA, el trabajo que la industria de Estados Unidos y Europa no quería hacer ya viajaba a India. A mediados de los noventa, el miedo al error del año 2000 mandó allá la revisión de millones de líneas de código viejo, y con esos márgenes crecieron las empresas que después se quedaron con el mantenimiento de medio mundo (Wikipedia). En el año fiscal 2025, la industria tecnológica india facturó más de 280 mil millones de dólares y empleó a cerca de 5.8 millones de personas, según Nasscom (DD News). Ahora muchos de esos programadores pasan a auditar lo que escribe la IA (The New Indian Express). La maquila cambió de obrero.

Para el freelance mexicano que vive de traducir, programar o redactar, el mapa importa más que el final. El trabajo cognitivo que se vende por pedido es el primero en cambiar de precio, y buena parte del pastel se va a dos laboratorios de Estados Unidos. Según la ENOE del Inegi, en septiembre de 2026 había 13.4 millones de personas trabajando por su cuenta, más de una de cada cinco ocupadas (Inegi). Una parte hace trabajo cognitivo, y el volumen ya está ahí.

El #ruidoblanco es esperar a Prometheus mientras el mapa cambia sin él. El fuego se repartió sin titán, y el barro sigue en la oscuridad: el programador de 22 años, el que audita en Bangalore, el freelance que cobra por pedido.

Tegmark acertó en los lugares y se equivocó en la causa: para llegar a ellos no hizo falta una superinteligencia. Donde más falló fue en su propio consejo de carrera.

@ricardoblanco

La opinión es personal y no refleja la del medio ni la de la empresa para la que trabaja.

ricardo [at] mrwhite.world


Contenido sindicado vía RSS de El Universal Opinión. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/ricardo-blanco/prometheus-nunca-llego/

Publicidad
Nota sindicada de El Universal Opinión · Leer la nota original ↗
Escrito por
El Universal Opinión
Fuente externa · Sindicación RSS · Carta de México

Contenido sindicado vía RSS desde El Universal Opinión. Los derechos pertenecen a su editor original.