Ley, terror y propaganda fueron los tres cimientos que apuntalaron el nazismo, escribe Jacobo Dayán en su nuevo libro Brújula moral. Resistencia y propaganda durante el nazismo (Taurus, 2026) al referirse a ese tercer pilar operado desde el ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda dirigido por Joseph Goebbels, quien la definía como "el arte no de mentir o distorsionar, sino de escuchar 'el alma del pueblo' y hablarle a una persona en el lenguaje que esa persona entiende".
Como entonces, los populismos contemporáneos utilizan la propaganda, la mentira y el desmantelamiento institucional para erosionar la democracia desde adentro, sostiene el autor, quien considera que indagar en la consolidación del totalitarismo nazi hace 80 años permite entender las maneras en que operan los regímenes populistas que están emergiendo en diversas partes del mundo.
En entrevista con Confabulario, el especialista en derecho penal internacional y derechos humanos, habla de este libro que continúa la reflexión de su anterior libro, República de Weimar. La muerte de una democracia vista desde el arte y el pensamiento (Taurus, 2023), así como de las estrategias de control que emplean los populismos actuales, como el uso faccioso de la justicia y la persecución del pensamiento crítico.
¿Qué importancia encuentra en voltear a ver lo que sucedió en el inicio del nazismo, ahora que los totalitarismos están resurgiendo en varias partes del mundo?
Precisamente eso. Me parece que es relevante voltear a ver cómo se consolidaron los totalitarismos, el nazismo, el fascismo, hace 80, 100 años, no para pensar que se va a repetir y que estamos ante las puertas de una Tercera Guerra Mundial o que Trump sea el nazismo ni mucho menos, pero la historia rima, como diría Twain, entonces me parecía importante ver, reflexionar, analizar cómo se consolidan estos regímenes y qué empiezan a hacer. Uno piensa que sucede a partir de las decisiones de una cúpula con una intencionalidad política, pero para que eso se logre se requiere la participación de muchas personas que permanecen en silencio o que colaboran por convencimiento ideológico o por conveniencia.
Quería también reflexionar sobre las brutales campañas de propaganda que existían para consolidar estos regímenes. Los populismos en América Latina, no nada más ahora sino desde el peronismo, adoptan formas de comunicación similares a la de los regímenes totalitarios, entonces me parecía importante escribir estas formas de comunicación del totalitarismo, la propaganda, y después el desmantelamiento de instituciones, porque para llegar a los totalitarismos hace 100 años no fue mediante golpes de Estado, fue mediante procesos democráticos. Una vez que estos regímenes llegaron, igual que lo estamos viendo hoy por todos lados, desde Trump hasta Milei o López Obrador, desmantelan todo desde dentro, empezando por pervertir la ley, pervertir la palabra con la propaganda y cooptar instituciones, particularmente las del poder judicial.
En el libro menciona que el nazismo se cimentó sobre tres pilares: ley, propaganda y terror. ¿Qué hizo tan eficaz y exitosa la propaganda creada por Joseph Goebbels desde el Ministerio de Ilustración y Propaganda?
Fue un proyecto que se sigue estudiando. Esos métodos de propaganda utilizaron las herramientas tecnológicas a su alcance como la prensa escrita, pero también las nuevas herramientas electrónicas, que eran el radio y el cine.
Dentro del Ministerio de Propaganda y Educación crearon una serie de cámaras donde controlaban el resto de las actividades culturales, el cine, la música, las artes plásticas, los museos, la prensa, las editoriales. Eso es en cuanto a la estructura gubernamental, pero en las líneas de trabajo, Goebbels daba una conferencia matutina todos los días, donde no informaba sino que llenaba el espacio público de mentiras. Esto lo estudia muy bien Hannah Arendt cuando dice que la lógica de los gobiernos que llenan el espacio público de mentiras, no es hacer que la gente se las crea, sino llenar el espacio público de mentiras para que seamos incapaces de distinguir qué es verdad y qué no; y una sociedad incapaz de distinguir la verdad y la mentira empieza a ser incapaz de distinguir el bien y el mal.
Los especialistas dicen que la parte central del populismo es la mentira y que, además, se han vacunado de dos cosas de los totalitarismos del siglo XX: una es la apología de la violencia, es decir, el terror hoy se ejerce mediante persecución judicial, amenazas, investigaciones; la otra es que mantienen una apariencia democrática, pero han vaciado el término de sentido. El fascismo de Mussolini, el comunismo de Stalin o el nazismo de Hitler no tuvieron empacho en deshacerse de la democracia.
Entonces, las estrategias de comunicación van en ese sentido: hacer un lenguaje muy simple, repetir una y otra vez frases hechas, agrupar a todos los críticos en un solo paquete y cuando esta propaganda se echa al espacio público tiene dos objetivos: amedrentar a los críticos y mantener una épica viva. Sobre este segundo, uno a veces escucha cosas de Trump, de Milei, de Claudia Sheinbaum, de la ultraderecha europea, y piensa que nadie se lo cree. Lo que no entendemos es que eso va dirigido a las bases, a mantener una épica viva: ese movimiento convertido en gobierno, en estado, son los únicos representantes legítimos de un pueblo sufrido al que se le ofrece un pasado. ¿Cuál es la frase de Donald Trump? Haz América grande de nuevo. Lo que ofrece no es futuro, ofrece regresar a un pasado idílico. Además, ubican una etapa previa: El nazismo habla de los años de la democracia previa; Trump dice que el periodo de Obama y Biden fue desastroso; la autodenominada cuarta transformación dice lo mismo: "Hay un pasado que es nefasto y hay que regresar al pasado nacionalista, prehispánico, que nos hizo felices".
Y hay conceptos que se van metiendo: "grandeza prehispánica", "pueblo".
Todo es pueblo. No hablan de ciudadanía porque equivale a reconocer derechos. Se habla de un "pueblo bueno" y se repite eso. Además, los enemigos van en un solo paquete. En la Alemania nazi, si eras comunista o incluso demócrata, judío o gitano, era mal visto; para Trump, Obama o Biden son de ultraizquierda. Es la misma forma en que se comunicaba el chavismo. Encuentras los mismos mensajes en la derecha y en la izquierda populista. Aquí, "neoliberal", "fifí", todo es corrupto.
¿Y cómo lee esta fiscalización de la información que se hace a través de estrategias como el "Quién es quién en las mentiras" de las Mañaneras? ¿Qué hay detrás de eso?
El primer objetivo de estos regímenes es el control del poder judicial y el segundo es el control de los medios. Lo vemos en Estados Unidos, cuando Trump empezó a demandar a grandes medios de comunicación, obligando a algunos, por ejemplo The Washington Post a ser vendido y comprado por el empresario multimillonario Jeff Bezos, dueño de Amazon y amigo de él. Hoy la línea editorial de ese medio es más cercana a Trump.
Aquí en México pasa lo mismo, es una persecución a los medios disfrazada de libertad de expresión. Hay que ver lo que está pasando en Veracruz, en Puebla, en Campeche con medios de comunicación ya perseguidos judicialmente, obligados a ser vendidos y luego comprados por aliados del gobierno. Fue el caso de e-consulta en Puebla. A nivel nacional, qué les explico a ustedes (El Universal), el embate que sufren los diarios nacionales y espacios digitales críticos, que quedan pocos. Lo que hace el gobierno es ir insertando las voces del bienestar, tanto en prensa escrita, como en televisión y en radio. Igual que entonces, hay que perseguir el pensamiento crítico. Después de tener el control de la ley y el poder judicial, lo que sigue es el embate al pensamiento crítico y en primera línea están los medios; después con la academia, con las universidades, con el pensamiento crítico y científico. Esos regímenes prefieren lealtad que capacidad.
Hablando de la influencia que tuvo la propaganda nazi, se dice que el Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad creado en 1936 por Lázaro Cárdenas fue también inspirado en eso ¿Qué influencia tuvo en México la propaganda nazi? ¿Ha podido rastrear esto?
Uno de los máximos intelectuales de este país, que todavía es muy respetado, era un nazi convencido, Vasconcelos. Tenía una revista filonazi en México llamada Timón. Incluso hay quienes, y te lo digo desde la UNAM, que ponen en duda la frase "Por mi raza hablará el espíritu". ¿De qué raza estábamos hablando?. Después le tuvo que dar la vuelta: que a la raza cósmica. Vamos, en México y en Estados Unidos hubo sectores importantes de la intelectualidad que, en los primeros años, coquetearon con el nazismo. Incluso personajes que después los tenemos identificados como claros opositores al nazismo, como Churchill, que después se hizo primer ministro británico y peleó contra el nazismo, pero los primeros años tenía comentarios favorables de Hitler, decía que no le quedaba claro si se trataba de un personaje que iba a salvar a Alemania o llevar a Europa a la guerra. La revista Times, igual que a Trump, hizo a Hitler personaje del año. En estos primeros años un personaje como ese atrajo la mirada de todo el mundo, y México no quedó al margen.
Otro tema interesante que toca en su libro es la propaganda artística durante el nazismo, cómo se empieza a censurar la crítica de arte, el cine, la música, lo que no les gusta, pero también usan a esos mismos artistas para promover sus ideales. ¿Qué papel jugó el arte y la cultura en la consolidación del nazismo y cómo se están usando ahora?
Es fundamental. Para aquellos que crean que hoy estamos en la vanguardia inventando la cultura de la cancelación, particularmente en el arte, como sucedió hace unas semanas con esta idea de cancelar a una escritora en un festival en España o las voces que surgen para funar artistas por lo que dicen, cuando me parece que tenemos que dejar claro que una cosa es la obra y otra la persona.
Hay voces que dicen que ya no podemos apreciar las pinturas de Picasso
porque era un acosador o de las películas de Woody Allen o de Roman Polanski.
En el caso del nazismo eran canceladas o funadas personas porque eran de izquierda, porque eran demócratas, comunistas, judíos, gitanos, y después, cuando estuvieron en guerra, porque eran gringos o soviéticos. Primero hay una purga de personas cultural, ideológica o racialmente "no deseadas", después hay temáticas que fueron prohibidas, hay una condena brutal a cualquier obra del expresionismo alemán, que horrorizaba al nazismo.
Pablo Stefanoni, un gran escritor, dice que el arte tiene como obligación cuestionar, molestar, romper barreras. Ese es el papel del arte, incomodar, poner en evidencia el absurdo. Pero hoy estamos tratando de mantener el arte en lo políticamente correcto, y es de los dos lados, desde los totalitarismos, pero también desde el bien pensar. Hay que mantener aséptico el arte, no se puede exponer nada que moleste a alguien y esa irreverencia, más bien, está en la política, cuando ésta solía ser el espacio de lo políticamente correcto, de las buenas formas. Hoy es más irreverente una Asamblea General de la ONU que varias exposiciones en museos.
Aparentemente, el progresismo contemporáneo está adoptando las formas de comunicación del autoritarismo del siglo XX.
¿Y hasta dónde nos puede llevar estas divisiones? Llama la atención la discusión que se ha dado entre los intelectuales que se posicionan sobre el genocidio en Gaza y los que rehúyen al tema. ¿Cuál es la responsabilidad del artista y el intelectual para posicionarse ante situaciones como esta?
Evidentemente, el caso de Gaza es muy, muy evidente, pero lo vemos también en varias partes. Cuando, por ejemplo, desde el Estado se busca tener manifestaciones artísticas muy cuidadas, como sucedió con la pieza del Zapata afeminado que fue retirada de Bellas Artes porque horrorizó al Estado.
Sobre los intelectuales, los artistas y el tiempo que estamos viviendo, a mí me parece que no son tiempos de mantener una neutralidad aséptica, hay que tomar partido. En el caso de Gaza, en mi opinión, hay que denunciar el genocidio. Ahora, eso no quiere decir que si alguien no lo denuncia, como persona, sea cancelado.
La libertad de expresión tiene límites en la ley: el discurso de odio, pero uno puede cancelar un discurso, no a una persona. Entonces, yo puedo estar en desacuerdo con alguien que esté a favor de la militarización en México, que niegue el fenómeno de desapariciones, que niegue el genocidio en Gaza, y puedo debatir esas ideas, lo que no puedo es cancelar a la persona.
Cuando se habla de libertad de expresión, uno puede suprimir ideas que abiertamente promueven el odio o hagan un llamado explícito a la violencia, pero me parece muy delicado cancelar personas. Eso pasa una raya distinta. Pero el artista, el intelectual, no puede hacer como si la Virgen le hablara. Mantenernos en silencio ante el horror en este país, mantenernos en silencio ante la erosión democrática, no incomodar porque no vaya a ser que se enoje la Secretaría de Cultura, prensa de presidencia o el gobernador, me parece que nos hace cómplices. De ahí el análisis que se hace en el libro de aquellos que resistieron al totalitarismo.
Cita frecuentemente a Thomas Mann, sobre todo cuando habla del papel de los intelectuales, los que se quedaron y los que se exiliaron...
Thomas Mann tiene una gran frase que dice que todo libro publicado durante los años del autoritarismo está manchado de sangre. Aunque el libro no hable de violencia, fue publicado durante años de una brutal censura y eso acarrea una responsabilidad. O hay otra frase de Bertolt Brecht, que muy molesto con un compositor, Hindemith, que no tomaba partido, le escribió una carta diciéndole que 'la música no es un arca con la cual se puede atravesar el diluvio'. Eso se puede aplicar al arte en general hoy. Si alrededor de nuestro hay un diluvio, no nos podemos esconder en mi escritura, en mi pintura, en mi cine, y que yo me dedico a esto y no opino de lo otro.
Muchos suelen decir: "No, es que mi arte no es político".
Pues sí, nada más que en momentos como este quedarse callado es tomar postura. Te doy otros ejemplos, cuando los artistas gringos reciben un Oscar y se manifiestan sobre Gaza, probablemente su película no habla de Gaza, pero toman partido. Cuando en el Super Bowl pusieron a cantar a Bad Bunny, fue una postura política de un deporte. Uno puede hacer una película sobre una señora a la que le duele la muela o de un señor que se fue de vacaciones a Cuernavaca, pero eso no quiere decir que uno no tenga que tomar postura como figura pública, intelectual, artista, miembro de la cultura o deportista.
Dice que estamos en un momento donde el proyecto civilizatorio que nació después de la Segunda Guerra Mundial se está muriendo, ¿hacia dónde vamos? ¿Cómo resistir a lo que venga?
Es una pregunta muy complicada porque estamos en el ojo del huracán, pero por eso en el libro me parecía importante también hablar de esta gente que en los años finales, cuando ya colapsaba todo aquello a finales de la Segunda Guerra Mundial, empezaba a pensar lo que seguiría. Yo creo que es el momento en que nosotros, además de seguir haciendo diagnóstico, empecemos a repensar lo que sigue: Necesitamos crear un nuevo sistema multilateral, una estructura con normas distintas; necesitamos repensar la democracia, no podemos pensar que, una vez que pase esta ola populista en el mundo, vamos a regresar a la democracia de los 90, porque esa nos trajo acá. Necesitamos repensar al Estado, la democracia, la garantía de los derechos humanos. No podemos seguir pensando en un modelo económico dejando el medio ambiente fuera. Hay que meter la inteligencia artificial, que todavía no queda claro para dónde va ... Necesitamos repensar el modelo económico, el modelo educativo, que hoy tiene al centro al mercado y no al individuo.
¿Cómo saldremos de este colapso? No tengo la menor idea, pero tampoco lo tenían aquellos que, al final de la guerra, estaban pensando en el orden después de la guerra.
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