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La arquitectura es música congelada. Lo dijo Friedrich von Schelling; Johann Wolfgang von Goethe lo diseminó; Arthur Schopenhauer lo glosó. Frase afortunada, sin duda, a la que bien puede añadirse su contraparte lógica: la música es arquitectura en movimiento. Estos conceptos fueron el cimiento de un reciente concierto del Ensamble del CEPROMUSIC que, bajo la dirección del siempre acucioso José Luis Castillo, se realizó en el Lunario del Auditorio Nacional en homenaje al gran arquitecto mexicano Teodoro González de León (1926-2016), quien además fue un melómano de altos vuelos, con gustos eclécticos y gran conocimiento de causa, con un especial gusto por la música moderna y contemporánea, que conocía a fondo. El Lunario no es el hábitat natural del CEPROMUSIC, pero vale recordar que la remodelación del Auditorio Nacional y sus instalaciones conexas fue realizada por González de León en complicidad con su colega Abraham Zabludovsky. Claro, el público no fue la clientela usual del CEPROMUSIC; aquello fue más una función social que estrictamente musical, pero sus resultados artísticos fueron de primer orden. Lástima que el 90 por ciento del público invitado ni se enteró de la calidad de la música que le fue ofrecida esa noche.


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