Desde finales de 2021, las tasas de interés de largo plazo de los bonos gubernamentales de la mayoría de las economías avanzadas han mostrado trayectorias ascendentes hasta alcanzar, en algunos casos, niveles no observados desde antes de la gran crisis financiera global de 2007-2008.
El alza ha sido especialmente marcada en los rendimientos de la deuda soberana a treinta años. Por ejemplo, de diciembre de 2021 a agosto de 2026, la rentabilidad del bono del Tesoro de Estados Unidos aumentó 317 puntos base, para ubicarse en 5.25 por ciento, el mayor nivel desde junio de 2007. Los incrementos de las tasas en el Reino Unido, Francia, Alemania y Japón fueron mayores, aunque, con excepción del primero, los niveles se mantuvieron por debajo de los de Estados Unidos.
Durante el mismo periodo, los rendimientos de los bonos de diez años de esos países registraron aumentos similares a los de treinta años, alcanzando niveles elevados desde 2023, excepto en Japón, cuya tendencia creciente se ha pronunciado desde entonces.
El ascenso de las tasas de interés de largo plazo ha sido un fenómeno esencialmente de las economías avanzadas, si bien ha admitido excepciones, como Suiza, donde el aumento ha sido mínimo. En promedio, las economías emergentes han experimentado menores presiones, incluyendo reducciones en el caso de China e incrementos muy bajos en otras economías asiáticas. En el periodo de referencia, las tasas de interés de México a treinta y diez años aumentaron 150 y 160 puntos base, respectivamente.
A juzgar por la información extraíble de instrumentos de mercado, el aumento de las tasas de interés de largo plazo de las economías avanzadas no parece responder a un incremento en la inflación esperada. Las mediciones de compensación por inflación y riesgo inflacionario, definidas como la diferencia entre las tasas de interés nominales y reales, comúnmente conocidas como breakevens, han mostrado relativa estabilidad en el periodo de referencia.
Tampoco las presiones en las tasas de interés parecen reflejar un incremento material en el riesgo de impago de la deuda soberana. Por ejemplo, los precios de los contratos de seguro frente al impago de la deuda (CDS) se han mantenido estables o han aumentado ligeramente, reflejando un moderado riesgo crediticio. En otras palabras, los mercados financieros no revelan un temor de una crisis financiera y eventual default para estos países, por ejemplo, al estilo de la ocurrida en Grecia durante 2010-2012.
Una consecuencia del alza de las tasas de interés de largo plazo ha consistido en que los gobiernos han buscado emitir más deuda a corto plazo y menos a largo plazo. La menor duración de la deuda ha permitido disminuir el costo de financiamiento actual, pero ha aumentado las necesidades de refinanciación futuras.
Las mayores tasas de interés de largo plazo de las economías avanzadas parecen tener su raíz en las políticas fiscales expansivas de esos países, cuya agudización reciente ocurrió en 2020 para hacer frente a la pandemia, lo que se ha traducido en una demanda creciente de financiamiento en los mercados financieros.
Un caso emblemático ha sido Estados Unidos, cuya deuda federal en manos del público, como proporción del PIB, alcanzó 103 por ciento en el segundo trimestre de 2020, 25 puntos porcentuales por arriba de la correspondiente razón dos trimestres antes. Después de una moderada disminución, este indicador volvió a subir hasta alcanzar 99 por ciento en el primer trimestre de 2026.
Las tendencias alcistas de las tasas de interés estadounidenses podrían llegar a poner presión a la Reserva Federal para volver a aplicar programas masivos de compra de activos financieros (QE) con el fin de comprimir los rendimientos. Tal esfuerzo podría confundir la misión del banco central con la política fiscal, poniendo en peligro el control de la inflación.
Los requerimientos financieros crecientes del gobierno hacen que los inversionistas demanden un mayor premio por adquirir deuda de largo plazo, al tiempo que los riesgos inflacionarios podrían apuntar a la expectativa de aumentos en la tasa de interés de política monetaria. El economista Hanno Lustig ha estimado recientemente que aproximadamente dos terceras partes del aumento en el rendimiento de los bonos estadounidenses a diez años ha correspondido a una mayor prima por plazo y el resto al aumento de las tasas esperadas de corto plazo.
Finalmente, si el problema de fondo es fiscal, las presiones alcistas de las tasas de interés solo pueden resolverse con disciplina fiscal. Seguir recurriendo a soluciones de corto plazo, como duplicar la recompra de bonos por parte del Tesoro, sin un ajuste fiscal creíble no hará más que posponer el problema y elevar el riesgo de una eventual crisis de deuda.
Contenido sindicado vía RSS de El Financiero. Nota original: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/manuel-sanchez-gonzalez/2026/09/09/las-presiones-fiscales-en-las-tasas-de-interes/