En medio de la guerra con Estados Unidos, Irán se enfrenta a un aumento de los ataques de militantes separatistas en el sureste del país, lo que agrava los desafíos de seguridad en un momento de alerta ante las amenazas de Donald Trump de reanudar los ataques aéreos.
Al menos ocho miembros de las fuerzas de seguridad iraníes han muerto en las últimas tres semanas en las provincias de Sistán y Baluchistán, según medios estatales. Esta provincia, de mayoría suní, comparte una frontera porosa con Pakistán y Afganistán y alberga a la minoría étnica baluchi de Irán.
Un agente de policía y una integrante de la milicia iraní Basij fueron las últimas víctimas mortales de un ataque perpetrado por militantes armados cerca de la localidad de Mehrestan este miércoles 14 de octubre, informó la agencia de noticias semioficial Fars.
Entre otras bajas recientes figuran un alto mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), fallecido “mientras se enfrentaba a terroristas respaldados por el enemigo”, y un funcionario provincial que murió a causa de una bomba colocada en la carretera, según el diario estatal Hamshahri y la Agencia de Noticias de la República Islámica (IRNA).
Guerra entre Estados Unidos e Irán: ¿En qué van las negociaciones?
Este reciente repunte de la violencia se produce cuando la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán se acerca a su noveno mes y Washington y Teherán siguen estancados en sus esfuerzos por controlar el estratégico Estrecho de Ormuz.
El presidente Donald Trump declaró que su país “podría” actuar contra Irán antes de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre. Por su parte, el jefe del ejército iraní, Amir Hatami, afirmó la semana pasada que la guerra no ha terminado y que las fuerzas armadas mantendrían su preparación ante posibles nuevos ataques estadounidenses, según informó la agencia de noticias semioficial Tasnim.
Irán acusa a EU de ayudar a grupos separatistas para desestabilizarlos
Desde hace años, las autoridades iraníes combaten a insurgentes suníes armados en Sistán y Baluchistán —la provincia más pobre de Irán— y a menudo acusan a Estados Unidos e Israel de utilizar grupos militantes como Jaysh al-Adl para fomentar la inestabilidad. Jaysh al-Adl está clasificado como grupo terrorista tanto por Irán como por Estados Unidos.
Una delegación parlamentaria visitó la provincia la semana pasada debido a la preocupación por los enfrentamientos y el impacto de la guerra entre Estados Unidos e Israel. Legisladores y funcionarios de seguridad “inspeccionaron las obras de construcción del muro fronterizo y las operaciones de sellado que lleva a cabo el CGRI”, declaró Fadahossein Maleki, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento, en una entrevista con la agencia de noticias semioficial Tasnim.
La pobreza, los derechos laborales, la escasez de agua y la marginación estatal de la etnia baluchi alimentan frecuentes protestas contra las autoridades locales que, a menudo, terminan en muertes.
En 2021, las fuerzas de seguridad mataron al menos a 12 personas al abrir fuego contra comerciantes de combustible que habían irrumpido en un puesto fronterizo durante una protesta. En 2022, organizaciones de derechos humanos informaron que al menos 96 personas murieron a manos de las fuerzas de seguridad cuando estas dispararon contra manifestantes en Zahedan durante el movimiento ‘Mujer, Vida, Libertad’.
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