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Antes del Model S, el Model 3 o la Cybertruck, Tesla apostó su futuro a un deportivo que debía romper con la imagen del eléctrico lento y poco atractivo. El Tesla Roadster se convirtió en el primer escaparate de una compañía que todavía tenía que demostrar que su tecnología podía funcionar fuera de un prototipo. Casi dos décadas después, aquel nombre vuelve con una propuesta muy distinta. Entre ambos extremos quedaron una producción de apenas miles de unidades, un ejemplar enviado al espacio y una segunda generación que acumuló años de retrasos antes de transformarse en el proyecto más radical de la marca .

El Roadster fue la primera apuesta para demostrar que Tesla podía funcionar De automóvil usado a pieza de colección

Tesla Motors nació en 2003, cuando Martin Eberhard y Marc Tarpenning decidieron que un automóvil eléctrico no tenía que limitarse a ser eficiente. Su estrategia consistía en comenzar con un producto caro, exclusivo y deseable que demostrara el potencial de la tecnología antes de intentar competir por volumen. Un año después llegó Elon Musk. Encabezó una ronda de inversión que alcanzó 60 millones de dólares, aportó más de 30 millones y asumió la presidencia del consejo de administración. La compañía planeaba utilizar aquel deportivo de bajo volumen como punto de partida y trasladar después la tecnología hacia vehículos para un público mucho más amplio. Para marzo de 2008, el Roadster comenzó a venderse y convirtió esa estrategia en un producto real. Su batería reunía 6,831 celdas de iones de litio formato 18650, del mismo tipo que entonces se utilizaba ampliamente en computadoras portátiles. No eran baterías recicladas de laptops: Tesla tomó ese formato comercial y agrupó miles de celdas para formar el paquete capaz de mover el automóvil. Con esa configuración, la versión inicial podía acelerar de 0 a 60 mph —unos 97 km/h— en aproximadamente 3.9 segundos, alcanzar alrededor de 200 km/h y recorrer 244 millas, cerca de 392 kilómetros, según la medición de la EPA. Esas cifras ayudaron a desmontar la idea de que un eléctrico necesariamente tenía que ser lento o limitado. De 2008 a 2012 se fabricaron alrededor de 2,450 unidades para más de 30 países. La producción terminó pronto, pero su bajo volumen tendría otra consecuencia años después: aquel automóvil creado para demostrar que Tesla podía construir un eléctrico rápido comenzó a convertirse en una pieza de colección. Tras finalizar su producción en 2012, Tesla concentró cada vez más recursos en modelos capaces de venderse a mayor escala. El Roadster, mientras tanto, comenzó a seguir un camino distinto al de muchos vehículos tecnológicos que pierden valor conforme envejecen.

La vez que terminó orbitando alrededor del Sol

Para 2015, el Petersen Automotive Museum ya había incorporado un ejemplar de 2008 a su colección permanente. Casas como RM Sotheby's también comenzaron a incluirlo en subastas de deportivos clásicos por su lugar dentro de la historia moderna del automóvil eléctrico. Su cotización terminó reflejando ese cambio de estatus. Nuevo costaba alrededor de 99,000 dólares, mientras que en 2022 una unidad alcanzó un récord documentado de 220,420 dólares. SpaceX estrenó su cohete Falcon Heavy el 6 de febrero de 2018 y necesitaba una carga para aquella misión de demostración. Musk decidió utilizar su Tesla Roadster color cereza oscuro. Starman, un maniquí vestido con traje espacial, ocupó el asiento del conductor. Después de permanecer unas horas alrededor de la Tierra, el vehículo fue impulsado hacia una órbita alrededor del Sol que cruza las regiones orbitales de nuestro planeta y Marte. Impulsado por la segunda etapa del cohete, alcanzó aproximadamente 11 kilómetros por segundo, unos 39,600 km/h. Desde entonces permanece en una trayectoria heliocéntrica y se convirtió en el primer automóvil de producción enviado fuera de la Tierra. Musk calculó que podría continuar en esa órbita durante cientos de millones de años, aunque su apariencia difícilmente sobreviviría intacta. William Carroll, especialista en química molecular de la Universidad de Indiana, advirtió que la radiación solar y los rayos cósmicos degradarían materiales como telas, piel y plásticos mucho antes que la estructura metálica. Mientras aquel Roadster seguía recorriendo el espacio, Tesla intentaba recuperar el nombre para una segunda generación que tardaría mucho más de lo previsto en llegar.

Roadster pasó de una promesa para 2020 a esperar hasta 2028 Así funciona el primer Tesla diseñado para despegar del suelo

Tesla presentó en 2017 el prototipo de un nuevo Roadster y prometió comenzar las entregas en 2020. La propuesta volvía a buscar cifras difíciles de igualar: cerca de 1,000 kilómetros de autonomía y prestaciones capaces de colocarlo entre los automóviles más rápidos del mundo. Después comenzaron los aplazamientos. Tesla concentró recursos en el Model 3, Model Y, Cybertruck y, posteriormente, en inteligencia artificial, robotaxis y robots humanoides. Musk llegó a describir al Roadster en 2023 como una “small potato situation”: un producto demasiado pequeño para modificar significativamente las finanzas de la compañía. Octubre de 2026 marcó el regreso del proyecto, cuando Tesla mostró en Texas el diseño que pretende llevar finalmente a producción en 2028. También cambió una de sus promesas más llamativas. La autonomía anunciada quedó ahora en más de 480 kilómetros, menos de la mitad de los cerca de 1,000 kilómetros planteados con el prototipo de 2017. Pero Tesla había desplazado la ambición del proyecto hacia otro terreno. Ya no buscaba solamente construir un deportivo eléctrico extremadamente rápido. Tesla y SpaceX trabajaron juntas en una nueva configuración del Roadster que incorpora sistemas ajenos a un automóvil convencional. Una de las versiones utiliza propulsores de gas frío, capaces de expulsar gas comprimido a gran presión para elevar el vehículo y controlar su orientación durante una maniobra. Durante la presentación, el Roadster saltó por encima de un camión y varios automóviles, giró en el aire y volvió a aterrizar. Otro sistema genera una fuerte succión contra la superficie para aumentar la adherencia. Tesla llegó a mostrar al vehículo desplazándose de manera invertida sobre estructuras preparadas específicamente para la demostración.

Según Lars Moravy, director de ingeniería de vehículos, el nuevo Roadster puede acelerar de 0 a 97 km/h en menos de un segundo y superar los 370 km/h. Para reservarlo, Tesla plantea tres niveles. Roadster Performance exige un depósito de 50,000 dólares; Roadster Thrust, equipado con propulsores de SpaceX, eleva la cantidad a 250,000 dólares; mientras que Roadster Rocket prescinde del asiento del acompañante y añade el denominado sistema completo de vuelo, disponible únicamente por invitación. Sin embargo, esas capacidades no podrán utilizarse libremente en una avenida. Tesla advierte que el paquete con propulsores no está aprobado para circular en vías públicas, por lo que las maniobras quedan restringidas a entornos controlados. Hablar de un “auto volador” tampoco significa que Tesla haya construido un vehículo homologado para desplazarse por el cielo como un avión. Se trata del primer modelo de la compañía capaz de despegar del suelo, ejecutar saltos y realizar maniobras aéreas controladas mediante tecnología desarrollada junto con SpaceX. Con ello, el Roadster recupera la función que tuvo desde el nacimiento de Tesla: servir como escaparate de lo que la compañía quiere demostrar técnicamente, aunque nunca sea el vehículo que más unidades venda.

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