La era colonial de México abarcó tres siglos enteros. Si bien en el imaginario colectivo están afincados diversos aspectos del siglo XVI, en realidad, la época donde la Nueva España alcanzó su esplendor cultural fue el siglo XVII. Aquella centuria fue la del barroco, una corriente artística difundida por toda Europa, así como en los virreinatos de la corona española en América. Caracterizado por su exuberancia y dramatismo, el barroco abarcó desde las artes plásticas hasta el teatro y la poesía. Y dentro de él, el barroco novohispano logró alcanzar una exquisitez sin igual. ¿Por qué?
El barroco: algo más que solo una corriente
El barroco suele ser definido como un estilo artístico y cultural nacido en Europa a finales del siglo XVI. Su máxima cumbre tuvo lugar en el siglo XVII y su culminación a mitad del siglo XVIII. Originado en Italia, particularmente en la ciudad de Roma, se expandió tanto en el resto de Europa como en América. Concebido originalmente como un estilo que pretendía ser una respuesta a la reforma protestante del siglo XVI, el corazón del barroco fue el drama, lo pletórico y lo complejo. Abarcó desde la pintura, la escultura, la arquitectura, hasta el teatro, la poesía y otras expresiones artísticas.
Al tener sus raíces en el cristianismo católico, el barroco buscó exacerbar la pasión de lo religioso, a través de un lenguaje altamente teatral e impactante. Claroscuros, intrincadas volutas, metáforas cultas, todo enaltecía el drama y lo místico de la experiencia humana. No obstante, esta corriente también fue adoptada por países europeos protestantes, donde en lugar de la imaginería católica, se adoptaron temas de la mitología greco-latina.
Altar de los Reyes en la Catedral Metropolitana, un elocuente ejemplo del barroco novohispano en la arquitectura y la escultura. © Fotografía: María Langarica. Desde la fe.El barroco novohispano: una forma de interpretar el mundo
A finales del siglo XVI, esta corriente tocó tierra en la Nueva España, es decir, lo que actualmente es México. Aquí pronto echó raíces y fue adoptado por artistas locales. Y es que el sincretismo de la sociedad novohispana, con raíces tanto en lo prehispánico como en el catolicismo, fueron un germen particular. Es así que aquí el barroco se volvió una potente expresión de aquella sociedad: había nacido el barroco novohispano. La inherente intensidad de este estilo adquirió aún más fuerza. Los colores ganaron protagonismo; escultura y tallados expresaron el encuentro de dos mundos: el indígena y el europeo. El drama se transformó en espectacularidad.
No obstante, el barroco novohispano dio un paso más allá de su símil europeo. Su grandilocuencia, su estridencia, su saturación y todo su exceso terminaron por transformarse en una esfera histórica, es decir, en una forma de ver al mundo. De acuerdo al filósofo ecuatoriano nacionalizado mexicano, Bolívar Echeverría (1941-2010), dicho horizonte es el ethos barroco de México. Este concepto histórico-filosófico define una estrategia de supervivencia y afirmación de la subjetividad frente a la modernidad capitalista. Su principal característica es la de una estética de la desmesura, la paradoja y la contradicción. Lo efímero y lo exagerado coexisten con lo sobrio. Esto permite a los sujetos resistir y negociar con las reglas impuestas a través de negaciones indirectas y la subversión.
El ethos barroco, como esfera de realidad histórica en nuestro país, nació del sincretismo entre el humanismo renacentista-cristiano que transmitieron los evangelizadores en el siglo XVI y la cosmovisión de los pueblos prehispánicos. El barroco internacional fue el último elemento que alimentó esta amalgama. Y es que precisamente, lejos de la definición de horror al vacío, el barroco de México buscó tener como punto central la pasión. Para ello, se sirvió del drama, lo pletórico y lo intricando como formas de expresión. A partir de ese barroco novohispano, se interpreto tanto el mundo como las relaciones humanas.
Sor Juana Inés de la Cruz, máxima exponente del barroco novohispano en la poesía. © INAH.Principales exponentes del barroco novohispano
El barroco novohispano tuvo como principales características su fastuosa ornamentación, la fusión de elementos europeos con elementos indígenas, así como un marcado carácter religioso. Al abarcar prácticamente todas las expresiones artísticas que había en la Nueva España, tuvo diferentes exponentes y ejemplos:
Pintura
- Miguel Cabrera
- José Juárez
- Cristóbal de Villalpando
- Juan Correa
Arquitectura
- Jerónimo de Balbas
- Pedro de Arrieta
- Lorenzo Rodríguez
Poesía, teatro y filosofía
Música
- Manuel de Sumaya
- Juan Gutiérrez de Padilla
- Gaspar Fernades
- Ignacio de Jerusalem y Stella
Construcciones
- Altar de los Reyes en la Catedral Metropolitana, Ciudad México
- Templo de San Francisco Javier en Tepotzotlán, Estado de México
- Templo de Santo Domingo, Oaxaca
- Biblioteca Palafoxiana, Puebla
- Templo de Santa Prisca en Taxco, Guerrero
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