París.— El gobierno de Emmanuel Macron acusó directamente a la ultraizquierda por la violencia que se desató en las protestas recientes y denunció lo que llamó una “estrategia de insurrección”.
En la sesión de control al gobierno en la Asamblea Nacional, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, denunció “la planificación” y una “estrategia de insurrección conducida por grupúsculos de extrema izquierda y de ultraizquierda” en los actos vandálicos.
El jefe del Ejecutivo puso como ejemplo el arresto de uno de los presuntos autores del incendio al Ayuntamiento de Limoges como prueba de la organización de esos actos y de la presencia de grupos de ultraizquierda, puesto que estaba fichado por ese motivo.
Los servicios de inteligencia entienden por “ultraizquierda” a grupos antifascistas, anarquistas o anarcoautónomos, a quienes se habrían sumado el sábado miembros de la “extrema izquierda radical”, representada por partidos de corte revolucionario.
Junto a estos, “delincuentes oportunistas”, muchos jóvenes y de los suburbios de París, se habrían aprovechado de la situación para saquear tiendas, según las autoridades. Aunque los servicios de inteligencia no imputan incidentes al partido de izquierda radical La Francia Insumisa (LFI), el gobierno ve una responsabilidad política en él y en su líder, Jean-Luc Mélenchon, por supuestamente alentar la violencia.
Según un sondeo de Ifop publicado ayer, Mélenchon es quien aparece con más posibilidades de disputar la segunda vuelta de la presidencial contra la favorita, la ultraderechista Marine Le Pen, que se impondría en ese duelo final.
“El aumento de las acusaciones dirigidas contra nosotros (...) me hace temer provocaciones que suelen practicarse en este tipo de periodos de crisis por parte de gobiernos acorralados”, respondió Mélenchon en la red social X.
El gobierno se encuentra bajo presión, como mostró una tensa sesión de control al gobierno en el Parlamento. La extrema derecha y la derecha lo acusaron de no haber anticipado los disturbios y la izquierda lamentó que no respondiera a los reclamos de los cientos de miles de manifestantes que denunciaron el sábado pacíficamente el “alto costo de la vida”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elogió a Marine Le Pen como la “voz conservadora” de Francia tras los disturbios generalizados, pero se abstuvo de darle su respaldo explícito.
Las imágenes de enfrentamientos, de edificios públicos incendiados y de saqueos de tiendas dieron la vuelta al mundo, por lo que varios países, entre ellos EU, China y Alemania, llamaron a sus ciudadanos a extremar la vigilancia. Por segunda noche consecutiva, las autoridades decretaron el martes toque de queda en barrios de París y de otras ciudades para evitar nuevos saqueos.
Mientras que en Lyon se circunscribió a la parte del considerado híper centro, el toque de queda de París abarcó zonas más amplias de la ciudad, de la que, no obstante, quedó excluida el extremo oeste donde se sitúa el Parque de los Príncipes, donde se jugó el PSG-Barcelona de la Liga de Campeones. Las principales áreas afectadas en la capital son similares a las de la noche precedente, la plaza de la República y el área del centro comercial de Les Halles, que fueron epicentros de violencia el pasado fin de semana, pero en esta ocasión no se incluyeron restricciones a zonas cercanas a centros de poder, como el Elíseo o la Asamblea Nacional. La prefectura de policía de París prohibió además el transporte de carburante y de gas inflamable en recipientes individuales hasta mañana. En Marsella, Niza y Burdeos, por su parte, se trata de toques de queda en ciertos barrios para los menores de edad no acompañados.
El movimiento de los chalecos amarillos, que sacudió el primer mandato de Macron en 2018 y 2019, y los estudiantes de liceo, que reclamaron mejores condiciones de estudio desde septiembre, llamaron a manifestarse de nuevo el próximo sábado. Lecornu anunció un dispositivo policial “masivo”.
De las más de 2 mil 500 personas detenidas, 149 se encuentran en prisión, ya sea a la espera de juicio o condenadas, según un nuevo balance del ministro de Justicia, Gérald Darmanin. Los detenidos desfilaron frente a los tribunales de Francia, entre ellos Victor, un estudiante de un ciclo superior de imagen y sonido de 21 años, juzgado por arrojar proyectiles contra policías en París. Con un ojo morado, negó las acusaciones.
En Italia, que como Bélgica vivió violentas protestas por el alza de precios, el gobierno de Giorgia Meloni prevé desplegar otros 500 soldados en Milán hasta finales de año, obligar a padres a pagar por los daños causados por menores de edad y facilitar el procesamiento de chicos de más de 14 años.
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