Cuando hablamos de movilidad eléctrica solemos concentrarnos en las ventas y en las tecnologías que llegan al mercado, pero conforme la electrificación avanza, queda claro que el verdadero desafío está también en todo lo que hace posible su operación cotidiana. Los números muestran que el interés existe. Entre enero y agosto de 2026 se comercializaron 129,359 vehículos híbridos y eléctricos en México, equivalentes al 12.8% del mercado nacional y a un crecimiento anual de 46.1%.
Es una señal positiva, pero también una invitación a mirar más allá. El éxito de la electrificación dependerá no solo del ritmo de adopción, sino de qué tan preparado esté el entorno para acompañarla. La infraestructura de recarga es un buen ejemplo. Al cierre del primer semestre de 2026, México contaba con 60,932 conexiones públicas y privadas: 56,279 privadas y apenas 4,653 públicas. Esto refleja una realidad importante: para muchos usuarios, la experiencia de recarga sigue dependiendo de contar con un espacio propio donde conectar su vehículo. Para quienes utilizan el automóvil, principalmente dentro de una ciudad, esto puede representar una ventaja. Para quienes recorren largas distancias o pasan buena parte del día en carretera, las necesidades son distintas. Por eso, no existe una única respuesta tecnológica para todas las necesidades de movilidad. Los vehículos eléctricos pueden ser la mejor alternativa para ciertos usos; las tecnologías híbridas pueden responder mejor a otros escenarios. La decisión depende de factores como los recorridos, los tiempos de carga, el mantenimiento, la infraestructura disponible y el costo total de operación. Y hay otro punto fundamental: no existe una única respuesta tecnológica para todas las necesidades de movilidad. Los vehículos eléctricos pueden ser la mejor alternativa para ciertos usos; las tecnologías híbridas pueden responder mejor a otros escenarios. El reto para México no es cuántos vehículos electrificados podremos sumar al mercado, sino si el país está preparado para acompañar ese crecimiento. Eso implica avanzar en infraestructura de recarga, fortalecer la capacidad y confiabilidad de la red eléctrica, garantizar la disponibilidad de energía y promover inversiones que amplíen su cobertura. Pero también comprender mejor los hábitos de movilidad y las necesidades de quienes utilizan estos vehículos.
Durante mucho tiempo hemos abordado la electrificación principalmente desde el producto. Hoy necesitamos una visión más amplia. La experiencia del usuario no termina cuando un vehículo sale de una agencia: depende de que pueda utilizarse de manera conveniente, confiable y económicamente viable durante toda su vida útil. México tiene características propias en infraestructura, territorio, hábitos de desplazamiento y necesidades logísticas. Por eso, la transición hacia una movilidad más sostenible no ocurrirá al mismo ritmo para todos. La electrificación será una pieza fundamental en la evolución de la movilidad. Sin embargo, el éxito de esta transformación no se medirá únicamente por el número de vehículos que circulen en las calles, sino por nuestra capacidad para generar las condiciones que la hagan viable, accesible y funcional para millones de personas. El reto no es únicamente adoptar nuevas tecnologías. Es construir la infraestructura, la capacidad energética y los incentivos necesarios para que funcionen de manera eficiente en el día a día. Porque el futuro de la movilidad no se definirá sólo por los vehículos que pongamos en las calles, sino por nuestra capacidad para convertir esa transición en una realidad para las personas. _______________________________________________ Nota del editor: Jesús Gallo es CEO, Renault México. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión
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