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Esta vez es la voz propia del alumno, que se sincera: «no me gusta estudiar, simplemente no veo que sirva de algo…».

En diálogos con colegas, amigos y compañeros de generación, siempre vimos el estudio como nuestra única posibilidad.

Si bien había alguien cuyo origen y posición económica garantizaban que el estudio solo se situara como un requisito familiar, o con algún talento deportivo extraordinario que abriera puertas, para la gran mayoría de nosotros estaba relacionado directamente con la posibilidad de escalar una posición social, cultural y económica.

Incluso, con algo llamado respeto, una obligación para agradecer el esfuerzo de los padres.

No podemos afirmar que sea solo un síntoma generacional inevitable.

Año con año, muchos alumnos dedican esfuerzos genuinos a prepararse para los complejos exámenes de admisión.

Incluso, las recientes polémicas sobre el uso de inteligencia artificial en estos procesos de selección bien podrían leerse como una señal de que están dispuestos a todo para conseguir un lugar disponible.

Escuchando a este joven surgen varias preguntas: ¿por qué el amor al saber no se ha heredado? ¿por qué las políticas públicas que incluyen apoyos económicos universales no son suficientes para retener o incrementar la matrícula educativa? ¿qué tanto daño hizo la pandemia y qué tanto la oferta criminal en ciertas zonas de Latinoamérica ha mermado el entusiasmo? ¿por qué los resultados en las pruebas internacionales van a la baja? y, también, ¿qué pasó con el amor a la enseñanza?

Los especialistas hablan de un creciente divorcio entre los intereses generacionales, las oportunidades académicas, los desarrollos curriculares y el mercado laboral.

Mientras tanto, la amenaza de que «todo lo hará la inteligencia artificial» hace que muchos vean en la creación de contenidos, los videojuegos o el streaming los trabajos soñados y los únicos que ofrecen futuro, algunos de los cuales no requieren preparación académica formal.

La falta de interés o gusto por el estudio aparece entre las razones del abandono escolar en México, junto con factores económicos y familiares.

La apatía retrata algo más profundo: una generación que cuestiona a la escuela como motor de movilidad social.

La falta de motivación se agudizó con la pandemia.

En el ciclo escolar 2020-2021, 5.2 millones de personas de entre 3 y 29 años no se inscribieron; entre quienes no continuaron sus estudios por motivos relacionados con la pandemia o la falta de recursos, un alarmante 26.6 % señaló que las clases a distancia eran poco funcionales para su aprendizaje.

Ante el confinamiento, no solo no logramos despertar el entusiasmo con los modelos a distancia: también apagamos parte del que existía por el modelo tradicional.

Al quedar fuera de las aulas, los menores perdieron una de sus principales trincheras de protección y contención social.

Hoy se estima que entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes estuvieron en riesgo de ser reclutados o utilizados por grupos delictivos en México.

Si bien la deserción escolar no explica por sí sola el fenómeno, sí constituye uno de los factores que pueden aumentar la vulnerabilidad de niñas, niños y adolescentes.

Mientras tanto, padres y maestros no siempre encuentran cómo inyectar ese entusiasmo: los libros permanecen cerrados y las aulas no han recuperado su capacidad para despertar curiosidad.

Quizá es momento de repensar la enseñanza.

Incorporar los intereses de los alumnos.

A su vez, hay que permitir trayectorias y matrículas más flexibles, aumentar el rigor académico y vincular lo que se aprende con el mundo que los jóvenes encontrarán fuera de los colegios.

Por supuesto, fomentar la competencia, pero, sobre todo, reivindicar la enseñanza como un espacio de conocimiento, descubrimiento y respeto social.

El problema no es solamente que los jóvenes ya no quieran estudiar, sino que hemos dejado de explicarles que aún vale la pena hacerlo.

La respuesta a este joven es decirle que el amor al saber es un amor verdadero, recíproco, incondicional y permanente.

Ojalá llegue a conocerlo.


Contenido sindicado vía RSS de El Universal Opinión. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/articulista-invitado/escuela-para-que-el-fin-del-amor-al-estudio/

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Escrito por
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