Numerosas son las aristas de análisis que dejan las elecciones intermedias en Estados Unidos. Los demócratas arrebataron al Partido Republicano de Donald Trump el control de ambas cámaras del Congreso, obteniendo victorias en bastiones tradicionalmente republicanos como Kansas o Texas.
También destaca cómo la pluralidad social y cultural estadounidense se hizo patente en las urnas. Texas y California eligieron gobernadores de ascendencia hispana, Michigan tendrá al primer senador musulmán y Nuevo México será gobernado por la primera mujer indígena elegida gobernadora en la historia del país. Estos resultados cuestionan el imaginario excluyente promovido desde el trumpismo de Estados Unidos como una nación esencialmente blanca y protestante.
Sin embargo, interesa concentrarnos en las implicaciones de esta nueva correlación de fuerzas políticas para la política exterior estadounidense y, particularmente, para México.
La política exterior constituye uno de los ámbitos donde el presidente estadounidense goza de mayor discrecionalidad. Aunque constitucionalmente el Congreso posee importantes atribuciones, históricamente ha delegado facultades al Ejecutivo en asuntos como el uso de la fuerza militar y la política económica internacional. No obstante, Trump enfrentará ahora mayores contrapesos legislativos.
Además, ante el debilitamiento de su posición interna y su interés por construir un legado, es previsible que Trump encuentre incentivos para volcarse hacia el escenario internacional y ejercer al máximo sus facultades ejecutivas. Asuntos no le faltan: Irán, China, Rusia-Ucrania, Cuba y México.
Por supuesto, la nueva mayoría demócrata, que asumirá funciones en enero de 2027, buscará limitar la discrecionalidad presidencial y contener decisiones que considere perjudiciales para el liderazgo estadounidense, particularmente el unilateralismo comercial y militar que ha tensionado las alianzas históricas de Washington.
En este escenario ¿qué implicaciones tendría este escenario para México? Una derrota republicana podría modificar los mecanismos de presión de Trump, pero no necesariamente sus objetivos estratégicos. Identificamos tres ámbitos donde coexisten importantes consensos bipartidistas, aunque también diferencias respecto a los instrumentos para alcanzarlos.
Primero, el combate al crimen trasnacional. Existe consenso respecto a que las organizaciones criminales transnacionales representan una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Durante la administración Biden ya se observaba un endurecimiento de las acciones contra el narcotráfico, evidenciado por la sutracción a Estados Unidos de Ismael Zambada y en la denuncia contra redes político-criminales en América Latina. La diferencia radica principalmente en los instrumentos. Es previsible que los demócratas privilegien la cooperación institucionalizada y cuestionen el uso unilateral de la fuerza en territorio mexicano.
En el tema de la migración, ambos partidos coinciden en fortalecer la seguridad fronteriza y contener los flujos irregulares. Los demócratas difícilmente asumirían el costo político de ser percibidos como promotores de una migración desordenada. Sin embargo, podrían impulsar simultáneamente mecanismos de migración legal, oportunidades de regularización y políticas para atender las causas estructurales del fenómeno.
En lo relativo a la economía, existen coincidencias bipartidistas respecto a utilizar el TMEC para fortalecer la producción manufacturera estadounidense, contener la influencia económica de China en América del Norte y reducir dependencias riesgosas en sectores estratégicos.
La Casa Blanca podría continuar utilizando aranceles, investigaciones comerciales y exigencias regulatorias para obtener concesiones. Sin embargo, el nuevo Congreso podría cuestionar estas medidas por sus efectos sobre los precios y las empresas estadounidenses, considerando que el malestar económico influyó significativamente en el voto de castigo contra Trump.
Asimismo, las inversiones estadounidenses en México podrían enfrentar mayor cautela ante la inseguridad y la incertidumbre regulatoria, particularmente respecto a componentes e inversiones de origen chino. La certidumbre jurídica y las condiciones competitivas serán determinantes.
Por su parte, los demócratas mantendrán especial atención sobre los compromisos laborales mexicanos y el combate a prácticas de competencia desleal derivadas de la vulneración de derechos laborales, particularmente durante las revisiones del tratado.
En suma, la victoria demócrata no supone necesariamente una relación menos exigente para México. Introduce nuevos contrapesos al unilateralismo presidencial, sin eliminar los consensos estadounidenses en seguridad, migración y economía. Comprender estas continuidades y diferencias será fundamental para ampliar los márgenes de negociación de México mediante una mayor coordinación política e institucional.
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Contenido sindicado vía RSS de El Universal Internacional. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/mundo/elecciones-de-medio-termino-en-estados-unidos-que-cambia-para-mexico/