La sucesión de Donald Trump ya se empieza a definir en una batalla interna del Partido Republicano entre J. D. Vance y Marco Rubio.
Vance proyecta autoridad disruptiva; Rubio, solvencia institucional.
Control y convicción: las claves de J. D. Vance
Con una candidatura sólida para 2028, la ventaja inicial es de Vance, pues su imagen simboliza una figura institucional estable.
Además, es el heredero directo del movimiento MAGA y ha demostrado capacidad de movilización mediante un discurso nacionalista y antiinmigración.
Con un rostro tranquilo y sereno, pero con una voz potente y elevada, adquiere relevancia su frase: «amigo, si tanto amas México, mueve tu trasero para allá», que pronunció el 11 de septiembre, durante una convención republicana en el American Airlines Center de Dallas, Texas.
En ese encuentro y de manera general, el político tiende a mostrar posturas fijas, con hombros abiertos y sutiles movimientos que denotan control antes que euforia emocional.
Durante sus discursos, suele mantener un rostro serio y calmado, lo cual podría fortalecer la percepción de firmeza.
Además, tiende a usar pausas deliberadas y a hablar con un ritmo que transmite convicción y seguridad.
No busca agradar, sino imponer sus ideas por medio de su comunicación verbal y no verbal.
Cuando critica, endurece la mirada y reduce el movimiento; cuando defiende una propuesta, emplea gestos breves y dirigidos hacia enfrente, que refuerzan su credibilidad.
Marco Rubio se comunica distinto. ¿Eso le ayuda o le resta?
Representa una figura más sofisticada, que ofrece continuidad trumpiana, sin lucir improvisado.
Como secretario de Estado, ha demostrado experiencia en un entorno marcado por la guerra con Irán y la rivalidad con China.
Su postura tiende a ser más flexible y dinámica.
Con más frecuencia, usa movimientos con las manos abiertas y muestra mayor diversidad de expresiones faciales.
Estas conductas lo acercan emocionalmente con sus interlocutores, pero reducen la percepción de control y dominio frente al electorado.
Hay que considerar que el electorado suele elegir líderes que exhiben fuerza antes que consenso.
En sus discursos, Rubio proyecta serenidad y profesionalismo, incluso cuando ataca.
Por ejemplo, en contraste con Vance, Rubio mantuvo mayor calma y enfoque facial cuando afirmó, el 9 de septiembre en Ecuador, que los narcotraficantes en México «son muy peligrosos y […] es necesario hacerles frente. Nuestra esperanza y nuestra intención es hacerlo en colaboración con México».
Su comunicación verbal y no verbal tiende a transmitir negociación más que confrontación.
Sin embargo, considerando la forma trumpiana de hacer política, esta moderación debe interpretarse con cautela.
¿Qué será del trumpismo cuando Trump no esté?
Vance se consolida como el sucesor más fuerte.
Si el Partido Republicano busca un estilo cercano al de Trump, Vance parte con ventaja.
Se ha convertido en el dirigente que entiende que el gobierno de Trump no se sostiene solamente en Trump, sino en la toma de decisiones que se ejercen hacia la migración, las guerras y la economía.
Vance no busca concluir la era Trump, sino su herencia.
Mientras Rubio comunica la sutileza diplomática de un secretario de Estado y se construye como un rival sólido dentro del partido, Vance proyecta seguridad y liderazgo, lo cual deja en ventaja al vicepresidente.
El reto de Rubio será utilizar a su favor los conflictos que lo rodean para demostrar que el trumpismo podrá sobrevivir.
Rubio comunica competencia; Vance transmite poder.
A simple vista, esto representa una ventaja para Vance.
Sin embargo, Rubio posee una mayor oportunidad, pues –si Trump deja un país ampliamente tensionado– se necesitará más competencia que poder.
En ese sentido, la imagen de Rubio será necesaria en el partido.
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