El origen de la obra de teatro No fue penal es un relato de Juan Villoro en el que un entrenador platica con sus jugadores en el área técnica y les cuenta la historia de una lesión que tuvo junto a un amigo, mientras que la otra visión, la de ese amigo que es videoárbitro y ahora lo juzga desde el VAR, también se desarrolla. El mismo hecho contrapuesto por dos puntos de vista antagónicos, dos extremos en la cuerda del conflicto, explicó Villoro en entrevista.
“Ese era un propósito. Cuando esto se convierte en teatro, porque el futbol me parece muy teatral y la historia ocurre en tiempo real, uno está gritando en su área técnica, el otro lo está juzgando en su cuarto de árbitro, entonces entrecrucé las voces y se someten ambos a un diálogo. El gran desafío teatral es que este diálogo no ocurre de manera directa, sino que sin tocarse, sin verse, sin estar en el mismo sitio, uno está hablando para el otro y están respondiéndose con lo que uno dice en el cuarto del VAR y el otro dice a nivel de cancha en su área técnica”, afirmó el más reciente ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español 2026.
Desde un punto de vista futbolístico, la trama surgió por la lesión que tuvo Alberto Onofre, jugador de Chivas, a quien Villoro describe como el mejor que había en el futbol mexicano en 1970. “En la última jugada del último entrenamiento previo al Mundial se fracturó la tibia y el peroné. Eso fue traumático para mi generación. Yo tenía 14 años y ahí acabaron los sueños de que México hiciera un buen papel en el Mundial de México 70, del que éramos anfitriones. A lo largo de los años me quedé pensando en qué pasaría si los dos futbolistas que fueron protagonistas de esa lesión, que sacó para siempre del futbol mexicano a un crack, volvieran a encontrarse muchos años después en una nueva situación de duelo”.
Este incidente desafortunado le sirve a autor de El testigo para reflexionar sobre la amistad y la enemistad, y cómo, en sus palabras, se reaviva la tensión de un tema eterno en el que las energías por las que quieres a alguien pueden, en cualquier momento, invertirse y esa persona a la que quisiste tanto ahora es un enemigo.
“En No fue penal hice que se volvieran a encontrar los que habían protagonizado una jugada que había lesionado a uno y el que fue su verdugo ahora puede ser su víctima porque el que fue su verdugo, muchos años después, es un entrenador que se juega el descenso con su equipo y el que fue su víctima es el videoárbitro que puede juzgarlo”.
Ese encuentro, muchos años después, sirve como ajuste de cuentas donde uno de ellos posee ahora la condición de ser el juez del otro. “A todos nos han pasado este tipo de circunstancias. Para alguien que está pensando en la experiencia humana, la pregunta central es quién es culpable y quién es inocente. Esa es la pregunta esencial. En esta situación, en esta tensión de amistad-enemistad, ¿quién es culpable y quién es inocente?”
No fue penal, obra dirigida por Antonio Castro y escrita por Juan Villoro, puede verse hasta el 25 de noviembre, los martes y miércoles, a las 20:30 horas, en el Foro Lucerna del Teatro Milán. El elenco está conformado por Martín Altomaro y José María de Tavira.
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