En Estados Unidos está ocurriendo algo que parecía imposible pues los demócratas y republicanos están encontrando una causa común. No se trata de defender la democracia, combatir la inflación o ponerse de acuerdo sobre las ocurrencias de Donald Trump. Ahora el enemigo que está logrando el milagro político es nada menos que la infraestructura tecnológica.
Los centros de datos, esos enormes edificios donde habitan nuestras “tIAs” que responden nuestras preguntas, generan imágenes y nos ayudan de consejero sentimental, son ahora el enemigo en común de muchos estadounidenses.
Este martes 3 de noviembre, los gringos acudirán a las urnas para renovar la Cámara de Representantes y parte del Senado. Muchos anticipan que Trump recibirá una buena dosis de realidad electoral, pero cuidado, no todo está dicho porque la política estadounidense tiene más giros inesperados que House of Cards.
Los datacenters se están convirtiendo en un dolor de cabeza electoral pues si bien todo mundo quiere inteligencia artificial, casi nadie quiere tener una fábrica de IA junto a su casa. Queremos ChatGPT, pero no queremos pagar la luz que consume ChatGPT. Curioso.
Una encuesta atribuida a NBC News señala que 69% de los estadounidenses rechaza la instalación de centros de datos de inteligencia artificial cerca de sus comunidades. Lo interesante es que la oposición alcanza 81% entre demócratas y 57% entre republicanos. Es decir, la infraestructura digital está consiguiendo lo que ni los discursos patrióticos logran: unir a los dos bandos.
Tampoco es que los ciudadanos se hayan convertido repentinamente en enemigos de la tecnología. El problema está en el recibo de la luz, el suministro de agua y los impuestos.
Los centros de datos dedicados a inteligencia artificial necesitan cantidades considerables de electricidad para alimentar sus servidores y mantenerlos refrigerados. Algunas instalaciones también requieren volúmenes importantes de agua, dependiendo de sus sistemas de enfriamiento.
Cuando los vecinos descubren que una empresa tecnológica podría consumir recursos equivalentes a los de miles de hogares, la conversación cambia. Ya no importa tanto si la inteligencia artificial revolucionará la humanidad. Importa quién pagará esa revolución.
En distintos estados estadounidenses han surgido propuestas para establecer moratorias, revisar incentivos fiscales y exigir que las tecnológicas paguen las ampliaciones eléctricas necesarias para sus instalaciones.
Los políticos que antes presumían haber conseguido inversiones millonarias ahora deben explicar por qué entregaron incentivos fiscales a corporaciones que tienen más dinero que algunos países. ¡Ups!
Pero aquí es donde la historia se pone interesante para los mexicanos. Si las comunidades estadounidenses comienzan a cerrarles las puertas a los grandes proyectos tecnológicos, las empresas tendrán que buscar alternativas. Y México aparece en el radar por su cercanía geográfica, integración comercial y corredores industriales vinculados al nearshoring.
Regiones del norte y el Bajío podrían atraer instalaciones de respaldo, procesamiento empresarial y servicios digitales relacionados con el mercado norteamericano.
No significa que mañana Microsoft, Google o Amazon empacarán sus servidores y cruzarán la frontera. Pero una mayor resistencia regulatoria y social en Estados Unidos podría modificar las decisiones de inversión. Para México, eso representaría oportunidades de negocio, construcción, conectividad, servicios especializados y empleo técnico.
Ya casi podemos imaginar a los gobernadores presumiendo inversiones multimillonarias y anunciando que sus estados serán el nuevo Silicon Valley latinoamericano. Pero tenemos un pequeño detalle. Bueno, dos: falta electricidad y agua.
La Asociación Mexicana de Data Centers ha advertido sobre las limitaciones de infraestructura energética que enfrenta el país. Y aunque existen proyectos de inversión, conectividad y expansión industrial, conseguir capacidad eléctrica suficiente sigue siendo uno de los principales obstáculos.
La Comisión Federal de Electricidad y el Centro Nacional de Control de Energía tendrían que responder a una demanda adicional porque instalar un datacenter no es como abrir una cafetería.
Sin generación suficiente, transmisión, distribución y disponibilidad de agua, la oportunidad puede convertirse en un problemón. Además ¿qué ganarán las comunidades mexicanas que reciban estas instalaciones?
Creo que sería muy poco inteligente importar proyectos que enfrentan rechazo social en EU para entregarles incentivos fiscales en el país y descubrir después que terminarán compitiendo con nosotros por nuestros recursos.
México podría ganar inversiones, pero también importar conflictos. Y entre tanta inteligencia artificial, sería bastante ridículo que nos faltara inteligencia natural para decidir qué proyectos convienen y bajo qué condiciones.
Así que todavía no sé si las elecciones estadounidenses traerán buenas o malas noticias para los datacenters mexicanos. Lo que sí sé es que sería una verdadera estupidez convertirnos en el patio trasero energético de la inteligencia artificial mientras seguimos preocupados por pagar nuestro propio recibo de luz.
Más retail media
El retail media sigue ganando terreno entre las estrategias comerciales, y OXXO parece dispuesto a aprovechar esa ola con la evolución de Retina Media a OXXO Media, bajo la dirección de Juan Restrepo. No se trata únicamente de cambiar el nombre, sino de colocar al frente una de las marcas más reconocidas del país para fortalecer una plataforma que conecta a marcas, agencias y consumidores justo en uno de los espacios donde todavía se toman muchas decisiones de compra: el punto de venta.
Las empresas ya no buscan solamente exposición publicitaria, ahora exigen mensajes pertinentes, mejores datos y herramientas que permitan medir resultados cerca del momento de consumo. Ahí está precisamente la apuesta: combinar publicidad, tecnología, conocimiento del consumidor y la presencia física que OXXO tiene en la vida cotidiana de millones de mexicanos.
Retina Media había construido una plataforma y ahora OXXO Media tendrá que demostrar que la nueva identidad representa algo más que un movimiento cosmético. La unidad deberá trasladar a su oferta la confianza, cercanía y escala asociadas con la marca, al tiempo que responde a una industria que demanda mayor precisión y medición sin perder de vista a las personas detrás de cada interacción.
*Columnista y comentarista
Contenido sindicado vía RSS de El Universal Opinión. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hugo-gonzalez/elecciones-y-datacenters-en-eu-buenas-o-malas-noticias/