Puyo, Ecuador, acogió el XII Foro Social Panamazónico, que convirtió la ciudad en tribunal político de la Amazonía. Entre denuncias por ecocidio, desacato judicial y extractivismo, los pueblos indígenas reafirmaron su autonomía territorial y trazaron la ruta hacia el XIII FOSPA en Colombia
Texto: Gabriela Ruiz Agila
Fotos: PAKKIRU
PATAZA, ECUADOR.— Entre el 16 y el 21 de agosto de 2026, Puyo fue la sede del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA 2026) , un evento que, por primera vez en sus más de dos décadas de existencia, se realizó en Ecuador y que reunió a científicos, activistas ambientales y de derechos humanos, comunicadores y autoridades provenientes de nueve países que comparten la mayor cuenca hidrográfica del planeta: la Amazonía.
En Puyuk, nombre originario en kichwa de la ciudad del Puyo, el bastón de mando lo sostuvieron las siete nacionalidades indígenas de la provincia de Pastaza en una histórica cogobernanza comunitaria. Se dio la bienvenida a las delegaciones de Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa.
Ecuador, el país anfitrión, es un espejo de profundas contradicciones. Fue el primer Estado del mundo en elevar a rango constitucional los Derechos de la Naturaleza, en el año 2008. Sin embargo, en sus territorios amazónicos se viven agresiones sistemáticas contra el bioma amazónico.
El inicio del foro coincidió de manera milimétrica con el tercer aniversario de la Consulta Popular del Yasuní (20 de agosto de 2023), transformando la cita en una asamblea general de denuncia contra el desacato estatal y corporativo.
Otro de los casos es la falta de cumplimiento para retirar los mecheros en la Amazonía ecuatoriana. A cinco años de una sentencia judicial histórica, el Estado y las petroleras no han desmontado las antorchas que queman gas y dañan la salud y el ambiente.
El XII FOSPA plantea una revisión de las problemáticas, los activismos, los retos, pero también de los recursos y formas de resistencia frente a un modelo económico global que, en palabras de las propias comunidades, ha declarado una guerra a muerte contra la vida.
La discusión en las casas
El debate político se organizó a través de casas temáticas donde se sistematizaron las realidades, denuncias y propuestas de toda la Panamazonía.
«Territorios Libres de Extractivismo»
Delegados de toda la cuenca compartieron cómo las concesiones mineras legales e ilegales, la explotación petrolera y la expansión de la frontera agroindustrial avanzan como una metástasis sobre las selvas.
Muchos de los casos se han judicializado y otros deben recurrir a la ofensiva jurídica y territorial. Los pueblos exigieron el reconocimiento legal de los territorios indígenas como «zonas de exclusión extractiva», demandando la reversión inmediata de todas las concesiones y la prohibición absoluta del uso de mercurio en las cuencas hídricas.
Uno de los casos emblemáticos es el de Tzawata Ila Chukapi, ahora mismo bajo el asedio de la expansión minera.
«Autonomías, Autogobiernos y Libre Determinación»
Se observó el papel del Estado, al que los participantes califican de ausente en las comunidades para la protección, pero hiperpresente para el despojo y diversas formas de amedrentamiento.
Esta casa debatió el fortalecimiento de la mística organizativa, la consolidación de las guardias comunitarias y cuidadoras del territorio, los sistemas de justicia propia y el control territorial efectivo como la única garantía real de supervivencia frente a la arremetida de las economías ilegales y el narcotráfico.
«Economías para la Vida y Justicia Climática»
Se visibilizaron las prácticas ancestrales de soberanía alimentaria, la forestería comunitaria y el manejo sostenible de la selva. Se debatió cómo las «Economías para la Vida» constituyen un horizonte político que pone el cuidado de los ecosistemas y los derechos humanos por encima de la acumulación de capital.
«Resistencia de Mujeres, Feminismos y Diversidades Sexo-Genéricas»
Las lideresas evidenciaron que existe una conexión directa entre la violencia que las industrias extractivas ejercen sobre la tierra y la violencia estructural que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres y las niñas en las zonas fronterizas y de campamentos mineros o petroleros.
Se reivindicó el rol de las parteras, las sabias y las defensoras ambientales que sostienen la vida comunitaria y la memoria ancestral a costa de su propia seguridad.
La Quinta Casa de Saberes
Fuera del mapa oficial del foro, emergió un espacio que modificó la vibración política del encuentro: la Quinta Casa de Saberes. Se instaló físicamente en la Casa de las Mujeres Amazónicas, un territorio conquistado tras años de marchas, asambleas y resistencia por lideresas históricas como Nohemí Gualinga y Alicia Cahuiya.
Esta casa paralela fue el resultado de una suma de voluntades artísticas y comunicacionales coordinadas por el colectivo Laboratorio Ecua (LabEcua) , una plataforma cultural de diálogo de saberes e intercambio de experiencias en la Amazonía.
Sostenida por creadores como el artista transdisciplinario sonoro ecuatoriano Fabiano Kueva y la fotógrafa y artista visual española María Primo, la Quinta Casa demostró que la comunicación popular y el arte conceptual no son adornos de la lucha social, sino herramientas de combate estético.
Condena a los Estados por ecocidio y desacato judicial
El lunes 19 de agosto, las instalaciones del núcleo de Pastaza de la Casa de la Cultura se transformaron en una corte de justicia popular de trascendencia internacional.
El Tercer Tribunal Regional por los Derechos de la Naturaleza sesionó con un jurado ético integrado por intelectuales, juristas ecocéntricos y sabios comunitarios de diversos países.
Su objetivo era claro: juzgar la responsabilidad por omisión y acción de los Estados amazónicos en la destrucción sistemática del bioma, enfocándose de manera prioritaria en la afectación provocada por las industrias extractivas de combustibles fósiles.
Las declaraciones de los testigos se extendieron por horas. Ancianas kichwa de Sucumbíos, jóvenes waorani del Yasuní y pescadores afectados del norte de la Amazonía ecuatoriana comparecieron ante el estrado improvisado.
Sus testimonios no hablaron de estadísticas abstractas de macroeconomía; hablaron de cáncer en la piel, de ríos donde los peces flotan muertos envueltos en capas de petróleo aceitoso, de la pérdida de los animales de caza y del ruido infernal de los taladros que ahuyenta a los espíritus protectores de la selva.
El jurado determinó de forma unánime que la cuenca amazónica ha cruzado el umbral de su resiliencia sistémica. La deforestación combinada con la contaminación petrolera y minera está alterando de manera irreversible los ciclos de los «ríos voladores», acercando a todo el planeta a un colapso climático catastrófico.
Por ello, se declaró formalmente a la Amazonía en Estado de Emergencia Climática y Sanitaria.
El Tribunal halló culpables a los gobiernos de la región, con especial énfasis en el Estado de Ecuador, por violar sistemáticamente los Derechos de la Naturaleza consagrados en su propia Constitución.
Se determinó que la continuidad de la extracción de crudo en zonas megadiversas y el mantenimiento de infraestructuras destructivas constituyen crímenes de lesa naturaleza y ecocidio.
Como resolución operativa, el Tribunal ordenó la creación de una Red Amazónica de Monitoreo Ambiental Comunitario. Esta red articulará la sabiduría ancestral de los pueblos con las herramientas de la ciencia de datos y la cartografía satelital para construir un Atlas Vivo de la Contaminación.
El objetivo final es unificar los casos de ríos destruidos por derrames en Ecuador, Perú y Colombia para entablar un litigio estratégico con enfoque ecocéntrico ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, forzando una jurisprudencia que obligue a los Estados a reparar de forma integral los ecosistemas transfronterizos.
Declaración Política de Puyuk: geopolítica del despojo y falsas soluciones del capital
El documento definitivo que sintetizó el espíritu del encuentro fue la Declaración Política de Puyuk, firmada de manera colectiva el 20 de agosto de 2026.
Este texto abandona las medias tintas diplomáticas y se estructura como una pieza de análisis geopolítico radical, redactada desde la perspectiva de las poblaciones que habitan las zonas de sacrificio del capitalismo global.
La declaración inicia contextualizando el tiempo histórico en el que se desarrolla el foro: un escenario caracterizado por un capitalismo global desbocado y una multipolaridad competitiva donde potencias del Norte Global se disputan de forma violenta el control de recursos estratégicos indispensables para la transición tecnológica e industrial occidental: minerales, tierras raras, petróleo, biodiversidad y agua dulce.
El documento denuncia que esta voracidad internacional ha desatado dinámicas de ocupación colonial y las llamadas «guerras internas» o estados de excepción permanentes en países como Ecuador, Colombia y Perú.
Bajo la narrativa oficial del combate a la inseguridad, el texto advierte que las fuerzas estatales operan con lógicas fascistas similares a una reedición del Plan Cóndor, donde el verdadero «enemigo interno» identificado y perseguido por los gobiernos no es otro que los pueblos comunitarios que ejercen resistencia territorial frente al despojo de sus tierras.
Uno de los aportes teóricos más potentes de la Declaración de Puyuk es su crítica demoledora a los mecanismos financieros internacionales que pretenden mercantilizar la crisis climática.
Los pueblos amazónicos rechazaron categóricamente los mercados de carbono y créditos de biodiversidad, así como los canjes de deuda por naturaleza y bonos temáticos (bonos jaguar) .
Por primera vez en la historia del FOSPA, una declaración política analiza con precisión quirúrgica el avance del crimen organizado transnacional sobre la selva.
El documento denuncia que redes del narcotráfico, la minería ilícita de oro, la tala ilegal de madera noble y el tráfico de personas ejercen hoy un control territorial creciente e implacable sobre la región panamazónica.
El manifiesto rechaza la militarización de los territorios impulsada por los gobiernos, señalando que los ejércitos estatales no desarticulan las estructuras financieras de las mafias, sino que terminan persiguiendo a las guardias comunitarias indígenas que intentan defender sus bosques.
La Amazonía desaparecerá
La realización del FOSPA en Ecuador sirvió como un tribunal político in situ para auditar el sistemático incumplimiento de las sentencias y mandatos populares por parte del Estado ecuatoriano.
Los debates en Puyuk se articularon en torno a tres heridas históricas de la Amazonía que demuestran cómo la justicia oficial se detiene cuando choca contra los intereses petroleros: el vergonzoso secuestro de la Consulta Popular del Yasuní, el envenenamiento diario y silencioso a través de los mecheros de gas en el norte de la Amazonía, y la impunidad corporativa tras desastres ambientales como el megaderrame de 2020. Todo ello demuestra que las garantías constitucionales y los Derechos de la Naturaleza son, para el poder político, una simple ficción jurídica intercambiable por divisas.
El tiempo se agota. Los datos científicos presentados en el foro por el Panel Científico por la Amazonía (SPA) son categóricos y aterradores: la cuenca amazónica ya ha perdido y degradado el 26 % de su cobertura boscosa original.
Los científicos advierten que el año 2030 es el límite absoluto e impostergable para detener por completo la deforestación y la explotación petrolera.
Si la destrucción continúa al ritmo actual, para finales de esta década el bioma cruzará el verdadero punto de no retorno, desencadenando un proceso irreversible de sabanización que transformará el pulmón del planeta en un ecosistema seco y degradado, condenando al fracaso cualquier esfuerzo global para mitigar el colapso climático.
Frente a un Estado sordo y un mercado voraz, la verdadera jurisprudencia y la única esperanza no nacen de los palacios de justicia oficiales, sino de la insurrección de los saberes ancestrales.
Los pueblos originarios, liderados por la dignidad inquebrantable de las mujeres amazónicas, han decidido no esperar más los permisos ni las promesas del gobierno.
Mediante el control territorial efectivo, el despliegue de sus guardias cuidadoras y el uso del arte y la comunicación comunitaria como herramientas de trinchera, las nacionalidades indígenas están construyendo la única zona de exclusión extractiva real que le queda a la cuenca.
En Puyuk se sembró una certeza colectiva: la selva viviente, el Kawsak Sacha, solo continuará respirando si se defiende con la firmeza del cuerpo, el territorio y la memoria.
La ruta hacia el XIII FOSPA en Colombia ya está trazada, y la consigna es clara: el tiempo de pedir permiso ha terminado.
The post Las venas abiertas de Puyuk appeared first on Pie de Página.
Contenido sindicado vía RSS de Pie de Página. Nota original: https://piedepagina.mx/las-venas-abiertas-de-puyuk/