Este jueves se llevó a cabo la 3° edición del Festival de Escribidores, organizado por la Universidad de la Libertad, cuyo tema central era “Libertad en la escritura”.
A través de seis mesas se abordaron temas como la poesía, la crítica, historia, pero también se abordó la polémica en redes sociales que rodeó al evento, que fue señalado como un encuentro de la ideología de derecha.
Raúl Tola, presidente de la Cátedra Vargas Llosa, dijo en la inauguración que no imaginaba que el Festival fuera a ser protagonista de una controversia ni “mucho menos que una presidenta le dedicaría parte de su tiempo acusándolo de ser parte de un proyecto político extremista y antidemocrático”.
Tola dijo que ese señalamiento es “una inexactitud” y que le “sorprende la repentina” atención al festival que se lleva a cabo desde 2024 –con invitados como Mario Vargas Llosa, Joyce Carol Oats, Mircea Cartarescu, Sergio Ramírez y Gioconda Belli– y planean se expanda a otros países de América Latina.
“Esta larga enumeración de autores de todos los orígenes me permite referirme a una de las características que hemos querido imprimir en Escribidores: su pluralidad”, añadió Tola, quien pidió al público evaluar las participaciones y llegar a sus propias conclusiones.
Roberto Salinas, director de Asuntos internacionales de la Universidad, celebró que en tiempos de polarización “existan espacios como éste en donde no es un tema de etiqueta, si soy de derecha e izquierda, sino un espacio de diálogo en el sentido literal, es decir poder intercambiar una idea con otra”.
En la mesa “Poesía y crítica”, María Rivera destacó que ante la abundancia de poesía y su democratización, la calidad “ha perdido importancia”. La escritora y crítica dice que se debe al fenómeno cultural que “concibe al arte como un vehículo de expresión identitaria de las narrativas egotistas a las narrativas moralmente aleccionantes”.
Rivera señala que este fenómeno ha sido llevado también al aparato cultural estatal, “la llegada de la así llamada Cuarta Transformación acentuó brutalmente el fenómeno al desaparecer las nociones de arte, pluralidad y excelencia para encumbrar discursos demagógicos y propagandísticos”.
La escritora considera que hoy en día los premios de poesía no reconocen a la obra, sino que “las confirmaciones de su propio presupuesto ideológico”.
Rivera también habló sobre la desaparición del pensamiento crítico “a manos de la censura” y que “es parte constitutiva de este movimiento de tintes totalitarios (..) y que ha sido capaz de revivir los juicios inquisitorios en pleno siglo XXI”, declaró.
Con respecto a los premios literarios, la autora de “Espiral de los latidos”, cuestionó las cartas de sanidad moral que han estado exigiendo autoridades, como el INBAL, para decidir si el escritor es merecedor del premio.
Rafael Pérez Gay, escritor y periodista que participó en la mesa “Ciudad de México: memoria, poesía y novela”, declaró que el Festival “debería ser un ejemplo de lo que debería replantearse en el mundo de la cultura mexicana de hoy. En el mundo oficial sería muy difícil pedirlo, pero en el mundo privado tenemos que aceptar que este evento es realmente muy importante (...). Algo habrán visto en este evento que ha sido mencionado en la mañanera por la presidenta de la República”.
Con respecto al tema de la Ciudad de México y la memoria, Pérez Gay dijo que pese a que tiene mala prensa entre los escritores la nostalgia, es fundamental tenerla presente para poder hacer memoria. Elementos como la llegada de la luz eléctrica, hasta los gobiernos, son cruciales para narrar la transformación de la capital del país, que “pese a que tiene extraordinarios lugares, ha sido gobernada de un modo irresponsable, que ha aceptado la destrucción del pasado, cuidamos poco de nuestra memoria”, afirmó el periodista.
El escritor cubano Leonardo Padura fue el encargado de cerrar el Festival Escribidores, quien presentó su novela “Morir en la arena”, la más reciente que publicó en 2025. Padura señala que ese libro es “la crónica de una derrota”.
“Desde el presente hay que hacer memorias para el futuro. Sabemos que todos los poderes manipulan la memoria, entonces creo que es importante que desde la literatura si se tiene la posibilidad y el espacio de la libertad, hay que hacer ese ejercicio de memoria para el futuro”, declaró el autor cubano.
Padura señaló que en los momentos más tensos se puede ver lo mejor y lo peor de la gente; con respecto a la situación actual de Cuba, el escritor compartió que le provoca dolor recorrer La Habana y le provoca “un proceso de ajenitud, una distancia, que esa ciudad me va siendo ajeno”.
A propósito de la libertad, tema eje del festival, Padura contó que desde 1996 que publica bajo el sello de Tusquets, la editorial ha representado “una ventana de libertad”.
En la jornada también se llevaron a cabo las mesas “Novela e historia: Ucrania, Rusia y Bulgaria”, en la que participaron Jean Meyer, Alberto Ruy Sánchez y David Toscana; “Elogio de la crítica: labores y lugares”, con Pablo Sol Mora y Antonio Villarruel Oviedo; “Lenguaje: inteligencia artificial, creación y poder”, con Pablo Boullosa, Ángel Jaramillo Tores y Gerardo Laveaga, y “Crónica y ensayo: entre política y arte”, con Jordi Soler y Gerardo Laveaga.
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