El escritor David Silva Rojas (Perú, 1981) ganó el Premio Internacional de Novela Breve Almadía–Ventosa Arrufat con su obra Donde el agua trabaja (Almadía, 2026), cuyos méritos estriban en la brevedad, el minimalismo, la contención emocional, los silencios y la sutileza del lenguaje, cualidades que también se han asociado con la narrativa japonesa.
Donde el agua trabaja es una novela corta de orientación realista, cuyo tema es la explotación laboral de las mujeres en la región de Ica, en la costa peruana. El texto exhibe una carga de introspección psicológica que desvela, a través del contexto narrativo y las atmósferas representadas, un mundo donde imperan el desarraigo y el deterioro físico y emocional, unidos a la incertidumbre ante un futuro promisorio para un conjunto de seres humanos absortos en las rutinas de las faenas agrícolas.
En este contexto, Donde el agua trabaja desarrolla la historia de una joven campesina que es enrolada por una empresa agroexportadora de uvas, con la promesa de una buena paga y otras prestaciones que, en su imaginario, le permitirían mitigar la pobreza de su madre y sus hermanos pequeños. Sin embargo, la realidad pronto se traduce en jornadas agotadoras, salarios miserables, enfermedades y una serie de misterios que generan un ambiente de miedo e incertidumbre.
La novela tiene una estructura lineal, cuya trama avanza mediante una serie de secuencias como el reclutamiento, el trabajo cotidiano en el viñedo, la relación de solidaridad con una de las compañeras de penuria, la aparición del "ruido" como elemento disruptor que acompaña la desaparición de las mujeres y el deterioro de la salud física de la protagonista.
A lo anterior se suma la voz de una narradora que cuenta su propia historia y la de sus compañeras desde una perspectiva limitada, pues los hechos que viven y padecen le llegan por sensaciones, contigüidad, suposiciones, rumores o percepciones aisladas que suelen diluirse en el silencio y, a veces, en los murmullos del viento, el agua y las personas que suelen deambular como autómatas por el fundo (viñedo) a la vera de la pampa.
Uno de los recursos narrativos recurrentes es el de la repetición. De esta manera, cortar los racimos de uvas, comer, lavar, descansar y regresar a la faena en las hileras de surcos constituyen una reiteración permanente, a lo cual se agrega la relación de los personajes con los elementos naturales, como el agua, el aire, el calor y el polvo, que tienden a impregnar sus cuerpos. El agua misma, en su constante fluir, se relaciona simbólicamente con las vidas de estas mujeres en mitad del páramo.
Uno de los temas centrales del relato es la despersonalización. En el texto, los personajes carecen de nombre. Son las trabajadoras, más los dueños, el capataz, el ingeniero, el enfermero. La mayoría evita el contacto visual o la cercanía física. En las relaciones interpersonales se aprecia una fragmentación del cuerpo, lo cual se percibe por el uso marcado de la sinécdoque: "El cuerpo se pone de pie antes que la cabeza alcance a negarse. Los pies buscan las sandalias. El polvo entra entre los dedos apenas cruzo la puerta. Está tibio todavía, guardando el calor del día. Se pega a la piel como una segunda capa".
Desde luego, Donde el agua trabaja nos recuerda el mito de Sísifo, castigado por los dioses a realizar tareas rutinarias y sin esperanza porque, según suponían, esto quebraría el espíritu de la rebeldía y mataría la esperanza. Quizá en el tiempo presente los rituales extenuantes se asemejan a aquel suplicio ancestral.
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