Nunca habíamos visto a tantas generaciones compartir espacios laborales como ahora. Al interior de las organizaciones, esto abre una oportunidad para generar una real cohesión, transmitir habilidades y reconocer nuevas formas de desarrollo profesional fuera de la verticalidad. Integrar y desarrollar talento joven es una decisión estratégica con impacto directo en las organizaciones. Los millennials, y en especial la generación Z, son nativos digitales y en medio de la transformación acelerada que vive el mundo esto es de vital relevancia.
El Barómetro de la IA en el mundo laboral 2026, Edición México elaborado por PwC, advierte que las habilidades cambian al doble de velocidad en los trabajos más expuestos a la Inteligencia Artificial. Más aún, los roles de entrada tienen hasta siete veces más probabilidades de exigir capacidades tradicionalmente “senior”, como liderazgo o pensamiento estratégico. Esto cambia por completo la forma en que concebimos el desarrollo profesional. Las generaciones más jóvenes no pueden esperar años para adquirir estas competencias; necesitan entornos donde el aprendizaje ocurra en tiempo real. Aquí es donde la convivencia intergeneracional se convierte en una herramienta poderosa: permite transferir experiencia, acelerar habilidades y construir criterio desde etapas tempranas. Al mismo tiempo, es necesario desmontar algunos mitos sobre la Generación Z. Lejos de priorizar únicamente la velocidad o el ascenso inmediato, una encuesta realizada por Delitte en 2026 a estas generaciones revela que solo el 25% busca una progresión acelerada, y apenas el 6% considera el liderazgo como su principal meta profesional. Lo que predomina es otra lógica: estabilidad, aprendizaje continuo y bienestar. Paradójicamente, esta generación está más preparada que ninguna para convivir con la Inteligencia Artificial: el 74% ya la utiliza en su trabajo diario y la percibe como una aliada para mejorar su productividad y abrir oportunidades. Este dato no solo habla de adopción tecnológica, sino de una mentalidad de adaptación permanente de las nuevas generaciones. El desarrollo del talento joven requiere que las organizaciones evolucionen hacia un enfoque centrado en habilidades, donde el crecimiento profesional esté determinado por las capacidades, el potencial y la contribución de las personas, más que por la antigüedad o la jerarquía. Considerando lo anterior, los nativos digitales aportan competencias cada vez más valiosas para los equipos, fomentando nuevas formas de colaboración, aprendizaje y resolución de problemas. La convivencia entre generaciones deja entonces de ser un ejercicio de transferencia de conocimiento en una sola dirección. Así como las generaciones con mayor experiencia aportan visión estratégica, criterio y conocimiento del negocio; el talento joven impulsa la adopción tecnológica, la innovación y la adaptación a nuevos entornos. Esta combinación representa una ventaja competitiva para las organizaciones, ya que fortalece su capacidad de responder a mercados en constante transformación. Para que este intercambio genere valor, también es necesario ofrecer oportunidades de desarrollo alineadas con las expectativas del talento emergente. La participación en proyectos especiales, retos transversales y experiencias de alto impacto permite acelerar el aprendizaje, ampliar habilidades y fortalecer el sentido de pertenencia. Al interior de las organizaciones, nos plantea una oportunidad única para diseñar experiencias laborales que combinen desarrollo de habilidades, bienestar y propósito. No se trata solo de contratar jóvenes, sino de integrarlos en estructuras donde puedan aprender, equivocarse y crecer junto a otras generaciones. La conversación se vuelve aún más relevante si miramos hacia adelante. La Generación Alpha comenzará a incorporarse al mercado laboral en pocos años, lo que obligará a las organizaciones a rediseñar el trabajo para equilibrar tecnología y capacidades humanas. Preservar el conocimiento institucional, mientras se fomenta la colaboración y el pensamiento crítico. Las habilidades humanas serán el principal diferenciador. Y estas no se desarrollan en aislamiento, sino en interacción. La diversidad generacional, entonces, deja de ser un tema demográfico para convertirse en una estrategia de impacto. Implica promover equipos intergeneracionales, fomentar el aprendizaje bidireccional y crear trayectorias más flexibles que respondan a las nuevas expectativas del talento. Apostar por el talento joven en un entorno intergeneracional no es solo una buena práctica, es una inversión en el futuro del trabajo.
_____ Nota del editor: Martha Gómez es directora de Personas, Administración y Seguridad en Telefónica Movistar México, donde lidera iniciativas estratégicas para transformar la manera en que las organizaciones gestionan y desarrollan su talento. Ingeniera Industrial por la Universidad de las Américas Puebla y maestra en Administración y Gestión de Empresas por la Universidad Iberoamericana, cuenta con más de 15 años de experiencia en rediseño organizacional, gestión de personas y transformación de modelos de trabajo. Actualmente encabeza en Telefónica México el proyecto Skills-Based Organization, una iniciativa que coloca las habilidades y capacidades de las personas en el centro de la evolución organizacional y de las nuevas formas de desarrollo profesional. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
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