La única manera que Martín Solares encontró para contar la vida excepcional —por singular—, de Edward James, el artista, mecenas, poeta, coleccionista de arte y creador del único jardín surrealista al aire libre del mundo, instalado en Xilitla, San Luis Potosí, fue hacerlo como se cuentan Las mil y una noches, que es contar una historia fascinante cada día. Y así lo hizo el también autor de Los minutos negros, pero él se impuso contar cinco grandes hitos de la vida del autor de Las Pozas en una noche.
“Me esmeré en que cada uno de los capítulos contara una historia muy redonda y al mismo tiempo estuviera trenzado en una red novelesca que le permitía al lector seguir avanzando. Entonces, hay una dirección y también hay una intención detrás de cada contenido, tal como ocurre cuando visitamos el jardín de Las Pozas en el que cada escultura es muy distinta”, dice Solares, quien lo logró en la novela Una noche en la selva, publicada por Random House.
En la novela que relata la vida del artista inglés que dedicó 40 años y más de 10 millones de pesos a construir un jardín surrealista que es único en el mundo y que al contar su historia evoca los fantasmas de Max Ernst, Salvador Dalí, André Bretón, Leonora Carrington, René Magritte y Peggy Guggenheim, entre otros surrealistas, Martín Solares hizo un experimento que le salió.
“Yo quería que la materia y la forma de cada uno de estos relatos que se encuentran dentro de los capítulos fueran muy diferentes uno de otro. Y aquí apliqué al 100% mi teoría de las primeras veces. Yo quería que cada capítulo nos contará una primera vez importante en la vida de James y a través de James, de todo ser humano”, afirma el narrador que le dedicó a esta historia 23 años de visitar Las Pozas y documentar la vida de James.
Y así, en una sola noche, el narrador nacido en Tampico, Tamaulipas, contó en la novela: “La primera vez que uno se enamora, la primera vez que uno rompe con ese gran amor, la primera vez que uno encuentra un alma gemela en el ámbito artístico, la primera vez que uno se desencanta y siente que ha perdido todo y por supuesto la primera vez en que uno tiene que recuperarse varias veces en la vida y seguir avanzando”.
Solares hizo la novela emprendiendo dos retos principales: contar la historia de la construcción de Xilitla y el surrealismo, y convertir al lector en un visitante más de Xilitla y de esta novela. Hacer de él un personaje a la manera en que lo lograron Ítalo Calvino, Julio Cortázar y Michel Butor.
Dice que el asunto más difícil era inventar la voz de una persona que realmente existió y de la cual quedan aún unos cuantos testigos de su paso por la Tierra, pero también quería compartir la sensación de alegría que produce llegar a ese jardín y también compartir todos los secretos que están detrás de cada una de las esculturas y de la concepción general de ese museo al aire libre, como no hay otro en el mundo, pero sin elogios.
“Traté de equilibrar sus muchos logros, innegables, con también su infinita cantidad de fracasos y contar eso en el género artístico que mejor contiene la vida humana que creo yo que es la novela”, dice Solares, quien plantea que esta novela mantiene un vínculo estrecho con su libro de ensayos El fantasma de las novelas; “esta novela tiene una especie de fantasma que lo acompaña, ese otro libro”.
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