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Manuel Jiménez Ramírez encontró en un pedazo de madera la posibilidad de reproducir los animales que había observado desde niño en los alrededores de San Antonio Arrazola. Con el paso de los años, aquellas figuras se transformarían en una expresión artesanal reconocida dentro y fuera de Oaxaca, y su trabajo sería considerado fundamental para el desarrollo de la tradición contemporánea de las tallas de madera en esta región.

Don Manuel nació en 1919 y desarrolló buena parte de su vida y su trabajo en San Antonio Arrazola, comunidad perteneciente al municipio de Santa Cruz Xoxocotlán y situada muy cerca de Monte Albán. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) lo reconoce como uno de los pioneros de la talla en madera oaxaqueña, un oficio que posteriormente encontraría continuidad en su familia y se extendería entre otros artesanos de los Valles Centrales.

De los animales que cuidaba a sus primeras figuras

La historia de sus tallas comenzó mucho antes de que su trabajo llegara a exposiciones y colecciones. De acuerdo con la memoria conservada por su familia, cuando Manuel Jiménez tenía alrededor de ocho años su padre le encargaba llevar a pastar los animales en las cercanías de Monte Albán.

Durante aquellas jornadas comenzó a modelar con barro las figuras que tenía frente a sus ojos. Novillos, burros, chivos, perros, conejos y coyotes se convirtieron en algunos de sus primeros modelos.

La observación de los animales permanecería como una característica importante de su obra, pero el barro tenía una limitación evidente: las pequeñas piezas se rompían con facilidad. Manuel comenzó entonces a buscar un material que le permitiera conservarlas durante más tiempo.

Durante la década de 1940, Manuel Jiménez vendía algunas de sus pequeñas esculturas en Oaxaca por apenas unos centavos. Facebook Museo de las Culturas de Oaxaca.

La respuesta estaba en la madera. Probó diferentes tipos hasta desarrollar su trabajo con madera de copal, un material que terminaría estrechamente relacionado con la tradición de las tallas de los Valles Centrales de Oaxaca.

A partir de ahí, las figuras adquirieron nuevas posibilidades. Don Manuel talló animales, personajes, nacimientos, máscaras y otras representaciones surgidas de su capacidad para observar una forma dentro de cada trozo de madera.

Las tallas de Don Manuel Jiménez comienzan a recorrer México

Durante la década de 1940, Manuel Jiménez vendía algunas de sus pequeñas esculturas en Oaxaca por apenas unos centavos. Mas uno de los encuentros importantes en su trayectoria ocurrió cuando trabajó como vigilante en la Zona Arqueológica de Monte Albán. Allí conoció al antropólogo y promotor del arte popular Daniel Rubín de la Borbolla, quien se interesó por sus piezas y contribuyó a que algunas encontraran espacio en instituciones dedicadas al arte popular en la Ciudad de México.

El interés por su trabajo aumentó durante la década de 1950. Coleccionistas y especialistas comenzaron a descubrir las figuras realizadas en Arrazola y las piezas de Don Manuel encontraron nuevos mercados fuera de Oaxaca.

Ese proceso permitió que un trabajo realizado inicialmente en un entorno familiar comenzara a circular en exposiciones y colecciones. Con el tiempo, sus animales tallados adquirieron reconocimiento internacional y ayudaron a colocar a San Antonio Arrazola dentro del mapa del arte popular mexicano.

De este modo, el trabajo de Manuel Jiménez demostró que aquellas pequeñas esculturas podían convertirse en una actividad artesanal con identidad propia y encontrar compradores mucho más allá de su comunidad.

¿Don Manuel Jiménez inventó los alebrijes de Oaxaca?

Las coloridas figuras de madera elaboradas actualmente en Oaxaca suelen conocerse de manera general como alebrijes, pero la historia detrás de ese nombre requiere una distinción importante.

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El término está originalmente relacionado con Pedro Linares López, artesano de la Ciudad de México que creó criaturas fantásticas realizadas con cartonería. Décadas después, la palabra comenzó a utilizarse también para referirse a algunas de las figuras talladas y pintadas en madera que se producían en Oaxaca.

Por eso no sería preciso afirmar que Manuel Jiménez inventó el alebrije. Más bien su aportación pertenece específicamente al desarrollo de la tradición contemporánea de las tallas oaxaqueñas de madera.

El propio INAH ha señalado que estas tallas terminaron recibiendo el nombre de alebrijes por una asociación posterior. De esta manera, las criaturas de cartonería de Pedro Linares y las figuras oaxaqueñas de madera tienen historias diferentes que con el tiempo quedaron reunidas bajo una misma palabra.

Reconocer esa diferencia permite apreciar mejor el verdadero trabajo de Don Manuel. Sus primeras creaciones surgieron de los animales que conocía y observaba, mientras que posteriormente su repertorio se amplió hacia formas cada vez más imaginativas.

Arrazola y una tradición que comenzó a crecer

San Antonio Arrazola se encuentra en los Valles Centrales de Oaxaca, a pocos kilómetros de la Zona Arqueológica de Monte Albán. Actualmente es uno de los lugares más asociados con las figuras de madera conocidas popularmente como alebrijes. Pero esa relación se construyó gradualmente.

Conforme las piezas de Manuel Jiménez comenzaron a llamar la atención de compradores, coleccionistas y especialistas, otros habitantes encontraron también en el tallado y la decoración de madera una posibilidad artesanal.

La producción no quedó limitada a Arrazola. En diferentes comunidades de los Valles Centrales se desarrollaron talleres y estilos propios. San Martín Tilcajete se convirtió en otro de los grandes centros productores, mientras que localidades como San Pedro Taviche también desarrollaron una presencia dentro de esta expresión artesanal.

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Esto tampoco significa que toda la tradición pueda atribuirse exclusivamente a una persona. Investigaciones sobre las tallas oaxaqueñas señalan la importancia de distintos artesanos y comunidades en su consolidación. Entre los nombres fundamentales aparece también Isidoro Cruz, cuyo trabajo en San Martín Tilcajete contribuyó al desarrollo de esta producción durante el siglo XX.

El lugar de Manuel Jiménez dentro de esa historia es el de un pionero: uno de los artesanos que contribuyeron decisivamente a transformar una práctica local de talla en una expresión del arte popular mexicano reconocida internacionalmente.

Del copal a los colores

La elaboración de estas piezas comienza con la selección de la madera. El copal se convirtió en uno de los materiales característicos debido a que permite trabajar las formas que posteriormente serán afinadas y decoradas.

El proceso requiere diferentes etapas. Primero se talla la figura hasta obtener la forma deseada; después la madera necesita secarse antes de recibir los acabados y la decoración.

Precisamente la pintura terminaría convirtiéndose en otro de los elementos más reconocibles de las tallas oaxaqueñas. Los colores intensos y los patrones formados por líneas, puntos y figuras geométricas transformaron las superficies de los animales y seres imaginarios.

Sin embargo, el estilo actual es resultado de décadas de cambios, experimentación y aportaciones realizadas por diferentes familias y comunidades. Las piezas contemporáneas no deben interpretarse como una reproducción exacta del trabajo que Manuel Jiménez hacía durante sus primeros años.

Su aportación se encuentra en una etapa fundamental de esa transformación: el desarrollo y comercialización de las figuras talladas en madera que posteriormente adquirirían nuevas formas, colores y estilos.

El legado de Don Manuel Jiménez Ramírez

Manuel Jiménez continuó trabajando durante décadas y transmitió sus conocimientos dentro de su propia familia. Sus hijos continuaron con la talla y las generaciones posteriores han mantenido vivo el taller familiar en San Antonio Arrazola.

Manuel Jiménez murió en 2005, pero para entonces las figuras de madera que había ayudado a impulsar habían recorrido un camino extraordinario. Lo que comenzó con pequeñas representaciones inspiradas en los animales de su entorno terminó relacionado con una de las expresiones artesanales más reconocibles de Oaxaca.

Su importancia ha sido reconocida también institucionalmente. El Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura lo identifica entre los pioneros del desarrollo de estas figuras, mientras que el INAH ha dedicado exposiciones a recuperar su trayectoria.

En 2024, el Museo de las Culturas de Oaxaca presentó El tallador de sueños, una exposición dedicada a Manuel Jiménez que reunió 59 piezas de madera, además de fotografías, publicaciones, obra gráfica y objetos vinculados con su trayectoria. La muestra permitió observar también la continuidad del oficio entre las siguientes generaciones de su familia.

Sus hijos continuaron con la talla y las generaciones posteriores han mantenido vivo el taller familiar en San Antonio Arrazola. Instagram Museo-Taller Don Manuel Jiménez.

Actualmente, San Antonio Arrazola mantiene una fuerte relación con las tallas de madera y numerosos talleres forman parte de la vida artesanal de la comunidad. Las figuras han cambiado, incorporado nuevos diseños y desarrollado estilos propios, pero detrás de esa historia permanece el trabajo de quienes comenzaron a experimentar con la madera varias décadas atrás.

Entre ellos ocupa un lugar fundamental Don Manuel Jiménez Ramírez, aquel artesano que comenzó observando los animales que lo rodeaban y terminó ayudando a convertir un pedazo de copal tallado en una de las expresiones más reconocidas del arte popular de Oaxaca.

El barro negro es otra de las artesanías tradicionales de Oaxaca. Conoce más aquí

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