Este triunfo “es una bocanada de aire fresco” para América Latina: Sheinbaum
Luiz Inácio Lula da Silva se convirtió en el primer candidato en la historia reciente de Brasil en revertir una primera vuelta negativa y alzarse con un triunfo contundente en la segunda, al vencer a su opositor por más de cuatro millones 430 mil votos: casi 64 millones 256 mil brasileños le dieron el triunfo.
Con este, serán cuatro los períodos en que Lula estará gobernando el país sudamericano, luego de 12 años de hacerlo en distintos momentos (cada administración es de cuatro años).
Proveniente del histórico Partido de los Trabajadores (PT), su alianza “Brasil listo para más”, con el Partido Socialista Brasileño y otras fuerzas de esa tendencia, dio los números suficientes, luego de una primera vuelta cuyos resultados multiplicaban los pronósticos de derrota frente al senador de ultraderecha Flávio Bolsonaro.
Se conjuntaron la reducción de la jornada laboral a 40 horas, la promoción férrea —entre los sectores populares— de los programas sociales y un buen desempeño en el último debate frente a su contrincante para sacar la elección a su favor… aparentemente.
Un factor sorpresa, el poder de lo inesperado
En política, tres semanas suelen alcanzar para un escándalo o para un debate. En Brasil alcanzaron para algo mucho menos frecuente: invertir el marcador de una elección presidencial.
Tras los sombríos resultados de la primera vuelta, la alianza izquierdista cambió de táctica, una que regularmente no va con esta corriente que apuesta más al territorio que al efectismo, y le entregó buena parte de la conversación digital a un legislador de Minas Gerais.
El diputado André Janones, de 42 años, al que Lula llamó su “General”, tomó en serio su teléfono inteligente e hizo que el “Exército do Lula” pasara de 50 mil miembros, a la salida del primer ejercicio electoral, a 11 millones de personas registradas al día de la votación definitiva.
Traducido a ritmo diario, el canal de WhatsApp del diputado incorporó, en promedio, más de medio millón de personas por cada jornada de campaña.
Hubo tramos en los que duplicó su tamaño en poco más de una semana: de 4 millones a mediados de mes pasó a 8 millones el 22 de octubre y a 10 millones apenas un día después.
Con esa escala, un mensaje publicado por un solo administrador llegaba en segundos a más personas que la población completa de Uruguay, Paraguay o Costa Rica.
Tareas prácticas para hacer resonar el discurso
La diferencia no estaba en el contenido, sino en la instrucción.
Cada mensaje del canal pedía algo medible: reenviar un video, empujar una etiqueta contra Flávio, teclear en Google una búsqueda favorable al presidente o sumarse a una tendencia, como la foto del voto con la bandera nacional y la “L” formada con los dedos.
En la recta final, la pantalla se volvió escenario: transmisiones en vivo con Lula y figuras de la cultura, una de ellas sostenida durante todo el día previo a la votación, y convocatorias para trasladar la movilización a las plazas.
El seguidor dejó de ser público y pasó a ser operador.
La estrategia de Janones, que ya había probado antes su éxito en Facebook, dio a la campaña velocidad y disciplina cuando más las necesitaba.
Mostró que ganar no requería ninguna sofisticación; el asunto era usar el celular y grabar como cualquiera lo hace, hablar claro, despertar emociones y fijar agenda, antes que enredarse con los contenidos de los de enfrente.
Una especie de comunicación política comunitaria con la que Janones ya fijó la próxima meta: llevar la aprobación presidencial al 90 %.
Saluda la presidenta de México el triunfo de la izquierda en el gigante sudamericano
Ni Estados Unidos ni sus aliados de derecha y ultraderecha en el continente pudieron celebrar esta vez, como sí pasó no hace mucho en Colombia.
Y para no salir del terreno digital, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó en su cuenta de X “mucha alegría” por el triunfo de Lula, a quien llamó para felicitarlo y acordar reunirse pronto.
Antes, el mandatario brasileño había escrito en la misma plataforma: “Muchísimas gracias querida, presidenta (…). Esta no es solo una victoria del pueblo brasileño, sino de todas las democracias latinoamericanas. ¡Seguiremos juntos para defender nuestras soberanías (…)!”.
Desde el lunes 26 de octubre, la mandataria mexicana dijo en su conferencia de prensa que el triunfo de Lula “es una bocanada de aire fresco para América Latina y el Caribe”.
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