El historiador Carlos Illades (Tepic, 1959) indaga El primer socialismo en México, 16 años después de su primera edición, publicada por Era y que ve la luz bajo el sello de Siglo XXI Editores —su título original fue Las otras ideas. El primer socialismo en México 1850-1935; en la nueva edición este subtítulo se convirtió en el título definitivo.
“Mi idea era presentar a los autores más importantes del primer socialismo mexicano y concluir en el punto donde consideré que hubo un cambio cualitativo, que fue en 1935, cuando se abandona la idea de armonía social y se plantea en términos de la lucha de clases y materialismo. Eso está en el debate de Antonio Caso con Vicente Lombardo Toledano, sobre todo en la idea de pasar hacia un materialismo”.
En esa primera edición, publicada en 2008, Illades incluyó algunos capítulos sobre organizaciones sociales, como la de Plotino Rhodakanaty, o los congresos obreros. “Lo que cambia en la segunda edición es que extendí el periodo, incluso ya no pongo fechas porque encontré ejemplos, digamos, utópicos o del primer socialismo, que también se conoce como el socialismo utópico, en autores posteriores”.
Uno de estos casos es el de Gregorio Lemercier y su monasterio en el estado de Morelos, un proyecto que funcionó asentado en principios muy similares a los de los socialistas del siglo XIX, explica Illades: la idea de un trabajo armónico que no busca el bien material, sino el servicio; la combinación de trabajo artesanal con las labores agrícolas, el cuidado mutuo. Después del debate de Lombardo Toledano hubo otros casos que no fueron dominantes porque las corrientes del comunismo y el marxismo ya se imponían dentro del socialismo mexicano.
“Si me hubiera ocupado de los movimientos, el neozapatismo sería también un caso de un primer socialismo. Pero nada más me concreté a mostrar el ejemplo posterior de Gregorio Lemercier, un sacerdote belga que viene a México y trae estas ideas, bajo el manto protector del obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo”.
Un cambio de fondo en esta nueva edición es que Illades ya no fija un final porque en el siglo XX siguen existiendo ejemplos que podrían ser propios del primer socialismo: “Y quizá todavía en el siglo XXI. Es decir, no son los dominantes, pero quizá lo que cambia es que no hay esta idea de que desaparece una corriente política. En todo caso, pierde importancia o centralidad, pero sigue habiendo ejemplos en esa dirección”.
Salvo los libros que hicieron al respecto Gastón García Cantú y John M. Hart, la idea dominante, incluso en las izquierdas, era que propiamente no había una corriente socialista en México, abunda el también miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia. “Estaban los liberales y los conservadores, y dentro del bloque de los liberales hay unos, digamos, más radicales y ahí es donde se asimilarían los primeros socialistas mexicanos. Lo que traté de mostrar en esa primera edición —en la segunda creo que ya está establecido— es que sí hay una corriente genuina, propia, del socialismo mexicano desde los años 40 del siglo XIX, aunque los autores en los que me concentro escriben en la década siguiente y sobre todo a partir de la década de los 60”.
Concluye que esta recapitulación, sin embargo, apunta y toca temas relevantes en la historia que guardan más vigencia que nunca: la desigualdad social, la idea de cuidar la naturaleza o el encarecimiento de la vivienda porque quienes han acaparado la propiedad exigen rentas que nadie puede pagar.
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