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El caso Taddei se ha vuelto emblemático en muchos aspectos. Muestra con claridad cuál es el nivel de degradación del servicio público a la sombra del régimen de la nueva hegemonía, señala de forma muy clara la obscenidad de la nueva mafia gobernante y, sobre todo, muestra cuál es la estrategia a seguir en la gran mayoría de los casos de temas delicados o peligrosos para el gobierno y su partido, siendo la misma desde el sexenio pasado: Minimizar los efectos u actores, distraer la atención con nuevas crisis artificialmente provocadas (culpando al pasado, es la favorita) y exculpar parcial o totalmente a los actores involucrados en los fallos, corruptelas, abusos e ilegalidades.

En pocos días, en gran medida gracias a la presión periodística ejercida desde hace meses, se pasó de defender a la Guadalupe Taddei y su desempeño al frente del Consejo General de INE a buscar, de forma ridícula, culpar a otros de las acciones que muestran una gran operación de conquista y degeneración del sistema electoral, tanto federal como a nivel estatal.

La renuncia de Taddei no debe ser el final de esta historia. Sin embargo, la maquinaria de construcción narrativa del actual régimen se ha echado a andar, siguiendo el guion para realizar un control de daños que se antoja casi imposible.

El primer paso en el caso que involucra a la exconsejera presidenta fue tratar de minimizar su impacto. Diversas voces se alzaron diciendo que, como buena militante de izquierda (algo incompatible con su función al frente del INE) ella se hacía un lado para no dañar la credibilidad del INE y resguardar el proceso electoral en curso.

También, en su primer movimiento de esta maniobra, se sumó la presidenta en una mañanera, aunque desde un ángulo diferente: trató de equiparar los señalamientos de una relación íntima y personal entre una funcionaria pública de alto nivel con uno de sus proveedores a una campaña misógina, haciendo a un lado el hecho de que esa relación es la que promovió la serie de irregularidades y corruptelas en las cuales la exfuncionaria, nombrada por la mayoría morenista, incurrió.

Y ese fue el otro pilar del efecto Taddei sobre el sistema electoral que el oficialismo ha buscado ocultar, el papel que el partido fundado por AMLO tuvo en la designación de la primera mujer al frente del INE. Y es que se ha barrido bajo la alfombra el hecho de que el comité técnico de selección, con la marcada excepción de Maite Azuela que emitió un voto particular y ha divulgado el funcionamiento parcial y sometido a políticos morenistas de dicho CTS, funcionó como filtro de candidaturas mucho mejores, pero con mayor independencia del poder. De igual forma se obvian actitudes de prepotencia e injerencismo en el proceso por parte de los legisladores del bloque oficial.

Basta recordar a Hamlet García Almaguer declarando a los medios que solo MORENA decidiría quiénes serían los nuevos integrantes del Consejo general del INE, es decir uno de los suyos.

Y de la destrucción interna realizada por Taddei al nombrar perfiles que no eran correctos o capaces en puestos claves del INE, gracias a los súper poderes de la iniciativa del legislador Sergio Gutiérrez Luna, o de la designación de consejeros y consejeras en diversos OPLES durante la gestión taddeísta y su posible efecto corruptor, ni se habla en el discurso oficial.

La etapa siguiente es la distracción. La línea la marcó la presidenta desde el púlpito de todos los días en Palacio Nacional, iniciando con la misoginia y continuando con el viejo recurso de culpar al pasado.

Siguiendo el método del sexenio previo, en que la culpa de todo lo que no sale bien o de lo que se arruinó con ocurrencias y falta de oficio de gobierno sirve para incriminar al pasado, ahora se trata de distraer de la inmundicia que Taddei deja tras de sí en el INE buscando que se mire a otro lado, especialmente a Lorenzo Córdova, con tal de ocultar la supernova actual con un dedo.

Y así, de acuerdo con la narrativa oficial, la culpa de que se calcule que el CO controla el 30% del territorio nacional es culpa del llamado Borolas y no del Peje con sus abrazos a la delincuencia o de que México esté endeudado por el Fobaproa zedillista y no por una deuda pública duplicada en 8 años de despilfarros, ahora se plantea que todo esto es, risiblemente, culpa de la anterior presidencia del INE, de Córdova Vianello.

De nuevo, esta fase de control de daños olvida, convenientemente, que el personaje que encarna el interés amoroso de Taddei y era un proveedor que daba órdenes a la estructura del INE para dar fallos y recibía contratos irregulares, es un pasivo que la expresidenta del CG cargaba desde sus tiempos como cabeza del OPLE de Sonora.

Es interesante ver esta etapa particular del intento por distraer la atención de la sociedad también parece estar ocurriendo desde adentro del INE, en específico en la mesa del Consejo General. Una de las situaciones que se han dado es la de los apasionados discursos democráticos, en boca de consejerías que se mostraban constantemente alineadas en votaciones con Taddei. Incluso se ha mencionado una serie de amenazas (hasta el momento de escribir este texto) sin pruebas, ni voluntad para denunciarlas, “si no se repiten”. Los consejeros Espadas y Bell, así como la nueva presidenta del CG son buenos ejemplos.

Finalmente, exculpar.

Así como este régimen es capaz de incumplir acuerdos internacionales en materia de justicia y extradición, como en el caso de Rocha Moya, o de arropar personajes señalados como agresores, “no estás solo” Cuau, parece ser que la exculpación de Taddei, ya está pactada.

Y con eso se mantendrán a salvo los Magistrados del TEPJF que avalaron las decisiones corruptoras de su gestión, el accionar de los directores y funcionarios en la estructura del INE nombrados por ella y que, poco a poco, se han visto envueltos en contrataciones fraudulentas y designaciones de parejas o amigos que no cubrían el perfil del puesto que se les otorgaba.

También, con la clara línea desde el poder, se olvidará revertir la concesión de super poderes a la presidencia del INE, olvidando el diseño de una institución colegiada que fue referente mundial, así como el papel de levanta dedos de los legisladores.

Ya lo dijo AMLO en su momento, Taddei no actuó como Córdova, pero el morenismo si está mostrando toda su herencia autoritaria y de complicidades, muy digna del ADN autoritario, populista y priista de su fundador y líder moral.

Y falta por ver quien ocupará la cabeza de la Herradura de la Democracia hasta 2032.

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dft


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El Universal Opinión
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