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Por Mtra. Yuriko Mizué Sánchez Trejo

Hay lugares que se visitan y hay otros que se quedan en la memoria. El Quelite, Sinaloa, pertenece a esa segunda categoría: un pequeño pueblo donde la gastronomía, las tradiciones, la arquitectura y la hospitalidad de su gente construyen una experiencia que va mucho más allá de una visita turística.

Ubicado aproximadamente a 37 kilómetros de Mazatlán, El Quelite es reconocido como Pueblo Señorial y forma parte de las comunidades rurales que enriquecen la oferta turística del municipio. El camino para llegar es parte de la experiencia: al dejar atrás la carretera y avanzar hacia esta localidad, aparecen calles empedradas, fachadas llenas de color, portales, jardines y una atmósfera que conserva buena parte de la identidad rural sinaloense.

El Quelite tiene algo que considero fundamental para que un destino tenga verdadero valor turístico: una comunidad que conserva y comparte su identidad. Aquí todavía forman parte de la vida cotidiana actividades como la agricultura, la crianza de ganado y el cultivo de huertos. También sobreviven sabores y productos elaborados de manera tradicional, como quesos, requesón, jocoque, panelas y el característico pan de mujer, además de las gorditas de maíz, conchitas y cuernitos.

Y si hablamos de gastronomía, hay un sitio que prácticamente se ha convertido en un referente de la localidad: El Mesón de los Laureanos. Más que un restaurante, el espacio permite acercarse a la historia y a los sabores de la cocina campirana sinaloense. Su decoración, sus objetos y sus diferentes espacios cuentan parte de la identidad de El Quelite, mientras que su cocina convierte los productos regionales en una experiencia para el visitante.

Pero El Quelite también tiene una historia que contar a través de sus tradiciones. Una de ellas es el Ulama, ancestral juego de pelota de origen prehispánico que continúa practicándose en Sinaloa. La preservación de esta tradición representa una oportunidad para comprender que el turismo cultural no solamente consiste en observar monumentos: también significa conocer prácticas vivas que siguen formando parte de una comunidad.

En esta labor de promoción y preservación destaca el trabajo del Dr. Marcos Gabriel Osuna, quien desde finales del siglo XX impulsó, junto con habitantes de la comunidad, los esfuerzos para colocar a El Quelite dentro del mapa turístico de Sinaloa.

Hoy, caminar por sus calles, conversar con sus habitantes, montar a caballo, disfrutar de la gastronomía o contemplar el paisaje desde el Cerro de la Cruz permite descubrir un destino rural con personalidad propia.

El Quelite nos recuerda que México también se descubre a través de sus pequeños pueblos: esos que conservan sus sabores, sus historias y sus tradiciones, y que tienen mucho que enseñarnos sobre lo que significa hacer turismo con identidad.

 

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