Texto: Carlos Villasana
La historia de un estudio fotográfico familiar permite recorrer las transformaciones de la fotografía mexicana a principios del siglo XX, reconocer el trabajo de una de sus pioneras, Catalina Guzmán, y reflexionar sobre el papel de las imágenes en la representación de las mujeres y la memoria.
Para conocer más a fondo acerca de este tema entrevistamos al curador e investigador independiente César González - Aguirre, quien hace poco realizó la curaduría de la exposición “Catalina Guzmán - Photo Chic”, en el Museo Nacional de San Carlos en esta capital.
A principios del siglo XX, cuando la fotografía de estudio se consolidaba como una práctica cada vez más importante en la vida social de la Ciudad de México, el estudio fotográfico Photo Chic también comenzó a construir su propia historia.
Fundado por el matrimonio de los fotógrafos Luis G. Guzmán y María de Jesús Flores, el establecimiento fue mucho más que un negocio dedicado a realizar retratos: se convirtió en un espacio donde las personas acudían a construir, conservar y proyectar una imagen de sí mismas.
Tras mudarse de Tehuacán, Puebla, a la capital del país, Guzmán y Flores instalaron su negocio en el número 34 de la avenida San Francisco, actual avenida Madero, en un local que había pertenecido al reconocido estudio Valleto y Compañía, vinculado a los hermanos Julio, Guillermo y Ricardo Valleto. Ocupar un espacio con semejante trayectoria situaba al nuevo establecimiento en una tradición fotográfica consolidada.
Francisco I. Madero se retrató en Foto Chic
Mesas, floreros, biombos, telones, juguetes, escritorios, secreteres, cunas, sillas, sillones y otros objetos de exquisita calidad se pueden encontrar en estos retratos de estudio y es un deleite visual para los conocedores hallar estos objetos decorativos en las dos distintas firmas de fotógrafos, Hermanos Valleto y Photo Chic.
Hacia 1911 el estudio se estableció en Monte de Piedad número 5, en los altos del célebre Hotel Metropolitano, a un costado de la Catedral Metropolitana.
Desde sus ventanales entraba la luz natural que favorecía las tomas fotográficas, mientras que en el interior se disponían los elementos necesarios para construir escenas cuidadosamente preparadas.
“Francisco I. Madero pasó a retratarse en el estudio fotográfico Photo Chic, pocos días antes de su muerte, cuando la calle de Monte de Piedad aún se llamaba Empedradillo. Por el sello colocado sobre la foto, sabemos esto y también que, el estudio estaba registrado con los nombres de las fotógrafas María de Jesús Flores (madre de Catalina Guzmán) y Margarita Aguirre, quien tiempo después fundaría su propio estudio “Foto Aguirre”.
Catalina Guzmán: la mujer detrás de la cámara
Según las referencias históricas reunidas sobre el establecimiento, indica el investigador César González-Aguirre, alrededor de 1914 el negocio familiar pasó a manos de los hijos del matrimonio, Catalina y Jerónimo Guzmán. Sin embargo, sería Catalina, la mayor, quien destacaría por su trabajo artístico y la personalidad que imprimió a Photo Chic durante las siguientes décadas.
De acuerdo con César González – Aguirre, la trayectoria de Catalina Guzmán resulta fundamental para comprender la historia de Photo Chic. En una época en la que el ejercicio profesional de las mujeres encontraba numerosas barreras, Catalina no solo desarrolló una carrera fotográfica, sino que también estuvo al frente de un negocio propio y construyó una propuesta estética reconocible.
Entre las décadas de 1920 y 1940 su estudio retrató a mujeres vinculadas con los círculos culturales, artísticos y sociales de la capital. Entre ellas se encontraban bailarinas y actrices cuyas imágenes circulaban más allá del ámbito privado.
En 1932, por ejemplo, fotografió a la bailarina española Maruja Gómez, quien utilizó las imágenes para promover una presentación en el teatro Politeama, que se encontraba en Izazaga. También realizó retratos de la actriz Consuelo Villarreal en 1935, de Lucha Maza en 1940 y de Graciela Isassi Farías, bailarina del Ballet de la Ciudad de México, en 1943.
Catalina Guzmán retrató a diversas mujeres de la alta sociedad mexicana durante los años veinte, treinta e inicios de los cuarenta en la Ciudad de México.
Su trabajo se distinguía por la atención a la iluminación, la composición y el tratamiento de la imagen. Ella dominaba el coloreado manual de fotografías mediante pigmentos y óleo, una técnica que requería precisión y sensibilidad artística. El resultado transformaba el retrato en una pieza elaborada, situada entre el registro fotográfico y la interpretación estética.
A este respecto, González – Aguirre resalta que la importancia de Catalina no reside únicamente en su destreza técnica. Sus fotografías permiten observar cambios en la representación de las mujeres durante las primeras décadas del siglo XX.
El retrato como construcción de identidad
En sus retratos, muchas mujeres aparecen con una presencia firme, una postura deliberada y una individualidad que no depende necesariamente de su papel como esposas, madres o integrantes de una familia, al punto que bien podría pensar uno que la persona retratada también era una celebridad.
En ese sentido, Photo Chic participó de una transformación cultural más amplia: el surgimiento de nuevas formas de identidad femenina en una ciudad donde algunas mujeres comenzaban a ocupar con mayor visibilidad los escenarios, los espacios profesionales y la vida pública.
En palabras de nuestro entrevistado, para comprender la importancia social de Photo Chic es necesario imaginar cómo funcionaba un estudio fotográfico de aquellos años. A diferencia del reportero gráfico, que recorría las calles en busca de acontecimientos inesperados, el fotógrafo de estudio trabajaba en un espacio preparado para controlar la luz, los fondos, los objetos y las poses.
Cada retrato implicaba una colaboración entre quien estaba detrás de la cámara y quien se colocaba frente a ella. La elección del vestuario, el gesto, la postura y el encuadre contribuía a producir una imagen que aspiraba a perdurar.
Las personas no acudían solamente para registrar su apariencia: buscaban una representación digna, favorecedora o acorde con la identidad que deseaban proyectar.
La fotografía de estudio era una forma de escenificación y ofrecía recursos para transformar una aspiración en una imagen tangible; una versión elaborada de la persona retratada.
Esta dimensión adquiere un significado particular cuando se observa el trabajo de Catalina Guzmán. Años más tarde, el estudio se mudó a la zona de Mixcoac, bajo el nombre de “Foto Catalina”, nombre de la hija mayor de aquel matrimonio fundador de Foto Chic, y quien murió en 1964.
El entrevistado concluye que Photo Chic permite recuperar el papel de las mujeres que trabajaron como profesionales, artistas y responsables de negocios en un periodo de importantes transformaciones sociales.
Fuente:
Entrevista con César González – Aguirre, quien es curador independiente. Ha trabajado como investigador para la Colección Isabel y Agustín Coppel (CIAC) y el Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.
Fue curador en jefe del Centro de la Imagen de 2017 a 2021. Ha realizado curadurías para el Centro Cultural Los Pinos, el Ex Teresa Arte Actual, el Centro Nacional de las Artes, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) y el Museo Nacional de San Carlos.
Actualmente colabora con el espacio de arte “No Limits! Art Castle” con sede en Ámsterdam, Países Bajos.
Desde el 2023, es director de Drama, un aparador de fotografía dedicado a los cruces entre la cultura popular, la sexualidad y la imagen. Ubicado en el Pasaje Savoy de la Ciudad de México.
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