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Hace casi 40 años, las enormes antenas parabólicas comenzaron a transformar las transmisiones deportivas. Bares, restaurantes y hoteles descubrieron nuevas oportunidades comerciales al ofrecer eventos reservados principalmente a las grandes cadenas de televisión.

Así se consolidó el Pago Por Evento (Pay-Per-View o PPV), que permitió a millones de espectadores contratar transmisiones, particularmente peleas de boxeo.

El Super Bowl se convirtió en uno de los espectáculos más atractivos. Sin embargo, la verdadera revolución llegó con internet.

Empresas como Prime Video, Netflix, YouTube y ESPN, entre otras compiten con las televisoras por los derechos de las principales competencias internacionales.

Un ejemplo es la NBA, que firmó contratos de derechos televisivos y digitales por aproximadamente 76 mil millones de dólares durante 11 años, distribuyendo sus transmisiones entre Disney, NBCUniversal y Amazon Prime Video.

El boxeo continúa siendo uno de los grandes protagonistas del Pago Por Evento. Promotores como Don King, Bob Arum, Fernando Beltrán, Canelo Álvarez y Óscar de la Hoya comprendieron en su momento su enorme potencial comercial.

Un caso sobresaliente es del Canelo, situado por Forbes entre los tres deportistas mejor pagados en 2026, con ingresos estimados de 170 millones de dólares. Mediante su promotora y su participación en las negociaciones de los derechos de transmisión, Saúl demuestra cómo las grandes figuras son también en protagonistas empresariales.

Pero el negocio no se limita al boxeo. La NFL, las Grandes Ligas, Premier League y Champions League comercializan paquetes multimillonarios; Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de la FIFA representan enormes oportunidades para las empresas.

No todas estas transmisiones son propiamente Pago Por Evento. Muchas funcionan mediante suscripciones, paquetes. Sin embargo, el espectador paga cada vez más por disfrutar sus deportes favoritos.

La tecnología permite seguir competencias desde teléfonos y computadoras y smart tvs, pero también obliga a aficionados a contratar diferentes plataformas para seguir a sus equipos y deportistas.

A este negocio se suma la creciente participación de las casas de apuestas, cuya integración como difusión de transmisiones deportivas plantea preocupaciones.

La modernidad tecnológica representa un avance extraordinario para la industria deportiva, pero debe existir un equilibrio.

Porque el deporte se ha coinvertido en uno de los negocios más rentables del entretenimiento mundial, pero no debemos olvidar que su verdadera riqueza está en los aficionados. Hoy disfrutarlo se convierte en un privilegio cada vez más costoso, el deporte corre el riesgo de alejarse de los aficionados quienes lo hicieron grande


Contenido sindicado vía RSS de El Universal Opinión. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/luis-tigre-baraldi/el-deporte-se-vende-y-el-aficionado-lo-paga/

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