El proceso de conquista sobre los pueblos prehispánicos fue largo y cruento. Más allá de cualquier posición, es una realidad que en aquella etapa histórica de México fueron constantes los episodios de violencia. Uno de ellos, inesperadamente, se ha convertido en uno de los momentos estelares del patriotismo de nuestro país. Se trata del tormento de Cuauhtémoc.
El tormento de Cuauhtémoc
Tras la caída y toma de Mexico-Tenochtitlan y su gemela, Mexico-Tlatelolco, el 13 de agosto de 1521, la resistencia mexica al fin cesó. Hernán Cortés había logrado capturar al último huey tlatoani de la ciudad tenochca, Cuauhtémoc. En un principio, el oriundo de Extremadura mantuvo a salvo al gobernante junto a su familia a fin de garantizar la obediencia de los mexicas y poder restaurar Tenochtitlan tras la batalla. No obstante, tanto su inseguridad como la presión de sus hombres lo hicieron decidir torturarlo. Y es que el oro que habían obtenido de botín no era suficiente para ser repartido. De ahí que los conquistadores empezaran a imaginar que el tlatoani y los suyos habían ocultado en los canales de la ciudad un enorme tesoro.
En este aspecto, diversos cronistas dan cuenta de este episodio: tanto Bernal Díaz del Castillo, Antonio López de Gómara así como fray Bernardino de Sahagún. Tanto Díaz del Castillo como López de Gómara cuentan que a Cuauhtémoc y al antiguo señor de Tlacopan, Tetlepanquetzaltzin, les fueron quemadas las plantas de los pies con brasas. A pesar del dolor, el joven mexica negó la existencia del tesoro. Siguiendo la información recogida por Antonio López de Gómara en Historia general de las Indias y conquista de México (1552), ante el dolor, el tlatoani de Tlacopan le solicitó revelar todo al huey tlatoani de Mexico-Tenochtitlan. Ante ello, el gobernante tenochca le reprochó que:
si estaba él en algún deleite o baño
Desgraciadamente, el suplicio fue tan atroz que Cuauhtémoc quedó tullido por el resto de sus días.
El huey tlatoani Cuauhtémoc en el Códice Cozcatzin. © Noticonquista. IIH. UNAM.La realidad histórica del suplicio
Gracias a los famosos juicios de residencia celebrados contra Hernán Cortés en España, en el año 1529, sabemos que el cruento episodio fue cierto. La idea de esta tortura fue de un ballestero que iba en calidad de tesorero real, un tal Juan Alderete. Por otra parte, parece ser que los conquistadores estaban tan endeudados y que por ello se empecinaron en la existencia del supuesto tesoro. Además, por el testimonio del médico Cristóbal de Ojeda, se conoce que no solo se le quemaron los pies a Cuauhtémoc, sino también las palmas de sus manos.
Recordemos que este cruel procedimiento nació en la Edad Media, con la Inquisición papal establecida durante la cruzada contra los cátaros entre los siglo XII y XIII. En el juicio realizado a Jacques de Molay, el Gran Mestre de los caballeros templarios, se le empleó. Y aunque a menudo se imagina que simplemente se quemaban los pies o manos de los desafortunados, en realidad se usaba un hisopo bañado en aceite que se calentaba con un brasero.
Retrato de Hernán Cortés hacia 1530 en un manuscrito alemán.La apoteosis de un héroe nacional
Aunque el tormento de Cuauhtémoc es uno de los muchos terribles episodios que hubo durante la conquista, inesperadamente se volvió un símbolo de heroísmo y estoicismo ante la adversidad. En la conformación del Estado mexicano en el siglo XIX, se empezó a acudir al pasado prehispánico como germen de nuestro país. Por ello, en personajes históricos de aquella etapa se identificaron virtudes heroicas. Un ejemplo es como el historiador Eligio Ancona modificó el famoso reproche del tlatoani mexica en su novela Los mártires del Anáhuac (1870), transformándolo en este célebre lema:
¿Estoy yo acaso en un lecho de rosas?
También la pintura fue partícipe de este proceso, teniendo como mayor ejemplo El suplicio de Cuauhtémoc (1892) del artista Leandro Izaguirre. No obstante, no sería hasta la Revolución Mexicana y el nacionalismo nacido de ella que este episodio se terminaría de consagrar. Movimientos artísticos y culturales, como el muralismo, reivindicaron el pasado indígena de nuestro país. En figuras como la de Cuauhtémoc se identificó la resistencia y valentía del pueblo mexicano frente a la injusticia y opresión. Además, la historia de México empezó a ser entendida como una epopeya popular, en donde los héroes jugaron un papel determinante. El mejor ejemplo de ello es el mural que David Alfaro Siqueiros hizo sobre este episodio histórico: Tormento de Cuauhtémoc. La pieza, pintada entre 1950 y 1951, conforma junto a la Apoteosis de Cuauhtémoc un díptico que el día de hoy se encuentra en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
Tormento de Cuauhtémoc, mural de David Alfaro Siqueiros. © Museo del Palacio de Bellas Artes. INBAL.
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