Texto: Liza Luna
Ataviado con un elegante abrigo, una gran corbata de moño, sin bigote y apenas dando sus primeros pasos como estrella del Cine de Oro Mexicano, Pedro Infante dijo “por mucho que sufriéramos los mexicanos con los malos gobiernos, no podemos tolerar que vengan extranjeros a mandarnos”.
Esa frase era diálogo de Mexicanos al Grito de Guerra, cinta de 1943 bajo la dirección de Álvaro Gálvez y Fuentes, producida por los Hermanos Rodríguez. Se trató de la “historia del Himno Nacional”, con un superficial vistazo a cómo Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó crearon nuestro principal cántico patrio, aderezado con una historia de amor y chuscas representaciones del siglo XIX.
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Aunque el ánimo de los años 40 era patriótico y nacionalista, y a pesar de contar con luminarias como Lina Montes, Miguel Inclán y Armando Soto La Marina “Chicote” entre su elenco, Mexicanos al Grito de Guerra tuvo una pésima recepción y la acusaron de “innumerables falsedades históricas”.
Fue el primer protagónico importante en la carrera de Pedro Infante
Desde sus primeros fotogramas, la cinta advierte a su público que “no pretende ser una lección de historia. Es un relato imaginario en el que se mezclan muchos personajes y escenas auténticas, destinada a exaltar a los héroes de aquella memorable jornada del 5 de mayo, en la que se mostró airosa toda la grandeza de la Patria, cantada en las vibrantes estrofas de nuestro himno nacional”.
“Para los autores de este canto glorioso, Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó, con los que México tiene una deuda eterna de gratitud, va el homenaje de esta obra consagrada respetuosamente a su memoria”, se leyó en la presentación. A pesar de tan noble intención, la crítica del momento consideró que la cinta se quedó corta.
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El protagonista era Luis Sandoval, un patriótico aprendiz de trompeta bajo la tutela de Jaime Nunó, interpretado por el entonces “tenor de la pantalla”, Pedro Infante; esa fue su primera aparición estelar tras dominar las ondas radiofónicas.
Este humilde hombre se enamora de Esther Dubois –papel para la actriz Lina Montes–, una joven mexicofrancesa, sobrina de un conspirador de Napoleón III. Su cercanía con la aristocracia que prepara la invasión de México provoca un conflicto con el patriotismo de Sandoval.
De forma paralela, el personaje de Pedro Infante unió las historias de Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó en su proceso para crear un cántico que hermanara a los mexicanos. La cinta concluye con la Batalla de Puebla contra los franceses, donde los soldados entonan el Himno Nacional para exacerbar su espíritu patriótico.
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Según sentenció el diario texano, El Tucsonense, en su edición del primero de noviembre de 1957, "la película [Mexicanos al Grito de Guerra] exaltó a los héroes mexicanos y trató de la historia de la patria, pero el argumento no fue gran cosa".
Esta cinta no se fue con medias tintas y retrató a “los malos” como insulsos, soberbios y odiosos, como ocurrió con todos los personajes franceses y con Antonio López de Santa Anna, interpretado por Salvador Quiroz.
Por el contrario, “los buenos” eran muestra de honradez, humildad y rebosante sabiduría, como Benito Juárez, personificado por Miguel Inclán y considerada la mejor actuación de la película.
La dirección de Álvaro Gálvez y Fuentes y la asesoría del historiador Jesús Sotelo Inclán hicieron un esfuerzo por posicionar a su audiencia en el México de 1853 a 1862, a través de la vestimenta, costumbres y algunas vivencias de la época.
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Una de esas referencias nos remitió a enero de 1854, cuando el dictador Santa Anna estableció el impuesto por “contribución de luces exteriores”, es decir, cobró a cada casa por tener ventanas o puertas. Mexicanos al Grito de Guerra ofreció un vistazo cómico al respecto, con la población lidiando con tan absurdo lineamiento.
Otra representación que debemos destacar en la cinta de 1943 involucró la presunta forma en que Francisco González Bocanegra escribió los versos del Himno Nacional.
El 10 de octubre de 1942, los descendientes del poeta potosino relataron a EL UNIVERSAL la “inteligente y femenina argucia” que cometió la entonces novia y prima de González Bocanegra, Guadalupe González del Pino, para forzarlo a concursar en la convocatoria lanzada por Santa Anna para presentar un himno: lo encerró en una habitación por horas hasta que le entregara los versos.
Según dijeron a este diario, el hábil poeta permaneció bajo llave en el número 6 de la entonces calle de Santa Clara (ahora Tacuba), hasta que tuvo lista su propuesta y la pasó por debajo de la puerta para que su novia aprobara su libertad. Esa anécdota apareció en Mexicanos al Grito de Guerra, aunque hoy en día se discute su veracidad.
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La cinta de Álvaro Gálvez y Fuentes se tomó ciertas libertades con los hechos históricos, pues no sólo los autores del Himno Nacional jamás se conocieron, sino que su composición no representó gran importancia durante el mandato de Benito Juárez, como se quiso mostrar en la trama.
No la bajaron de “antipática” y “falsa”
La ópera prima de Álvaro Gálvez y Fuentes se estrenó en el Cine Alameda, primero con una función especial por el 15 de septiembre de 1943, a la que acudieron 10 mil espectadores y días después con su presentación formal el 21 de octubre, justo cuando se cumplió el primer aniversario de la oficialización del Himno Nacional.
Sólo duró una semana en el cine de Avenida Juárez y para la primera mitad de 1944, las pantallas del Goya, Odeón, Roma y Rivoli también la proyectaron durante algunos días. En la promoción para los cines capitalinos, se aclaró que Mexicanos al Grito de Guerra no era propaganda, sino “suprema glorificación del himno patrio; una estampa romántica del México de nuestros abuelos”.
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Pero no se puede ignorar que Producciones Rodríguez Hnos. agradeció al entonces presidente Manuel Ávila Camacho, y al expresidente y entonces secretario de Defensa, Lázaro Cárdenas, por su “gran ayuda que prestaron para la realización de la película”.
Es necesario divisar el contexto que vivía México en aquel 1943. La declaración del Estado de Guerra contra el Eje Berlín-Roma-Tokio, en la Segunda Guerra Mundial, tenía un año vigente; la primera generación de conscriptos reclutados por el Servicio Militar Obligatorio estaba por graduarse y la población permanecía en alerta constante ante cualquier ataque enemigo.
Según describieron los reporteros de EL UNIVERSAL, Julio Quijano y Gamaliel Luna en 2004, “los cineastas mexicanos filmaron varias películas [en los años 40] enfocadas en ensalzar la idea de la patria mexicana”, pues era necesario fortalecer la lealtad nacional frente a la Segunda Guerra Mundial. Era un “patriotismo nuevo para nosotros, porque hace desaparecer las diferencias sociales y crea un espíritu fraternal”, sostuvieron.
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Entre los filmes que representaron narrativas patrióticas estuvieron La Guerra de los Pasteles, El Padre Morelos, El Rayo del Sur y Una Carta de Amor. Ésta última la protagonizó Jorge Negrete y tuvo un impresionante estreno el 20 de noviembre de 1943 en el Palacio Chino; la trama también aprovechó la segunda intervención francesa de 1862, lo que generó inevitables comparaciones con Mexicanos al Grito de Guerra.
La crítica cinematográfica del 28 de noviembre del 43 en EL UNIVERSAL afirmó que Una Carta de Amor “borró la mancha que dejó caer en nuestro cinema el bachiller Álvaro Gálvez con su película que lastimó a los franceses que han vivido entre nosotros largos años y han hecho, de la nuestra, su segunda patria”.
El éxito de Una Carta de Amor sirvió de pretexto para acusar a Mexicanos al Grito de Guerra de provocar “antipatía” contra los franceses y de ser “ruin, porque hace leña del árbol caído y no hay privanza del decoro al reconocer los altos méritos de Francia”. Retratar a los galos como traidores, egocéntricos y hasta ignorantes le salió caro.
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Por si fuera poco, la cinta de Álvaro Gálvez y Fuentes también lidió con el rechazo de los mismísimos familiares de Francisco González Bocanegra.
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