"Así como hay un oficio divino que con rezos, salmos y cantos marca las horas canónicas, hay también un oficio mexicano que acota el tiempo nacional de acuerdo con los cánones oficiales establecidos. Hay un oficio mexicano que cuenta y canta los esplendores nacionales... Ese oficio mexicano es el que decreta que México ha resplandecido durante treinta siglos". Roger Bartra (Ciudad de México, 1942) cuestionaba así el rancio nacionalismo que emanaba la política cultural oficial hace más de 35 años en una conferencia con motivo de una exposición de arte mexicano presentada en el MET de Nueva York en 1990.
Aquella reflexión, imposible de ignorar hoy por su vigencia, forma parte de su libro Oficio mexicano. Cultura, poder y mitos de la identidad nacional, publicado originalmente en 1993 como una segunda parte de La jaula de la melancolía (1987) y que este 2026 vuelve a editar bajo el sello de Siglo XXI Editores con la idea de abrir la discusión en torno al resurgimiento del nacionalismo mexicano y la identidad nacional desde 2018, con la llegada del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y Morena al poder. "Esos rituales del oficio mexicano se siguen ejerciendo todavía hoy y tienen un carácter tan más ridículo", expresa en entrevista virtual con Confabulario el sociólogo y antropólogo al señalar como ejemplo los rituales indígenas de purificación y entrega de bastón de mando durante las tomas de posesión del expresidente López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum.
En esta conversación, el investigador emérito de la UNAM manifiesta su preocupación por el empobrecimiento del debate público y el asedio a la libertad de expresión, además de señalar el fracaso de la izquierda en México.
En su ensayo "Oficio mexicano" señala que detrás de los 30 siglos de esplendor mexicano que tanto se exalta se cubre la miseria de esos 30 siglos. Desde 2018 se ha exaltado la grandeza del México antiguo, ¿realmente ha cambiado algo para los pueblos indígenas, para los pobres, que tanto se mencionan desde el discurso oficial?
En los últimos 40 años hay un gran cambio: el porcentaje de la población indígena ha descendido, junto con un proceso de descampesinización, los campesinos son una clase en extinción. Al mismo tiempo de que la población indígena ha ido quedando marginada o ha sido absorbida por la cultura hegemónica, un sector de los políticos, sobre todo los lopezobradoristas, han exaltado tanto el asunto al grado que contrasta esa idea de la grandeza del México prehispánico, que se supone que es el origen y la base de la grandeza actual, cuando vemos que los descendientes de esos pueblos están cada vez más marginados, salvo en la retórica. Y hay cierta espectacularidad porque ejercen algunos usos y costumbres, pero realmente nada importante. Seguimos en un país donde las más importantes lenguas indígenas, el náhuatl, el maya y sus variantes, están retrocediendo. Eso se puede comprobar en las universidades, hay muy pocos cursos. Eso sí, hay mucha demagogia.
Y un uso político de esas costumbres también, ¿no? Pienso en la entrega del bastón de mando...
Sí, por cierto que el bastón de mando no es de origen indígena, lo trajeron los conquistadores, es de origen español, pero aquí se han inventado que es indígena.
Decía que las ideas nacionalistas de la grandeza del pasado parecían ya un debate saldado, pero la conquista sigue dividiendo opiniones, el oficialismo que lo usa a su modo y ciertos movimientos que buscan reivindicarla, ¿cómo interpreta esas batallas culturales?
Son batallas culturales y políticas muy sintomáticas. La historia de la conquista española siempre ha generado en los nacionalistas mucho escozor e inquietud porque es, evidentemente, el principio de una gran catástrofe que produjo la muerte de millones de indígenas, sobre todo, debido a las enfermedades que trajeron los españoles. Es también una catástrofe porque las grandes culturas, sobre todo la nahua, quedaron destruidas. Y hubo una dominación de la cultura europea, española, evidente e innegable, pero ahora quieren cerrar los ojos, no darse cuenta de eso.
En broma se ha dicho que la conquista en México la hicieron los indígenas y la independencia los españoles, es decir, los criollos, Iturbide. Es exagerado, pero revela parte de la verdad porque, efectivamente, Cortés, apoyado en una extraordinaria mujer indígena, la Malinche, logró reunir el apoyo de tlaxcaltecas y de otros grupos que habían sido aplastados por los aztecas y entonces tuvo un cierto carácter de guerra civil. Eso le da un carácter muy dramático. Ahora, todas esas son sutilezas, el hecho fundamental es que se trata de una gran destrucción. Eso quiere ser borrado para colocar al México prehispánico como el origen de la nación mexicana de hoy. Es un absurdo total. Es negar que México forma parte de la cultura occidental. Se ha hablado de que es el extremo occidente. Creo que todo se va en en tonterías como quitar la estatua de Colón. Eso es negar la historia, un hecho tan trascendental que es el inicio del colonialismo porque Colón le dio nombre a ese fenómeno extraordinario y terrible. Se quita la estatua y ya se acabó, ya no hay problema. Es absolutamente ridículo este nacionalismo recién salido y tengo mis dudas que esté basado realmente en una recuperación de la identidad nacional mexicana como un todo unitario.
En su ensayo "Entre el desencanto y la utopía" se refiere a batallas culturales de finales de los 80 -pugna entre nacionalistas y universalistas-, hoy estamos también en una especie de guerra cultural en la que las ideas suelen pasar por el filtro de lo políticamente correcto o revisionismos históricos cuando se trata de temas como colonialismo, ¿qué opina de esas batallas culturales de hoy?
Yo lo que veo es un resurgimiento de las discusiones, como el de la conquista o que si la colonia era colonia o un virreinato, etc. Eso siempre ha estado, pero creo que hoy hay una agudización y un empobrecimiento terrible de la discusión. Nada más hay que comparar esta obra del expresidente López Obrador que tituló Grandeza, que es una historia ampliada de la conquista y de todo esto, que es de una pobreza infinita, de un nivel bajísimo, lleno de errores, de una demagogia absurda. Negar los sacrificios prehispánicos, establecer que el humanismo mexicano tiene sus orígenes en esa grandeza de los tiempos prehispánicos cuando no hay la menor continuidad. Como dije, lo que hay es destrucción y eso es lo que hay que señalar y analizar. No llega propiamente a discusión porque los argumentos que esgrime la parte nacionalista gubernamental son de una extraordinaria pobreza. No prende la discusión y los historiadores no se meten a eso porque quién va a discutir con las estupideces que dice López Obrador en su libro. Es perder el tiempo. Aparece en los periódicos; hay cierto espectáculo, pero la discusión se ha empobrecido totalmente.
Y quien cuestiona estos discursos es descalificado desde diferentes frentes, en las Mañaneras o por los intelectuales afines a la 4T, ¿qué opina del asedio a la libertad de expresión y de pensamiento?
La ley meme. Esa es otra de esas cosas confusas que todo indica que podría usarse para censurar. Si se va a usar o no para ello es difícil porque la ley aclara que tiene otro objetivo, pero es algo peligroso, es algo en lo que no se debieron meter. Es potencialmente dañino, pero no tanto como la reforma judicial. Eso sí ha provocado un desastre en el país, un retroceso en la democracia.
Esa ley meme va a quedar posiblemente inerte porque cada vez que la intenten aplicar, va a haber una escandalera, les va a costar trabajo, pero están desviando la atención a eso cuando hay problemas más grandes, como que la delincuencia ha penetrado en las esferas gubernamentales como ha mostrado el caso de Sinaloa y los 10 acusados por la justicia de Estados Unidos, el gobernador y 9 más... Ahí hay un eje de corrupción fundamental. El otro es el huachicol.
Sin embargo, hay un asedio constante contra los críticos, pienso en el expresidente López Obrador que recientemente llamó neofascista a Carmen Aristegui, por ejemplo...
Constante. Nos estamos, desgraciadamente, acostumbrando al insulto. Que hemos cambiado de idea, que nos hemos vuelto traidores, que los críticos nos hemos vendido a la derecha y sobre eso hay que señalar algo importante: hoy en día se está tratando de presentar al gobierno de México como el gran referente de izquierda en América Latina junto con Lula, ahora que peligra su continuidad en Brasil. Es una gran mentira. El gobierno de México es de derecha, conservador, y tiene esas peculiaridades que continúan de la época del PRI y que son propias del nacionalismo, que aparenta una especie de izquierdismo y oculta una condición fundamentalmente reaccionaria y de derecha, que es lo que caracteriza al populismo de López Obrador y de Claudia Sheinbaum. Ahí hay otra gran confusión, muy difícil de discutir. Estoy escribiendo sobre eso, próximamente voy a publicar un ensayo sobre la situación de la izquierda en México.
En su libro incluye artículos sobre la izquierda a finales de los 80, que son vigente en el contexto actual, ¿cómo explica las derrotas de los gobiernos que se dicen de izquierda en América Latina?
Eso hay que entenderlo en cada contexto. No hay una explicación general, aunque sí pareciera que hay una oleada hacia la derecha y hacia la extrema derecha, como aparece en Argentina, en Chile, en Colombia, pero hay que analizar cada caso. Es muy diferente el fracaso de la izquierda en Chile, que cometió muchos errores y abrió el paso a la derecha que tradicionalmente ha sido muy fuerte al caso de Petro, que se alocó completamente, un gobernante errático, lleno de ocurrencias, que no logró materializar ningún proyecto de izquierda, cuando él era un hombre de izquierda, que venía de la guerrilla incluso.
El caso de Brasil es complejo porque ha crecido lenta, pero de manera paulatina, una derecha basada en las iglesias evangélicas. Una extrema derecha, el bolsonarismo, que es asombrosamente peligroso como ya lo demostró Bolsonaro cuando fue presidente y después intentando un golpe estado. Lo asombroso y peligroso es que su hijo, que continúa las mismas ideas, es muy posible que llegue a la presidencia.
En Europa ha pasado algo similar. La derecha y, sobre todo, la extrema derecha, que es la más peligrosa, tiene vaivénes y hay momentos en que da un salto. Es lo que ha pasado en Estados Unidos. La extrema derecha con Trump dio un salto y llegó a la presidencia. Cometió tantos errores que perdió, pero hay un ímpetu importante de la extrema derecha que facilitó, junto con los errores de Biden, el regreso de Trump.
Yo no diría que hay una tendencia mundial, incluyendo América Latina, hacia la derecha. Hay que ver cada caso y son confusos. Si vemos el panorama de América Latina, hoy sale un artículo en El País al respecto, México aparece como la isla de izquierda cuando, en realidad, si vemos el asunto, es otro gobierno de derecha con esa peculiaridad nacionalista mexicana que intenta darle ciertos visos izquierdistas.
¿Cómo sería una izquierda hoy en el caso mexicano?
Como voy a poner en el artículo próximo, creo que la izquierda mexicana está en serio proceso de extinción, gracias a que el obradorismo, desde el poder, la liquidó. Ha sido un proceso dramático de desfondar el partido que alojaba parte de la izquierda, que era el PRD, eliminarlo y transformarlo en Morena, convertirlo en un partido de derecha conservador, atrasado, reaccionario.
Al ocurrir esto y jalar todas esas fuerzas que giraban en torno del PRD, la izquierda ha sido herida porque hoy en la oposición lo que tenemos es básicamente la derecha, el PAN, donde hay diferentes matices, desde una derecha liberal hasta una más dura. El PRI, que es una derecha nacionalista caduca, cuyo nacionalismo se ha trasladado a Morena; y tenemos a Morena y al gobierno, que son la principal fuerza de derecha. ¿La izquierda dónde está? Dispersa por todos lados, unos cuantos periodistas por aquí, unos periódicos por allá, unos intelectuales aquí, algunos grupos políticos, etc., pero está en serio proceso de extinción.
¿Cómo lee el papel de Estados Unidos en todo este rompecabezas que se está armando de América Latina?
Estados Unidos, es decir, el gobierno de Trump está amenazando con una intervención distinta a la que ocurría tradicionalmente, que era una intervención para apoyar dictaduras y golpes de estado. Trump funciona de otra manera, interviene directamente en procesos electorales, como lo ha hecho en Brasil ahora, en Colombia, en Chile, y con una manera brutal, que es meterse a un país para secuestrar al presidente y llevarlo a la justicia norteamericana como pasó con Maduro, sin abrir en ninguno de esos casos alternativas democráticas. El caso de Venezuela es emblemático: hubo un golpe, secuestran a Maduro y simplemente compran a una dictadora sustituta que continúa lo mismo, con la diferencia que ahora el petróleo lo manejan los gringos. Es la corrupción de la política internacional. Eso es lo que está haciendo Trump.
La cosa es extremadamente confusa. ¿Por qué? Porque Trump es un político confuso, ni los suyos saben a qué atenerse con él. Es la confusión encarnada en un político mediocre, pero agresivo. Además, muy reaccionario, claramente de derecha. Esa es la situación que vive América Latina y hay este viraje de países importantes hacia la derecha y la extrema derecha.
¿En este contexto qué futuro ve para Cuba, pensando en que ha sido el último lugar donde, al menos en la retórica, se habla de comunismo?
Sí, y en Corea del Norte. Cuba es una verdadera desgracia. Es el ejemplo del gran fracaso del socialismo marxista leninista. Ya se había derrumbado con la caída del Muro de Berlín, el gran fracaso de Europa Oriental, de la RDA, y después la caída del socialismo en la Unión Soviética, que ocurre paralelamente a un proceso muy diferente en China, que es la transformación del socialismo maoísta en capitalismo expansivo. Cuba ha sufrido una dictadura de signo izquierdista durante decenios y desde que cayó el mundo bipolar, desde que desapareció la Unión Soviética, quedó completamente varado y, por diferentes circunstancias, ha sobrevivido en una extrema miseria, precariedad, corrupción, decadencia, represión, falta total de democracia.
¿Tiene futuro esto que hay? No, no tiene futuro, pero a veces estas condiciones desgraciadas se arrastran mucho tiempo, que es el caso cubano. En realidad, uno hubiese querido que hubiera una transformación, una transición democrática en Cuba. No la hubo y se arrastró esa especie de socialismo autoritario, represivo.
Desde México se sigue viendo, al menos desde el oficialismo, se sigue considerando como un país de izquierda. Se han negado a tomar una posición clara respecto a lo que está pasando en Cuba.
En eso sigue la tradición priista. Morena, en buena medida, es la continuación del primismo. La más o menos buena relación con Cuba es utilizada para contrarrestar las influencias del gobierno de Estados Unidos en las negociaciones. Estados Unidos sabe perfectamente que México no va en la línea cubana, que es mera retórica, manipuladora, lo mismo con Nicaragua. Negarse a denunciar las dictaduras nicaragüenses y la dictadura cubana, aparentemente es una pequeña carta de negociación que permite ostentar cierta apariencia de independencia respecto a Estados Unidos, cuando en realidad el gobierno mexicano está completamente atado al de Estados Unidos y están aliados.
Contenido sindicado vía RSS de El Universal. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/la-izquierda-mexicana-esta-en-proceso-de-extincion-roger-bartra/