Lola Cortés se ganó el mote de la “Jueza de Hierro” en "La Academia", y es una personalidad que ha ido matizando con el tiempo. Aun así, hay alguien con quien todavía es especialmente dura: consigo misma. “Me regaño mucho aún”, admite la actriz.
A sus 56 años, considera que tiene una deuda pendiente con la niña que fue. Aunque recuerda una infancia feliz, también vivió dificultades en la escuela y recibió descalificaciones que tardó décadas en comprender.
En el teatro, por fortuna, encontró un lugar donde aprender le resultaba más sencillo.
“Por eso cada que subo al escenario dejo a mi niña a un lado para que vea la obra y al final abrazarla”, cuenta la actriz.
Los diagnósticos de trastorno de ansiedad generalizada y, posteriormente, de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), hace 17 años, le permitieron entender parte de aquellas experiencias.
Ahora busca reconciliarse con esa niña que alguna vez soñó con ser docente y que, pese a encontrar su camino en la actuación, dejó algunos deseos pendientes.
Eso está presente en "Niño perdido", obra que celebra 10 años de temporada en el Nuevo Teatro Versalles. En ella interpreta a un hada madrina que ayuda a un hombre que contempla quitarse la vida a recordar aquello que lo hace feliz. Cortés recibió el libreto apenas dos meses después de la muerte de su madre y encontró en el personaje una oportunidad para hablar de sus propias heridas.
¿Qué le dirías hoy a la niña que fuiste?
Creo que no le he pedido perdón, no la he abrazado, no la he sanado. Tuve una infancia padrísima, tengo grandes amigos a quienes sigo viendo, mi madre fue maravillosa, le doy gracias a Dios por haber tenido a mi hermana siempre conmigo, pero hay cosas en las que me quedé atorada.
¿Cuándo comenzaste a entender lo que le pasaba?
Tengo trastorno de ansiedad generalizada, eso me lo diagnosticaron hace 17 años, y checando mi infancia me di cuenta de que esto tiene toda una razón de ser, porque pasé por unas cosas terribles que yo no entendía.
Mi hermana Laura y yo estudiamos en una escuela Montessori, porque en los 70 éramos unas niñas problema: “Niña idiota, niña tonta, no aprende”, todo eso. Cuando me diagnosticaron fui entendiendo muchas cosas.
Tiempo más tarde me diagnosticaron también con TDAH, entonces yo vivo medicada para poder tener calidad de vida, y de verdad, es increíble cómo la medicación hace que yo vea todo de colores, que todo está bien y padrísimo. Me dolió mucho pensar que el diagnóstico llegó a los 40 años, pero por lo menos llegó, entonces estoy tratando de sanar una infancia, una adolescencia y una adultez que no entendía.
El escenario fue sanador...
Siempre. Descubrí que el escenario es mi terapia. Antes de que fuera a un doctor que me dijera que yo tenía un trastorno, que tenía problemas, yo decía: “Qué bueno que hago teatro porque así puedo sacar todo lo que tengo”.
El escenario siempre ha sido para mí terapéutico, y cuando entré a Toc Toc (2021) fue una revolución, porque ahí me enteré que yo estaba enferma, me dio un ataque de pánico cuando lo entendí en un ensayo.
¿Crees que las obras llegan a tu vida por alguna razón?
Hay mucha verdad en ese dicho, porque no es que las haya escogido, es que las obras me están buscando. Y Niño perdido no era en sus inicios lo que es hoy, era súper intensa, muy dramática, entonces cuando entro yo dije: “Es la oportunidad de poder decir las cosas como yo las estoy sintiendo, como yo las estoy viviendo”, y fue maravilloso.
Yo les digo a mis alumnos: “Tengan cuidado porque el día que les llegue una obra que tenga que ver con su vida y no puedan terminar de leer el libreto porque no paran de llorar, y al director no le importa si se murió alguien de tu vida, él tiene que estrenar y tú tienes que aguantar”.
¿Cómo conectaste con la historia de Niño perdido?
Fue una locura, habían pasado apenas dos meses de la muerte de mi madre cuando recibí el texto, entonces para mí aprendérmelo fue muy difícil porque pensé: “Cómo me hubiera gustado que mi madre viera esta obra para que encontrara su niña interior”. Mi mamá pertenecía a una generación donde pensaban que esto era ridículo.
El personaje del hada cuando conoce a este chico le dice: “Quiero saber qué te pasó”, y no se fue atrás días o años, sino que fue: “Quiero saber qué pasó en este día que tú decidiste terminar con tu vida”. En esta época hablar de la depresión es tan importante, se pierden tantas vidas así, es una locura, así que necesitamos comunicar lo que es la depresión.
¿El teatro era tu sueño?
No, mi sueño no era éste, caí en el teatro musical por accidente, yo ni siquiera lo conocía, entonces cuando empecé a los ocho años fue como: “Ah, esto está padrísimo”, y seguí a la otra comedia musical, luego a la otra, divertidísima porque yo estaba jugando. Es hasta los 18 que yo decido que quiero hacer comedia musical.
Pero en la primaria yo decía: “Quiero ser docente, quiero regresarle a mi escuela todo lo que me está dando, entonces a veces trato de sanar a esa niña que fui diciéndole: “Estamos dando clases de teatro musical, escucha a tus alumnos, te necesitan”.
¿Qué sueños quieres cumplir ahora?
Yo tengo 56 años y no saben las ganas que tengo de empezar a estudiar música, porque aunque la estudié de niña ahora quiero hacerlo de lleno.
Pero también quiero volver a hacer otra vez la primaria, la secundaria, por primera vez la preparatoria y la universidad, donde quiero estudiar Psicología, para especializarme en niños y niñas con problemas (cognitivos o físicos). Porque quiero poner mi escuela de teatro y tener niños que no fueron aceptados en otras escuelas, para que sepan que ahí son bienvenidos, que sepan que puedan vencer sus limitaciones y que vean que todos pueden estar en un musical.
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