Hay historias dignas de un guion de Hollywood. Relatos en los que la tragedia, la pobreza y el sufrimiento parecen anunciar un desenlace imposible. Y el boxeo mexicano acaba de escribir una grandiosa.
En 2005, Ron Howard llevó al cine Cinderella Man, protagonizada magistralmente por Russell Crowe y Renée Zellweger, basada en la vida de James J. Braddock, uno de los personajes más entrañables del pugilismo.
La película nos transporta a la Gran Depresión estadounidense. Braddock, un boxeador que alguna vez disfrutó de prosperidad, terminó trabajando en los muelles, con las manos lastimadas, buscando unos dólares para alimentar a su esposa Mae y a sus tres hijos.
Había perdido peleas, dinero, prestigio y oportunidades. Su carrera parecía terminada. Sin embargo, el destino decidió concederle una última oportunidad.
El 13 de junio de 1935, ante Max Baer, campeón mundial de los pesados y amplísimo favorito, Braddock protagonizó una de las mayores sorpresas en la historia del boxeo.
Noventa y un años después, a miles de kilómetros, un muchacho de Hermosillo, Sonora, escribiría una historia digna de Hollywood.
Su nombre es Sergio “Yoreme” Mendoza.
En abril, Mendoza viajó a Japón en busca del campeonato mundial minimosca de la FIB. El tailandés Thanongsak Simsri lo noqueó en apenas dos asaltos.
Sergio perdió su invicto y su oportunidad mundialista, y consideró abandonar el boxeo.
Su hermano Jonathan lo consoló y le aseguró que algún día sería campeón del mundo.
Pero Sergio todavía no sabía que el golpe más devastador estaba por llegar.
Meses después, Jonathan fue asesinado.
No existe derrota deportiva comparable con semejante tragedia.
Frente a su tumba, Sergio le hizo una promesa:
«Yo voy a ser campeón, carnal, te lo voy a cumplir».
El boxeo se convirtió en una deuda de amor y honor.
Entonces llegó una oportunidad inesperada: enfrentar a Ricardo “El Niño” Sandoval, campeón mosca del CMB y la AMB, como sustituto de Óscar Collazo, con apenas 15 días de anticipación.
Mendoza llegó como víctima y regresó como verdugo.
El pasado 10 de octubre, en Chicago, Mendoza derribó tres veces al monarca y se coronó campeón mundial en las 112 libras.
¡Pero “Yoreme” no ganó un campeonato mundial! ¡Ganó dos!
Sus puños levantaron los cinturones del CMB y la AMB, mientras su mirada buscaba en el cielo a Jonathan.
Dos hombres y dos historias separadas por casi un siglo, pero unidas por una de las virtudes más extraordinarias de nuestra condición humana: la esperanza.
Braddock peleó para devolverle la tranquilidad a su familia. Mendoza peleó para honrar la memoria de la suya.
Uno conquistó el campeonato mundial de los pesados durante la Gran Depresión. El otro, dos cinturones mundiales después de atravesar los meses más dolorosos de su existencia.
Hollywood necesitó un director extraordinario, un actor de la talla de Russell Crowe y millones de dólares para recrear la historia de James J. Braddock.
Sergio “Yoreme” Mendoza solo necesitó sus dos puños, un corazón inmenso, a su equipo y una promesa.
En México también se escriben historias dignas de Hollywood. Y esta, con sangre, lágrimas y esperanza, la escribió Sergio “Yoreme” Mendoza de la mano de José Alfredo Caballero.
Contenido sindicado vía RSS de El Universal. Nota original: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/ernesto-amador/el-cinderella-man-a-la-mexicana/