ÚLTIMA HORA
¿Podrás faltar al trabajo si muere tu mascota? Morena propone 3 días de permiso para honrar a Firulais Pseudociencias y terapias milagrosas El escritor francés Emmanuel Carrère dará charla en el Festival CulturaUNAM Las candidaturas a las gubernaturas pueden dar más tiempo hegemónico a MORENA NABOA Tulum: hotel wellness de lujo en la Riviera Maya Vinculan a proceso a sujeto por atentar contra la intimidad sexual de adolescente; permanecerá en prisión preventiva Irán se une a festejos patrios; iluminará la Torre Azadi por aniversario de la Independencia de México Precio de la gasolina en California supera la barrera de los 6 dólares por galón Feminicidio de Claudia Tacoronte: Universidad de Granada suspende intercambio de estudiantes con la UAEM ¿Trabajas para DiDi sin saberlo? Mujer descubre registro ‘fantasma’ en sus semanas cotizadas del IMSS
4 min de lectura

Hay enfermedades que pueden curarse, otras que pueden controlarse y algunas frente a las cuales la medicina todavía tiene respuestas limitadas. Es precisamente en ese territorio de incertidumbre, dolor y desesperación donde prosperan las pseudociencias y las llamadas terapias milagrosas.

La pseudociencia no es simplemente una idea equivocada. Es algo más peligroso: una afirmación, método o práctica que pretende presentarse como científica sin someterse realmente a las reglas de la ciencia. La Asociación Médica Mundial define las pseudoterapias como prácticas destinadas a curar o aliviar enfermedades que carecen del respaldo de la evidencia científica disponible y que pueden ocasionar daños.
El problema no es que una persona crea en ellas. El verdadero problema aparece cuando alguien cobra por ellas, las presenta como tratamientos eficaces y convence al paciente de abandonar una terapia que sí tiene evidencia.

Las terapias milagrosas suelen ofrecer exactamente aquello que una persona enferma más desea escuchar: una solución rápida, natural, sin efectos secundarios y, sobre todo, definitiva. “Cura garantizada”. “Sin cirugía”. “100 por ciento natural”. “El tratamiento que la industria farmacéutica no quiere que conozcas”. “Resultados comprobados”. Son frases que deberían encender las alarmas.
La FDA advierte que los productos fraudulentos suelen utilizar precisamente promesas de “cura milagrosa”, resultados garantizados, soluciones rápidas y testimonios personales como sustituto de evidencia científica. Y el mercado es enorme.

Se ofrecen tratamientos para cáncer, diabetes, obesidad, artritis, infertilidad, enfermedades neurológicas, problemas sexuales, ansiedad y prácticamente cualquier padecimiento imaginable.
¿A quién engañan? La respuesta puede resultar incómoda; básicamente a quienes tienen miedo y desesperación. Un paciente con cáncer que ha agotado opciones terapéuticas, una persona con dolor crónico, una familia que enfrenta una enfermedad incurable o alguien desesperado por adelgazar constituye un blanco particularmente vulnerable.

Y aquí aparece uno de sus mecanismos psicológicos más eficaces; el testimonio. “A mi hermana le funcionó”. “Yo estaba desahuciado y me curé”. “Conozco a alguien que dejó sus medicamentos y está perfecto”. El problema es que una experiencia individual no demuestra eficacia. Una persona puede mejorar espontáneamente, recibir simultáneamente otro tratamiento o incluso haber sido diagnosticada incorrectamente.
¿Por qué algunos profesionales engañan? Esta es quizá la pregunta más incómoda. No todos los que ofrecen terapias no convencionales actúan con intención fraudulenta. Algunas personas creen sinceramente en aquello que practican. Pero existe otro grupo que conoce perfectamente la ausencia de evidencia y, aun así, continúa vendiéndola.

¿Por qué? Por dinero, prestigio, fama o porque han construido un negocio alrededor de la credulidad. También puede existir un mecanismo de autoengaño; después de años defendiendo una teoría, admitir que no funciona significa reconocer errores, perder clientes y cuestionar la propia identidad profesional.

Pero cuando un profesional sabe que un tratamiento carece de evidencia y deliberadamente lo presenta como eficaz, ya no estamos solamente ante una creencia equivocada. Estamos ante un problema ético. Y cuando además se induce al paciente a abandonar un tratamiento eficaz, el asunto puede adquirir consecuencias mucho más graves.

¿Cómo combatirlas? La primera defensa es la educación científica. Los ciudadanos deben aprender a distinguir entre una hipótesis, una experiencia personal, un testimonio y una evidencia clínica.
La segunda es fortalecer la regulación. Las autoridades sanitarias deben vigilar publicidad engañosa, productos fraudulentos y establecimientos que prometen curaciones sin fundamento.

La tercera corresponde a los profesionales de la salud: explicar con claridad qué se sabe, qué no se sabe y cuáles son las alternativas disponibles. Un paciente informado es mucho menos vulnerable al charlatán.
Y la cuarta es responsabilidad de los medios y las redes sociales. No todo aquello que se vuelve viral merece ser tratado como información.

La pseudociencia prospera donde hay ignorancia, pero también donde existe desesperación. Por eso no basta con ridiculizar a quien cree en ella. Hay que ofrecer información confiable, atención médica accesible y respuestas honestas.

Porque quizá la característica más peligrosa de la terapia milagrosa no sea que prometa demasiado. Es que alguien, en el momento de mayor vulnerabilidad de su vida, puede estar dispuesto a pagar cualquier precio por creer que es verdad.

The post Pseudociencias y terapias milagrosas appeared first on Etcetera.


Contenido sindicado vía RSS de Etcétera. Nota original: https://etcetera.com.mx/opinion/pseudociencias-y-terapias-milagrosas/

Publicidad
Nota sindicada de Etcétera · Leer la nota original ↗
Escrito por
Etcétera
Fuente externa · Sindicación RSS · Carta de México

Contenido sindicado vía RSS desde Etcétera. Los derechos pertenecen a su editor original.